viernes, 31 de diciembre de 2010

Alzaré mi copa

Comenzar un año, como escribir en la primera página de un diario, es un vértigo para mí. Las hojas están aún blancas de futuro y no sé con qué impresiones las iré completando. Eso mismo ocurre con los días plegados en el calendario, ahora intacto y pronto tan deshojado.
En estos días, leyendo a PRIMO LEVI, mis deseos se han convertido en algo que se da la vuelta y en lugar de propagarse hacía lo qué no se tiene, a lo qué se aspira o se añora, se han quedado en el aprecio de lo que me rodea y solo pido seguir así durante el año que se nos avecina.

De cualquier forma esta noche alzaré mi copa por cada uno de vosotros porqué os habéis convertido en una parte muy importante de mi vida.
Alzaré mi copa por un 2011 de amapolas y flores blancas.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pozos a mi alrededor.

Pozos a mi alrededor escavan tus palabras y no van despacio, les basta un solo segundo para dejarme arrinconada con esa energía asfixiante, espesa, malsana.
Y tu mirada... tu mirada aún los hace más profundos, como si fueran tus propios ojos los que escavaran, tenaces y con saña, los abismos que nos separan.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Religiosa

Aunque yo viva de forma contradictoria la Navidad me siento contagiada por la alegría con la que los niños adornan el árbol y ensayan con la flauta los villancicos de clase, por ejemplo. Hay otros aspectos que no me gustan nada, quizás algún día hable de ello.
He estado buscando algo bonito que ofreceros aquí pero la mayoría de las animaciones navideñas no se ajustan a eso, a mis contradicciones. Así que, he terminado eligiendo una melodía de Jesús Guridi cuyo colorido a mí me traspasa, me llega y me emociona siempre. Es un poeta de la música y con él os quiero desear una muy feliz y alegre Navidad

jueves, 23 de diciembre de 2010

23 de Diciembre de 1997

No sabes cuánto nos has enseñado desde el primer momento, desde que te vimos por primera vez, tan chico... y sigues cada día haciéndolo, sobre todo cuando discutimos y gritamos, aunque poco después tú siempre nos llamas para que antes de dormir te demos un beso y un abrazo. Creo que esos gestos nos mantienen unidos, a veces tan sólo por un hilo muy fino que casi se rompe pero que vuelve a fortalecerse con ese abrazo que tú, mejor que nadie, sabes que todos necesitamos.
Estamos deseando que veas los regalos. El paquete blandito ha sido idea de papá, él lo ha perseguido hasta encontrarlo y cuando ya lo teníamos dijo:" Bien!!!!"y cerró los puños con fuerza como si hubiera metido una canasta de esas fantásticas (¿Aliú le llamáis?). Y tu hermano ha guardado el secreto hasta cuando tú anoche estabas tan seguro de saberlo todo. El paquete rígido es de tu autor favorito, qué ganas tengo de que lo veas...

Hoy es un día muy especial cariño, haré tarta de queso.

Feliz, feliz, feliz cumpleaños chiqui.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Asfixia visual

La poda: desolación del cielo y de los árboles, desolación de mis ojos sin sus ramas...
Asfixia visual, como si se hubieran llevado con las hojas, todo el aire.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Certificada

Cuando mañana escribas la carta, cuando la metamos en el sobre y le pongamos los sellos, cuando vayamos a correos y te asegures de que ha entrado bien en el buzón... será como si con ella enviaras toda tu inocencia porque sé que ésta es la última carta que le escribes a los Reyes Magos.
Me has hecho tantas preguntas sobre ellos que a mi coherencia le cuesta mantenerse medianamente a flote. Tú ya sabes que los Reyes que visitan el colegio en Navidad son los ayudantes de los Reyes auténticos, sin embargo nunca has comprendido que, sacando las notas que sacas y comportándote como te comportas, a tus amigos les traigan la play3 y a ti y a tu hermano no hayan podido regalaros cosas que ni siquiera cuestan la mitad. ¿Cómo es que no pueden, si son magos mamá? Algo pasa. Hace unos días en el hipermercado mirabas los carros y no me decías nada , yo te veía muy serio observando como la gente los cargaba, legos, peluches, barbies, gormities, castillos, piezas, videojuegos...hasta que me miraste desde la mágia de tus nueve años, desde sus murallas asediadas por tanta incongruencia y me preguntaste por qué la gente compraba tantos juguetes.
Aún así tú sigues pensando que tienes que escribirla y lo harás esforzándote con la letra, para que entiendan bien qué es lo que quieres y vean cuánto has progresado. Tienes pensado incluso darles las gracias por lo que hicieron el año pasado cuando les pedías que nevara y nevó, con un día de retraso, pero nevó.
Mañana después de desayunar nos sentaremos a la mesa de la cocina para escribirla. Estaré contigo cariño y aunque me duela te ayudaré a escribir tu inocencia, a doblarla y a meterla en un sobre. Creo que ,esta vez, deberíamos certificarla para que no se pierda.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Una presencia, el abuelo y la caja roja

Tres son los recuerdos que más color tienen en mi memoria: una presencia, el abuelo y la caja roja.
Mi infancia es el recuerdo de una presencia en la casa, de esa voz que siempre me respondía si la llamaba, la mano que cosía con tanta calma, el poder balsámico que sólo su aroma personal generaba, ese olor indescriptible que anidaba en su pecho, en su cuello y en su cara y al darme un beso, cada noche después de arroparme, resbalaba junto al tintineo de su medalla por el camino de la cadena que Ella nunca se quitaba.
Recuerdo con nitidez el enfado de mi abuelo cuando le dije que el maestro no se creía que yo hubiera hecho aquel dibujo. El profesor miró despectivo mi cuaderno y sentenció: No puede ser, lo has calcado. El abuelo se enfureció pero continuó a mi lado cada tarde, mientras yo me afanaba con los lapices alpino, a los que a penas les sacaba punta para que no se gastaran. Él me observaba en silencio , si nuestros ojos se encontraban me sonreía desde un aprecio muy elocuente aunque no estuviera hecho de palabras. Me llevaba al campo con mis hermanos y un día nos enseñó el prodigio jugoso y reventado de color que encierra una granada madura. Al mismo tiempo que crujía en sus manos, la sangre del fruto se grababa en mi memoria de modo tan incisivo que aún puedo verla. El abuelo olía a piel madura, loción de afeitar y caramelos de menta y cuando él me ofrecía su mano para dar un paseo yo me sentía como bendecida por su gracia.
Mi infancia es una caja roja de lata, tenía dibujos de chinitas vestidas con quimonos y ataviadas con peinados exóticos que cruzaban puentes de madera. En la base exterior había una ilustración de una señora guapísima que sostenía algo. Unos niños muy bien vestidos y mejor peinados querían coger aquello que ella llevaba en las manos. En algún lugar ponía cola-cao. Mi madre utilizaba esa lata como costurero. Yo miraba y miraba hasta el hartazgo a esas chinas en las tardes interminables de aburrimiento materializado que poblaron mis primeros años. En ese sopor me preguntaba en qué mundo existirían madres tan simpáticas y niños con las rodillas tan limpias y sin las pupas que yo con mercromina siempre llevaba.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Corazón de porcelana

Cuando se marchó dando un portazo él solo reparó en la taza de café manchada por el carmín. Contempló el sello de sus labios rojos como si su propio corazón fuera la taza y la huella bermellón impresa en el borde superior de la porcelana: todo lo que de ella le quedaba.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Cuando la ficción es atravesada por la realidad.

" La diferencia entre la literatura de viajes y la ficción es la misma que existe entre anotar lo que el ojo ve y descubrir lo que la imaginación conoce. La ficción es pura alegría..." Paul Theroux.


En "Borrador de una historia" al mismo tiempo que Frank Blatsky imagina el argumento de su próxima novela, su propia esposa recorre esos caminos que él sólo le reservaba al protagonista, de tal forma que llega un momento en el que se solapan la ficción del novelista con la realidad que le circunda en un juego de cajas chinas cervantino deslumbrante.
Antonio Muñoz Molina gusta de merodear por la zona ambigua, la tierra de nadie, la neblina literaria en la que ambas dimensiones (realidad y ficción) constituyen un marco difuminado de comprensión. En "La noche de los tiempos" Antonio Muñoz Molina consigue que esa línea no sólo sea difusa e indeterminada, consigue dotar a la ficción de la entidad que acaso siempre le ha pertenecido: la de ser reflejo de realidades.
Ignacio Abel y Judith Biely, entre otros, no son personajes demacrados por la ficción, estragados por su condición de personajes y anémicos por tanto de realidad. No. Ignacio Abel y Judith Biely son personajes atravesados por la realidad en una ficción caracterizada por su particular ontología, cualidad que se reproduce en la retina de Munoz Molina y que vemos cuando lo leemos porque leyendo "La noche de los tiempos" no leemos lo que el autor ha escrito, vemos lo que él ve. Con ese giro la ficción pasa a propagar los caleidoscópicos prismas de la realidad en una suerte de múltiples e inagotables perspectivas. De tal manera que, desde la primera página, se siente el privilegio de poder experimentar una lectura como esta, de un autor gigante que acaso no sea humano sino también ficticio y atravesado de realidad como lo es y está su entrañable Ignacio Abel.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Si me quieres

Si me quieres, quiéreme también con los gestos, quiéreme cuando me hablas.
No me digas que me quieres y luego me claves la mirada. Te desmiente el tono envenenado de la voz que me anuda tu tristeza muy adentro, dónde no sé cómo ir a desatarla. Es espesa, se me estanca y no deja de bullirme como una mariposa negra y furiosa que no encuentra una salida porque le han hecho un nudo en las alas.

jueves, 11 de noviembre de 2010

En las hojas

Miro las aceras y sé que algo mío hay entre tantas hojas amontonadas. Algo hay en los cuerpecillos de amarillo intenso a merced de nuestras pisadas, en sus esqueletos vegetales cubiertos de la sangre ocre que el otoño derrama por las calles.
Miro las aceras y me veo en las hojas...así debo de ser yo por dentro: miles de colores y de formas arremolinadas, sin orden ni concierto, oprimiendo el alma, en silencio.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Emily Dickinson: el árbol inverso.

No puede imaginarse peor reconcentración en un escritor, ni peor infierno que escribir para un cajón. Emily Dickinson conoció muy bien la oscuridad de ese fuego, era un alma hiperestésica recluida bajo llave, la necesidad de brotar, de salir a la luz y dar con la dureza de un entorno hostil que se opone a tal movimiento.
Su amigo Thomas Higginson, quizás sin pretenderlo, arrancó de cuajo el tímido intento que Emily hacía al darle a leer sus poemas con la intención de que fueran editados. Thomas cortó el tallito tierno de la ilusión de la Dickinson con las tijeras de la convención literaria de la época, aconsejándole la conveniencia de que no fueran publicados. Su sintaxis trasgresora no la favorecieron entonces.
De nada sirvió después que la novelista Helen Jackson insistiera en que publicara , al menos, un libro de poemas. Emily ya sólo crecía con el esplendor de un alerce milenario pero sin aire y sin luz, sin lluvia y sin un cielo. Brotó hacia dentro como un árbol inverso en la cavidad sellada de su cajón, el único que no opuso resistencia a albergar su complicado universo interior, ese orbe borjiano escrito con sangre.

Sometimes with the Heart
Seldom with the Soul
Scarcer once with the Might
Few_ love at all.

Algunas veces con el corazón
En raras ocasiones con el alma
Aún más de tarde en tarde con firmeza
Pocos aman del todo.

Emily Dickinson

lunes, 1 de noviembre de 2010

Las ventanas de tu piel

"...gozo de gozos:el alma en la piel." Jorge Guillén.


Cuando las ventanas de tu piel se abren de par en par hacia mi cuerpo es como si me hiciera toda paisaje para tus ojos, que ya están dispuestos en las yemas de tus dedos.
Me miras con tacto sinuoso, entretenido, lento.
Te detienes para apreciar el volumen que llama a las manos, la textura, el pliegue pequeño. Es el prodigio de llevar el mundo en los dedos y sólo atender a eso. No existe nada más en esos momentos, ensanchas con tus manos las paredes del tiempo y al acariciarte siento que, tu piel se abre hacia mí y, puedo meterme dentro.

jueves, 28 de octubre de 2010

Las semillas de un gesto

Hay gestos que llegan a nuestras vidas como esas gotas que caen sobre el agua dibujando hondas que se propagan, agitan la superficie y, aunque segundos después todo vuelva a la calma, algo ha pasado, algo cambia.
En La sabiduría de Sancho han tenido conmigo uno de esos gestos y con él han conseguido que esa sensación tan mía de que lo que escribo se diluye en el agua ( que no tiene en realidad un referente, que no llegará nunca a nada) torne su signo y anide en mí como una semilla con la que no contaba.
Esta semilla ha comenzado a echar raíces, son las raíces de la certidumbre, de que las palabras tienen una vida propia cuando salen de mí y son capaces de viajar muy lejos y verse reflejadas en otros espejos.

Qué privilegio poder dar las gracias por lo que se ha recibido cuando además, como es mi caso, se recibe lo inesperado. Así ha sido de la mano de: Anna, Maria Jesús, Dilaida y Aro, entre otros muchos a los que quisiera mostrar mi agradecimiento por el gesto repleto de semillas que en mí han sembrado.

lunes, 25 de octubre de 2010

La alegría de los árboles

Yo quiero para vivir la alegría de los árboles, que el viento me dé la voz al correr entre las ramas cargadas de verdes imágenes.
Dejar caer mis hojas, sin pena y sin lastres.
Pasar del esmeralda al ocre y agotar todas las tonalidades, en un espectáculo reventado por el color de madurar a base de saber matizarse. Después de un anaranjado un ocre hipnotizante, la generosidad de tanta belleza amarilla, por los suelos y en las calles.
Yo quiero para vivir la alegría de los árboles y cuando llegue el hacha, que ha de talarme, ofrecerle sin miedo la calidad de mi carne para que se transforme en mueble, en silla donde poder sentarse, para que se transforme en papel en el que escribir pueda alguien o el niño con sus lápices dibuje paisajes, una casa, montañas y muchos árboles.

jueves, 21 de octubre de 2010

Soledad dispersa

A veces, en el cielo de mi ventana surgen inesperadas bandadas de pájaros. Vuelan muy juntos dibujando hondas de puntitos oscuros y de pronto, se dispersan y con ese giro de sus cuerpecillos desordenan mi soledad. Es entonces cuando yo también echo a volar y los persigo por el aire.

jueves, 14 de octubre de 2010

Mientras cosía

Si alguna melodía quedó grabada en la memoria auditiva de Amelía esa fue la sintonía del consultorio sentimental de Elena Francis. Al dar las cinco de la tarde su madre conectaba la radio. Organizaba las tareas para no tener nada que hacer durante esos minutos a excepción de repasar un botón o meter un dobladillo. Con los embriagadores acordes de la cabecera del programa sentía cómo su ánimo se iba aflojando y era ya un algo liviano, sin dueño, sin voluntad, conducido por esa melancolía a la deriva de sus tormentosas historias. Amelía hacía caligrafía o dibujaba. Le gustaba estar al lado de su madre mientras cosía porque de esa manera de doblar el tejido y apoyarlo sobre la rodilla para hilvanar dando puntadas largas, muy concentrada en lo qué hacía, en silencio, rezumaba una paz intensa. Sólo se oía el ritmo de los metales, el cuerpecillo de la aguja contra los hoyuelos del dedal. A menudo presenciaba cómo su madre tiraba de la aguja con lentitud, el hilo iba creciendo con el prodigio de la mano arácnida que se detenía, dejando en suspenso la aguja, el dedal, el hilo tenso, todos espectantes a la narración radiofónica. Entonces, fijaba la mirada en un punto cualquiera, sin ver, los ojos se le aguaban, la hebra comenzaba a temblar hasta que volvía a su recorrido entre la tela. Amelía sabía que segundos más tarde su madre se pinchaba, así que permanecía atenta para salir corriendo y chuparle la sangre del dedo aprovechando para abrazarla.

lunes, 11 de octubre de 2010

Miradas

Para Clochard que gusta de mirar como forma de vivir el mundo. Muchas Felicidades.

"Las alas del deseo no se despliegan sobre nuestros hombros sino en nuestras pupilas" Antonio Múñoz Molina.


Hay miradas elocuentes como párrafos extensos o vacías de color, de emoción y de entendimiento.
Miradas complices cifradas en códigos que sólo dos conocen, duran décimas de segundo pero son más que suficientes para desatar los lazos con los que se anuda, en el reposo, el deseo.
Miradas que se abren como ventanas a mundos interiores profundos, tumultuosos o remansados como aguas tranquilas de comprensión y empatia compuestos.
Hay miradas agradecidas que son incapaces de articular verbalmente su sentimiento, sólo te miran y guardan silencio.
Miradas sin alma y a no ser porque ves como ese cuerpo se mueve jurarías que no hay nadie dentro.
Miradas condenadas en la perspectiva limitada de los prejuicios.
Miradas de rencor estancado acompañadas por un tono de voz tan aspero como despectivo.
Hay miradas detenidas en el último instante, nadie te avisa pero al contemplarlas sientes que tu alma está hecha de carne, un trozo te arrancan y se lo llevan para siempre esos mismos ojos que ya no podrán volver a mirarte.
Miradas con caricia, miradas que gusto mantener, entran en ti, te mecen y te arropan como sólo acogen las alas de los ángeles en el cielo.
Miradas tentaculares que atraviesan salas abarrotadas de gente.
Miradas tensadas por la pasión, se les giran los ojos con el placer extremo y se quedan en blanco para mayor disfrute del que puede verlo.
Hay miradas limpias, nuevas, es de ellas de las que más se aprende y suelen poseerlas los niños que aún son niños.
Miradas con las semillas del odio y otras que van sembrando todo lo contrario.
Hay miradas que te llenan como si tú fueras una jarra y ellas agua fresca.
Miradas generosas que renglón a renglón leen lo qué tú antes ,atendiendo a una vocación ciega, has mirado.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Sin remedio

Sobre la misma tarta se van sumando las velas y vamos creciendo sin entenderlo. Hace muy poco estaba en un pupitre del colegio y ahora me siento en el patio y no comprendo cómo es que creció tanto el limonero. El tiempo es un vértigo, sin remedio. Me veo ya mismo muy vieja y arrugada echando de menos todo lo que hoy me parece nuevo.

lunes, 4 de octubre de 2010

Feel

Recuerdas cuando elevaste el volumen de ésta canción sabiendo que yo no me resistiría a la llamada del baile, ese embrujo que me recorre la sangre y me lleva y me arrastra... Aquel día te colocaste detrás de mí y mientrás bailabamos juntos me fuiste traduciendo la letra al oído tan bajito que tenías que acercarte mucho a mi cuello, mucho.
Estoy deseando de que llegues a casa y abras los regalos, de que pruebes la tarta y me la vuelvas a traducir al oído

lunes, 27 de septiembre de 2010

La multiplicidad de las manos

Hay manos que bordan sin hilo caricias penetrantes, que te agarran en el último momento, torpes desabrochando botones, encallecidas, estilizadas por el estudio, manos de panadero en la masa de unos senos fermentados por el deseo.
Hay manos de pianista enseñando dibujo lineal en pizarras de tiza, que en el aire dibujan espirales poseídas por el baile, manchadas de sangre, desnudas de anillos, manos que piden limosna, que aplauden o estrujan con desesperación un pañuelo.
Hay manos a las que la vida las pone sobre los párpados fijos del ser que más han amado, que ayudan a nacer, que aprietan el gatillo, suaves, hábiles hasta lo incomprensible, aferradas como raíces al sustrato del miedo.
Hay manos que cogen un pincel y con un gesto esbozan una idea o un sentimiento, manos sutiles de cirujano, que siembran, que salvan, manos que amortajan, manos infanticidas.
Hay manos dotadas de dedos transportadores, que sudan, que flojas te dan el pésame, benditas, que traspasan la frontera y te tocan aunque se queden quietas.
Hay manos arrasadas por la cartografía de los años, que(invisibles)colocan la ropa en los armarios, chiquititas, desbaratadas por la artrosis, que mientras conducen dejan caer su complicidad y se alojan en el muslo izquierdo del acompañante.
Hay manos con las que vuelas muy alto por debajo de las sábanas, que tachan sin piedad, que vigilan la fiebre o acunan bebés inconsolables, hay manos(en nuestras vidas)sagradas, manos que tallan corazones en la corteza de un árbol con nuestras iniciales.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Como nidos para los pájaros

No me dejes sóla cuando mi boca reseca sea un objeto incomprensible para los besos, cuando mis pasos se queden sin movimiento y mis manos sin caricias y el papel sin la caligrafía de mi sentimiento.
Aunque sólo sea visítame con el pensamiento alguna vez, cuando las cuencas de mis ojos sean como nidos para los pájaros de la tierra.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Carta sin dirección ni palabras.

Te escribo desde mi casa, aún no la has visto pero creo que te gustaría. Tiene un patio, dónde pueden correr los niños, con geráneos,con petunias. Las plantas me dan trabajo, tú ya lo sabes, aunque también me dan la vida cuando salgo con una taza de té y veo sus brotecillos, los progresos de las enredaderas y el aire embriagado por el azahar. Sí, hay un limonero, como tú querías.
Si vinieras sé que irías por los arriates quitando las hojas secas y empezaríamos a hablar de las flores y terminaríamos llegando a los recovecos de tus heridas, de tus ilusiones y de tus proyectos siempre en marcha. Mira qué te digo niña...y me preguntarías cualquier cosa para entre las dos sacar conclusiones, esclarecer tus dudas y compartir un trozo de vida.
Muchas veces te veo cuando me lavo la cara y me miro en el espejo. Desconcertada allí te encuentro. Es un fogonazo, como si tuvieras la capacidad de deslizarte en el azogue sólo para mirarme y en un segundo desaparecieras dejándome siempre la impresión de que has estado muy cerca.
Quiero que sepas que Andrés ha cumplido el encargo que le hiciste. No olvido cuando me miraste como si me estuvieras abrazando y le dijiste "Cuídamela". No te preocupes por eso,que lo hace cada día y se esmera.
Hace ya demasiado que no eres tú la que me abre la puerta de tu casa, demasiado que no suena el teléfono. No me acostumbro. Con el tiempo este echarte de menos se va convirtiendo en una especie de rosal al que le crecieran nuevas y más afiladas espinas. Y en mitad del dolor surge imparable la rosa de tu recuerdo. Imaginar que amar a mis hijos es inocularles la semilla de este padecimiento me angustia. Comprendo que lo qué se ama y se tiene un día puede perderse y como resultado de ese miedo reacciono abrazándolos con más fuerza.
Algo ocurrió cuando te fuiste, hoy hace ocho años. Todo se desplomó entre nosotros, nos quedamos como si le quitan su agua al mar y ahora entrar en la que fue tu casa es como transitar por ese fondo marino desauciado de tus manos, como si te hubieras llevado el color de las cosas.
Ya sabes que cuando te visito dejo las flores y salgo corriendo. Me duele no ser capaz de aguantar allí ni siquiera unos minutos, no sé si me comprendes, por eso te lo cuento.

Y dime, después de escribir esta carta ¿Qué puedo hacer con ella, a qué dirección puedo enviarla?

domingo, 12 de septiembre de 2010

La paciencia de un hombre

La paciencia de un hombre es un collar elaborado con flores blancas, una nueva le crece cada mañana y las lleva prendidas en la cintura como pájaros prestos por alzar el vuelo dentro de otro cuerpo.
La paciencia de un hombre está hecha con el arco del deseo, siempre tenso. Y en esa vibración contenida le bulle una energía desbocada en el centro de su pecho. Es algo parecido a llevar estrellas por dentro y quemarse con su destello si no resplandecen en las caricias con el tacto milimétrico que conocen los dedos, si no encuentran el cauce arremolinado al que conduce un beso detrás de otro beso, si no se expresan con el gemido, si no llegan a los limites insospechados del vértigo.
Es la paciencia del hombre que ama y sabe esperar, como el árbol, su momento.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Gracias por la sed

Gracias por la sed, Señora, gracias por los árboles, gracias por el aire, por la luz y el color, por el agua torrencial de mi sangre.
Gracias por las palabras, gracias por los paisajes, por el amigo y la flor, por las ganas de hacer cosas al despertarme.
Gracias por el mar, gracias por la caricia de los detalles, por las estrellas y el libro, por haberme hecho mujer, por haberme hecho madre.
Gracias por la sed, Señora, gracias por los árboles, por el poder multiplicado de las manos, por la música y la lluvia, porque él todavía me busca para besarme.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Darle la mano a un niño

Darle la mano a un niño es como agarrar un pajarillo que está a punto de alzar el vuelo. En el hueco entre las dos palmas se rebulle el avecilla del tiempo buscando la rendija por la que escapar y volar por el resquicio entreabierto de la pubertad que acecha.
Darle la mano a un niño es un lujo, un privilegio diluido en nuestra inconsciencia diaria. Y cuando han crecido, y un buen día rechazan nuestro ofrecimiento, es como si diéramos un traspiés, como si tropezáramos con nuestro propio hilo vital y entendiéramos, de pronto, que algo insustituible se nos ha escapado.

viernes, 27 de agosto de 2010

Mileva Maric: el destello de la Teoría de la Relatividad.

Mileva Maric conoció a Albert Einstein en la Escuela politécnica de Zurich dónde estudió matemáticas y física (algo excepcional en la época). Unidos muy pronto por su pasión científica y su amor a la música congenian y comienzan a trabajar juntos.
Con sus primeras separaciones se inicia una correspondencia que, veinte años después de la muerte de Einstein, desatará la polémica. Las cartas evidencian de modo explicito la colaboración investigadora entre ambos. Son diversas las fuentes (Peter Michelmore, Desanka Trbuhoric, Evan Harris...) que aseguran como Mileva ayudaba a Enstein a resolver cuestiones matemáticas. Él poseía una gran imaginación física que, sin embargo, no sabía demostrar matemáticamente. Ella sí.

Manejando un compendio bibliográfico de más de cuarenta y cinco autores Esther Rubio Herráez en su excelente estudio "Mileva Einstein-Maric ¿Por qué en la sombra?" analiza el fulgor de la serbia, la influencia y relación con el científico alemán así como todo el barrunto en el que se pierde la autoría de la Maric después de haber trabajado durante años en la Teoria de la Relatividad. Porqué, según el testimonio del físico ucraniano Abram F.Joffe, el manuscrito original presentado a la revista especializada "Annalen der Phisik" iba firmado por Einstein-Marity ( variante serbia de Maric). Cuando La Teoría de la Relatividad se publica en esta misma revista ya aparece firmada sólo por Albert Einstein. Aquí se pierde el rastro de la estrella Maric, aunque no por ello ha dejado de iluminar a la humanidad.
Presuntamente Albert Einstein (como ya hiciera en otras ocasiones) omitió la autoría de su esposa en el citado manuscrito de la revolucionaria teoría.
Alguien (quizás el mismo Nobel) olvidó que las estrellas,y Mileva Maric lo era,brillan aún más en la absoluta obscuridad.

viernes, 20 de agosto de 2010

En estos pozos

Para Almudena que entenderá que ésta dedicatoria sea para ella.


(...)Y estás más en lo hondo que en el cielo
en estos pozos más que en las estrellas(...)
Jesús Cotta lobato.


Dicen que estás
en lo qué escribo
y si he de ser sincera
te diré que algo intuyo,
que algo percibo.

Pero no sé si eres Tú
o un reflejo
de la semilla
que otros han puesto.
Sólo sé que de pronto
aquí me tienes
buscándote.

Si puedes, mírame,
no tengo nada en las manos
y en el corazón
sólo tengo palabras.

No sé si me querrás
contigo
el día que se enfríe
mi alma
y la tierra se la trague
como se tragará mis ojos,
mis dudas,
como se tragará estas ansías de vida
ingobernables
sin que ya mi sangre
las propague.

Y en estos pozos
de mis espirales
(tan oscuros con el día)
sigo buscándote,
pero sólo hallo
(y por esto habrás de perdonarme)
una casa vacía.

Una casa en la que Tú antes
vivías
y en la que tu ausencia
ahora
es del espíritu una terrible herida
que quizas para encontrarte
Tú me envías.

martes, 17 de agosto de 2010

La mesa de la cocina

La mesa de la cocina es la madre de la casa. No se queja, nos acoge, no se esconde, nos espera y nos ofrece su piel toda de madera.
Como un planeta gustoso de ser poblado es su superficie lisa, ancha para el mantel recién planchado, para la taza que se le pone al amigo, el pastel, la copa de vino.
Las ceras plastidecor recorren sus caminos, los alfileres del costurero, el libro abierto, los retales y los patrones, los cuerpecitos multiformes que deja la goma de borrar después de corregir los cuadernos.
Y cuando está limpia la corona de una planta en su centro o un hermoso frutero, melocotones, granadas, manzanas...o unos limones olorosos que le recuerdan que ella también soñó con un cielo y agarrándose a la tierra fue elaborando su materia.
La mesa de la cocina es lo qué queda de aquel árbol florecido en primavera y generosa se extiende para que ahora crezcamos sobre su piel de madera.

viernes, 13 de agosto de 2010

Me gusta

Me gusta escribir en la casa vacía, bailar, meterme en la cama con las sábanas limpias, andar descalza mientras riego las plantas, blogear, tu barba y tu pelo largo de Adán.
Me gusta el mar, sentarme en la orilla y sentir su latido de animal inabarcable, entrar en una librería sin prisa, el ramaje monumental de la morera, leer a Antonio Múñoz Molina, la siesta compartida después del juego, mirar a mis hijos cuando se entretienen juntos sin problemas, abrir por primera vez un libro y descubrir la dedicatoria, el beso que por las mañanas para no despertarme me das en el hombro como si no quisieras irte sin bendecirme el día.
Me gusta la poesía, estar sóla, madrugar y dar un paseo, Sándor Márai que me cuenta cosas mías, ir a coger madroños con los niños y comérnoslos por el camino, la música, el sabor infantil de la higuera, el erotismo enroscado en los cuerpos de Gustav Klimt, el té verde con hierba buena, que te acerques a mí y me abraces por la espalda mientras hago la comida.
Me gusta mi gata que viene a mí sin que la llame, Miguel Hernández, los árboles, meter las manos en la tierra del jardín y en los sacos de legumbres del mercado, los pájaros pero nunca en jaula, cuando antes de dormir mis hijos me abrazan muy fuerte y no quieren soltarme, subrayar los libros, que vengan a casa nuestros amigos, Kavafis, tu risa, nadar desnuda mientras tú me miras sentado en el bordillo, eso es lo qué más me gusta.

lunes, 9 de agosto de 2010

Tuve a Dios arropado

Como a Cernuda algo me avisa de nuestra propia naturaleza el pajarillo muerto, la planta marchita.
Sin comprender tantas cosas, pero con el palpito de nuestra inmanencia, rechacé un día la trascendencia y descubrí lo desdichada que eso me haría.
Para mi desgracia no soy creyente.
Yo envidio a los que viven en la palabra de Dios y hacen de ella un bálsamo espiritual con el que ungir las heridas que abiertas nos va dejando la vida. Envidio a los que encuentran paz y consuelo dónde yo sólo hallo espinas. Envidio a los que cierran los ojos y les ruegan al Señor y con ese gesto invocan su presencia. Envidio ese misterio de que pueda diluirse el pánico y el vértigo a la nada en una existencia eterna y placentera porqué yo conocí esa emoción, esa especie de bondad multiplicada, tuve a Dios arropado bajo las sábanas de la niña que rezaba.
Envidio a los que creen porque ,en la antesala del sueño cuando discierno con espanto el sonido inaudible del tiempo que ya ha pasado en mi propio reloj de arena, ellos seguro que se duermen apacigüados por un Dios que les cuenta cosas buenas.
Y no hablo de la intolerancia del fanático, hablo de poderse recoger hacia dentro en una trascendencia confortante de la divinidad justa y buena que me enseñaron cuando era pequeña. La misma que disipa la náusea ante la muerte, la angustia vital de imaginarse pudriéndose como se pudre el pajarillo o las plantas que se marchitan, sin más.

viernes, 6 de agosto de 2010

Con tu soledad encina

Con tu soledad encina
voy a hacerme
una piel nueva
para continuar creciendo
si un día
amanezco muerta.

Un alma
he de invocar
que tenga tu paciencia
curtida con tanta hambre
siendo tanta la sed
y, aún así,
verla cubierta de flores nuevas.

Levantaré una casa de silencio
de paz y de espera
para guarecerme del ruido
como si lloviera
y lloviera.

Te miro encina
y mi corazón quisiera
aprender un día
a cumplir su destino
bajo la tierra.

domingo, 1 de agosto de 2010

Cuánto te gustó

Cuando te regalé éste cuadro se te saltaron las lágrimas. Nunca antes con un regalo te había visto tan emocionada. El parecido es como se suele decir: dos gotas de agua. Verte reconocida en algo que yo había dibujado, sin que tú me lo pidieras, sencillamente te llegó al alma.
Fue el penúltimo regalo que te hice, el resto ya lo sabes...

Aunque tú fuiste muchísimo más guapa que yo, quiero llevarte en mi perfil como imagen que me represente. Sin saberlo educaste a la Blimunda que yo no sabía todavía que llevaba. Tú me enseñaste a observar, a fijarme en los detalles, a escuchar lo qué se dice pero también la importancia de lo qué se calla. Me enseñaste a ver plasmada la psicología de una persona en su forma de vestir, de peinarse o de estar sentada, en la elección del mobiliario de su casa, en el modo de caminar o de emplear algunas palabras. Me decías ¿Te has fijado? Y con esa pregunta me afilabas la mirada sembrando la semilla de la que ,un día, tendría que mirar por si misma con la prevención escurridiza de que sus ojos no la engañaran.
Cuánto te gustó éste regalo... Fue el día de tu penúltimo cumpleaños. Fíjate el último regalo no lo recuerdo. Sólo sé que sentí un dolor parecido al tuyo y que dejé de dibujar.

sábado, 31 de julio de 2010

Como besos de lluvia

Para Andrés que me sube al cielo.
Y sin olvidar a Juanma, gracias a cuya imagen alada han sido posibles estos versos.

Como besos de lluvia
son tus labios
en mi espalda,
como perlas suspendidas
una a una
en el hilo de una promesa
en tu cintura
de flores blancas.
Y me llueves en la boca
y me llueves con las manos
vienes con sabor a peces
porqué entre mis muslos
te has embriagado.
Me miras como si mi piel
fuera de oro,
otra, que nunca antes
hubieras tocado.
Llevas el ritmo en tus caderas
ese baile animal
salvaje, acompasado...
y dejamos de ser por unos segundos
un hombre y una mujer
para convertirnos
en una estrella fugaz
de amor incontrolado.

Como besos de lluvia
cuando se resquebraja
ya mi carne
llegas a mí
sin que te llame.

jueves, 29 de julio de 2010

Soy de tierra

En la tierra crecen las malas hierbas pero también los esquejes y los árboles. Se reseca cuando no se riega, se cuartea y se convierte en una substancia poco habitable aunque siga albergando las posibilidades del universo múltiple y vaya más allá de lo imaginable. La lluvia lo sabe y la convierte en madre preñada de seres, ya sean plantas, hijos, poemas o borradores que llegan a ver la página limpia, a duras penas.
Mi lluvia es el tiempo que tú, llevándote a los niños, me regalas, es un cuaderno, es tu boca y son tus manos, es un libro o un amigo, los abrazos de mis hijos que me traspasan.
Porqué soy de tierra adivino que estoy repleta de túneles interiores y me siento llamada a escribir escarbándome por dentro.
Porque soy de tierra cuando me muera quiero que me pongáis un ramo de flores entre las manos y el pecho, echarán raíces en mi piel y llegarán hasta el centro dónde aún estará mi corazón, caliente como el hielo.

lunes, 26 de julio de 2010

Soy de aire

Todo es calma cuando paseo por las mañanas. El silencio está habitado por una revolución de hojas movidas por el aire. La mimosa no duda en bailar hacia dónde el viento se la quiera llevar como si este fuera la melodía con la que ella siempre ha soñado. Los tilos, los madroños, los olivos, las jaras... El joven sauce parece que se ilusiona con el grácil vuelo de sus hojas lanceoladas. Los pinos, el cytisus, las higueras...Escucho: es un mar verde que se mece entre los árboles. Es un mar verde de aire.
En este mar de mis mañanas no hay olas, hay miles de hojas acariciadas por el afán visionario de la corriente. A veces, el rumor de mis pasos sobre la grava distorsiona ese soplo, así que me detengo y cierro los ojos para dejarme llevar por el aire como se deja la hoja liviana y leve, insignificante.

viernes, 23 de julio de 2010

La horfandad de tu cuerpo.

Hoy me he despertado sin conciencia de tu cuerpo, como si hubiera dormido sóla, como si estuvieras lejos, otra vez.
Anoche te estuve esperando, no quería dormirme sin antes hablar contigo pero ya era muy tarde y debí de caer en el sueño como cae una piedra en el fondo de un estanque.
Entrarías en nuestra habitación sigiloso para no despertarme y quizás te tomaste unos minutos para mirar a placer como se acerca el jardinero y contempla su flor más rara, o puede que incluso me acariciaras, no lo sé.
Me hubiera gustado notar que te metías en la cama, que te pegabas a mí por la espalda y sentir entre sueños tus manos que me buscaban, o encontrarlas dormidas en mi cintura como palomas inesperadas.
Hubiera preferido que me desvelaras a esta horfandad de tu cuerpo con la que me he despertado esta mañana.

martes, 20 de julio de 2010

Almagro cocido a fuego lento.

Para Felipe y Almudena que nos hicieron estos regalos.

Hacía mucho tiempo que no íbamos al teatro pero cuando se apagaron las luces comprendimos que no habíamos olvidado esa sensación de formar parte de su aforo. El aforo de un teatro bulle con el silencio imperfecto de una humanidad que calla y respira como un animal constituido por decenas de personas con una energía palpitante. Ese vigor contenido se acentúa aún más cuando la iluminación desciende.
Imagino que los actores buscan y necesitan ese latido como yo busco y necesito un lápiz y que al aparecer en escena, pese al mutismo generalizado, ellos perciben esa masa espectante que es el público; una multitud en suspenso, un terrible carnívoro con hambre.
La inconfundible gravedad del tono de Juan Luis Galiardo, su anchura en el escenario, su cuerpo todo voz interpretante desplegó sus poderes junto a un elenco bien escogido de intérpretes. Y consiguieron que de allí saliéramos satisfechos pese a que nos sentíamos como garbanzos esponjados por el sudor, cocinados a fuego lento en un puchero ferviente.
Hasta la madrugada no descansaron los abanicos pero poco nos importaba porque estábamos con Felipe y Almudena que, sin ellos saberlo, tienen el don de coronar nuestras discusiones con la atención maravillada puesta en la mirada.
Después de estar en su compañía nos queda una sensación ancha en el alma y Moliere y sin niños que se quejaran y la incomodidad de los asientos y "alguien" dando una cabezada tan magistral como bien disimulada y en la plaza de Almagro sobre nosotros la noche estrellada.

viernes, 16 de julio de 2010

Diez años sin el consuelo de su presencia

Hoy quiero traerte un poema de Jesús Cotta Lobato porque expresa, mucho mejor de lo qué yo podría hacerlo, la grandeza de una persona que nos dejó, hoy hace diez años, huerfanos de su abrazo, del consuelo de su presencia, de su humanidad multiplicada, ésa forma de llevar dentro el imperio de su integridad moral con la sencillez de su camisa limpia y su pantalón de pana.
Asistir a su muerte fue como tener que aceptar que nos quedábamos mancos y que tendríamos que aprender a vivir orientándonos entre esa extraña ceguera que comenzó a ser para nosotros su ausencia.
Cuando leí por primera vez éste poema fue tanta la emoción que cerré el libro, no podía seguir, era (como bien vislumbra WOLFE) el arpón, el dardo, el puñal de la poesía que me había alcanzado de lleno y en el corazón mismo se me retorcía.
Jesús Cotta lo escribió en honor a su abuelo, yo ya sabes que pensé en mi madre, hoy te lo dejo aquí para recordar al hombre admirable que fue tu padre.

¡Que duro lecho la tierra
para quien tenía un fuego
solar en las manos recias
y en la sonrisa un destello,
besó la frente materna
y dejó en ella un lucero
y llevó niños al hombro
y aves en el pensamiento
y por manos de mujer
flores de almendro en el pecho!

"A merced de los pájaros" Jesús Cotta Lobato.

Para Juan Ojeda García que me miraba con la misma admiración íntima con la que sólo se mira a los hijos. In memorian.

miércoles, 14 de julio de 2010

Gaviota de tierra vuela en el agua

Para Antoñita y Pepé, que compartieron con nosotros el azul del cielo,
Para María que fue generosa,
Y para Andrés que lleva trocitos de luna en los mechones de su pelo.


Amanece y la ilusión nos conduce gustosa.
Carretera, dos horas de autovía hasta la playa. Baja la ventanilla ¡Mira cómo huele! La sombrilla, las neveras, extendemos las toallas, mamá ponme ya la crema, toma tus gafas de bucear, desplegamos las hamacas, los niños ríen y chapotean en la orilla, nos sentamos y ahí está: rebosado y rebosante corazón ininteligible que se derrama a nuestros pies, todo alma líquida, toda la energía de su animalidad incomprensible diluida en el añil de un sueño tremendo: es el MAR y yo allí para no comprenderlo.
Ingenua, siempre ante él intento abarcarlo con un cuerpo tan escaso, me descubro a mí misma con la sed de bebérmelo por completo... Él me acoge en su seno de Dios en la tierra para mecerme en sus aguas y enseñarme la relatividad de todo lo que tengo. Me sumerjo y, con el suave va y ven de las olas cuando nado, creo que vuelo. Es todo lo azul que me deshace y me ofrece las líneas del horizonte, la perspectiva, la libertad para unos ojos ciegos.

Luego, al caer la tarde, estrellitas líquidas salpican la superficie y es la hora de dar marcha atrás y regresar tierra adentro con la añoranza del mar, esa herida que me irá creciendo.

lunes, 12 de julio de 2010

Dani Jarque siempre con nosotros.

De todos los jugadores, que salieron ayer al campo de Johannesburgo, hubo uno (quizás más) que se consagró en silencio a un único deseo: ser él el que marcara, al menos, un gol que hiciera posible la consecución de su ofrenda.
Y quisieron los Dioses, pese a la infernal estrategia holandesa, que el que había escrito el nombre del amigo desaparecido en su camiseta interior pudiera mostrarlo segundos antes de que el resto de sus compañeros lo sepultaran bajo los abrazos.
Todos excepto Iker Casillas, que lloraba lejos de aquella masa de celebración cuyo epicentro era Iniesta. Y sus lágrimas que no encontraban pañuelo, ni regazo, ni otro cuerpo, se limitaron a ir empapando sus guantes, los mismos que habían abortado decenas de tantos en ese momento supieron acoger el llanto de un verdadero triunfador.
Cuanta humanidad en ese llanto... en esa camiseta ( imagino a los padres de Dani Jarque )...en aquel campo...El balón llegó a convertirse en nuestro corazón por el cesped rodando y cuando entró en las redes fue la maravilla de un mundo unido por el mismo canto.
Ayer descubrí que me gusta el fútbol y mucho. Así, sí.

viernes, 9 de julio de 2010

Raíces aéreas

Algunas de las plantas del interior de mi casa tienen raíces aéreas. Al principio surgen como tímidos brotecillos que, poco a poco, van alargándose. Paracen buscar asidero, trepan por las paredes y se meten entre nuestra ropa (la que colgamos de la percha de la entrada). Cuelgan por el hueco de la escalera como estilizadas formas de una ceguera que no se cansara de indagar.
Podría cortar aquí y allá para no tener que desliárlas cada vez que cojo algo de la percha, pero no lo hago porque las miro y me veo en ellas, yo también busco las substancias que puedan nutrirme y me estiro y me alargo y, a veces, me doy cuenta de que en realidad camino, como ellas, a ciegas.
No puedo cortarlas, no, tengo que aprender de su obstinación, de esa perseverancia que las guía y aunque no encuentren lo qué buscan, no se retraen ni se hacen pequeñas, porfían en lo qué quieren, en lo qué les da la vida y siguen desarrollándose, creciendo en el aire en busca del sueño de su tierra. Verlas así me lo recuerda y para no olvidar mi propia naturaleza, las dejo que crezcan.

martes, 6 de julio de 2010

Cuando las líneas se cruzan

Para Alejandro Múñoz, tocado por una irrealidad tan real como la mia.



Pensé "No puede ser", pero estaba bastante claro, en el letrero de la puerta de rehabilitación podía leerse con total claridad: "Consulta de la Dra Haro".
¿Era que el universo se había confabulado con su cadena de coincidencias irremediables para hacerme continuar mi relato? ¿Era sólo una casualidad que, de entre las miles de posibilidades existentes coincidiera el nombre de aquella profesional con el nombre de mi personaje? ¿Una señal? ¿El destino? No sé qué podría haber sucedido pero yo me senté justo delante de una puerta en la que figuraba el mismo apellido con el que bauticé, hacía meses, a una de mis protagonistas, a mi Silvia Haro, habitante de un relato inconcluso cuya energía ,no sólo me bulle por dentro con su potencial de autodestrucción, sino que se las había ingeniado para llegar hasta la consulta del hospital y plantarme ese apellido, inusual y nada común, delante de mis narices, dejándome sin armas.
Quizás no existía esa tal Doctora, quizás fue Silvia la que trastocó el cartel antes de que nosotros llegáramos. Burló la vigilancia, o puede que hasta se hiciera pasar por una de las nuevas enfermeras y en un descuido dio el cambiazo, consciente de que yo estaba fuera aparcando y no tardaría en llegar. Ella, que sobrevive en un borrador atrapada entre tachaduras, anotaciones laterales, signos de exclamación, párrafos subrayados y párrafos omitidos con una contundente línea trasversal, todo embarruntado con una caligrafía desigual... La misma Silvia Haro que escuchando el "soave si al vento" de Mozart saborea bombones rellenos de crema, debe de estar hastiada de esta situación y reclama ya, de una vez, páginas limpias y definitivas en las que poder desenvolverse por completo hasta la interpretación de un lector que le otorgue la plenitud de su vida.
Sí, fue ella, de eso ya no me cabía duda y cuando leí el letrero y logré salir de mi perplejidad, comprendí su dolor.
La comprendí tanto que he vuelto a ese temible borrador. Y he sabido que el padecimiento en el que habita un personaje dentro de una historia sin terminar es una línea difusa que , a veces, se cruza con mi propio miedo a la hora de ponerme a escribir.

sábado, 3 de julio de 2010

De un corazón humano sin su sueño

A primera vista lo más impresionante , en aquella sala del museo, era el corazón de la ballena azul que rondaba la tonelada de peso. Lucía inmenso y monumental contrastando con el resto de los corazones mucho más pequeños, que parecían disminuidos satélites gravitando a su alrededor, cada uno en su vidriera. Los había de reptiles, de aves y de otros mamíferos como el corazón humano.
Una niña pegó su nariz contra el cristal que contenía el inmenso órgano del cetáceo. ¿Es de verdad o es de plástico? Le preguntó a su acompañante. Horrorizada yo contesté al mismo tiempo que aquella señora "Es de verdad" y desvié la mirada hacia el corazón humano. Me fijé en las arterias seccionadas, algunas del diámetro de un dedo, en los flecos de tejido finísimo adheridos a las aurículas y flotando en el formol como restos espantados de un pasado. Era un corazón como el mio, como el de mi marido, como el de mis hijos. Era un corazón que habría latido más deprisa al sentir el temblor de la adrenalina de un beso, de las primeras caricias, la taquicardia al ver de improviso a la persona de la que se está enamorado, el desorden de su ritmo a manos del desenfreno, la cuna del descanso, el reposo y el agotamiento. Un corazón de alguien que tuvo un cuerpo y una vida, que amó y lloró, quizás gestó criaturas y moldeó sueños, ese corazón flotando en la solución acuosa de una vitrina que lo mantiene a salvo de nuestra incredulidad, la que no se detiene a pensar que llevamos uno igual dentro de nuestro pecho.

jueves, 1 de julio de 2010

Oración por Gabriel García Márquez

El padre de Florentino Ariza, que lo crió y lo cuidó entre las páginas de "El amor en los tiempos del cólera" hasta que se hizo un muchacho, se entregó a la pasión de arder por el aire de la presencia de Fermina Daza y llegó a comprender como el amor es un fin en sí mismo y supo ahondar en la gratificación espiritual de esa agitación durante más de medio siglo, el autor de la saga de los Buendía condenados a vivir en soledad como todos lo estamos, el escritor que esperó treinta años a que muriera la madre de su amigo antes de contar su historia en "Crónica de una muerte anunciada", porque narraba en ella la escalofriante sucesión de circunstancias que llevaron a la muerte hasta la casa de esa mujer, que le cerró la puerta a su propio hijo creyendo que así lo protegía, el infinito universo poblado de estrellas que ha iluminado con sus libros nuestra oscura naturaleza, el gigante Gabriel García Márquez está agonizando.
Antes de retirarse de la vida pública se ha dirigido a sus amigos con una carta de despedida en la que, moribundo, ensalza la vida como esos pájaros que ,con hermosos y turbadores trinos, cantan justo antes de morir. En ella habla como si sus palabras fueran flores blancas que pudieran anidar en nuestros corazones.
Si Dios puede escucharme(precisamente a mí)le pediría que no deje que sufra en su último vuelo nuestro querido maestro. Así que, cierro los ojos y yo que no sé hacerlo, si es preciso aprenderé a rezar para que se escuche mi ruego.

martes, 29 de junio de 2010

Tus manos

En mi sueño
sólo sentía tus manos
y yo era
enteramente de barro.

lunes, 28 de junio de 2010

La esperanza maternal encoje en los armarios.

Cuando acaba una temporada doblamos y recogemos la ropa que ya no se va a utilizar. Guardamos las prendas que a nuestros hijos les quedan grandes, para la próxima estación les estarán bien. Desechamos lo que queda ya visiblemente pequeño, rabicortos los pantalones, alarmantes esas mangas que antes metian siempre en la sopa y ya no les llegan ni a la altura de las muñecas. También conservamos lo qué les queda justo, a sabiendas de que no les va a estar bien dentro de unos meses.
Sin que nosotras lo sepamos, la esperanza de que nuestros niños dejen de crecer es la que decide, ella incluye esas prendas junto al resto y cierra el armario. Esa esperanza no duda en echarle un pulso a la vida, se empeña en batallar ante una batalla a priori perdida, porque esa ilusión es la parte nuestra que aún no comprende el misterio de que nuestros hijos crezcan, de que se transformen y se nos escurran de entre las manos como si sus cuerpos estuvieran hechos de un tiempo líquido, ahora los acunas sin esfuerzo son bebes y en un instante incomprensible algo ha pasado, ya no puedes con ellos cuando te piden que los cojas en brazos.
Ellos crecen de la misma manera que nuestra esperanza encoje en los armarios al lado de la ropa que les queda justa y que ya no se volverán a poner, aunque nosotras la hubieramos guardado.

viernes, 25 de junio de 2010

Toda la piel humana

La frente, las sienes, los párpados rendidos al deseo, el lóbulo carnoso de la oreja y su laberinto interno, el surco mentolabial... los labios.
La textura sutilísima del cuello que desciende hasta los hombros, la exclamación de las clavículas, el hueco supraesternal concebido para acoger el regocijo de la punta de la lengua al verse guarecida en tan sinuoso acople.
Las elevaciones de los pectorales tan dignos de ser mordidos, las cerezas de los pezones, el secreto del ombligo y la promesa que desde allí ha de contemplarse poderosa, colmada como una jarra llena para ser bebida.
Las manos, las yemas exploratorias en el recuento milimétrico de otras orografías, el dedo corazón: único portador del transporte de la vibración.
El vértigo de la espalda, los glúteos que se ofrecen al estilo chino dejando a la vista de él la cerradura del sexo abierta mil veces por su llave, la bolsa de la vida que gusta de ser lamida, el puente del periné que enciende al occidental, el musculo anular que ciñe al hombre como nada en este mundo y se cierra con los prejuicios y se abre maravillosamente si se ahonda, hasta el abandono, en las raíces de la líbido.
La carne adorable de los muslos firmes y el interior de la piel de estos cuya suavidad contrasta con el bosque espeso del pubis, la recepción extrema de las sensaciones del arco plantar, los dedos de los pies... los labios, los labios.

miércoles, 23 de junio de 2010

Mariposas blancas

Las ideas suelen rondarme en cualquier momento, en cualquier lugar, conduciendo, haciendo las camas, fregando los platos, regando las plantas, al escuchar música...pero, sobre todo, cuando paseo por las mañanas.
Tengo cuadernos de notas por toda la casa y hojitas sueltas dentro de los cuadernos, entre los libros, en carpetas, en los cajones, en mi bolso, en mi cabeza.
La eterna lucha pendiente( más que limpiar a fondo la cocina o actualizar la ropa de la plancha) es para mí ordenar mis notas sueltas, que crecen cada día y entre ellas se reproducen con fertilidad incontrolada.
Por las mañanas muy temprano cuando paseo y el día se ofrece como nuevo y yo me siento tan limpia, mientras pongo la mirada en todo lo qué me encuentro, las ideas, los adjetivos más acertados, los títulos, los finales cerrados, torbellino de silbos sin concierto vienen a mí atropellándose en mi pensamiento. Unas veces me detengo, busco en mi mochila, saco uno de esos cuadernos que siempre llevo y anoto deprisa con caligrafía deformada, que luego casi no entiendo. Es el miedo a perder el detalle, el fogonazo, el hilo quebradizo del que después poder tirar para seguir tejiendo.
Otras, sin embargo, las siento aletear en mi cerebro, enjauladas sin espacio, y en lugar de atraparlas no las escribo, sigo caminando y las dejo escapar. Dejo que emprendan el vuelo como mariposas blancas fuera de mi cuerpo.

lunes, 21 de junio de 2010

La llamada de Saramago

Cuando Pilar del Río leyó "Memorial del convento" no sólo pensó que debía de conocer al autor de esa novela, sino que viajó hasta Lisboa para entrevistarlo.
Poco después se enamoraron y José Saramago con sesenta y dos años le dijo, que lo qué no podía ofrecerle era tiempo. Aún así, y pese a la diferencia de edad, han vivido juntos veinticinco años. Él continuó escribiendo en el piso de abajo, ella se convirtió en su traductora oficial al castellano en el piso de arriba. Desde entoncés comenzaron a proliferar las dedicatorias a Pilar. El escritor portugués confesó no haber sabido lo qué era el amor hasta que Pilar no llegara a su vida.
La joven periodista sevillana había captado a miles de kilómetros la llamada que Blimunda le hace a Baltasar Sietesoles cuando en "Memorial del convento" incita a su alma a que vaya hasta ella. Pilar ,yendo más allá del argumento y el escenario novelado, interceptó la intención del autor como si las palabras de Blimunda al decirle a Sietesoles "Ven" le fueran dirigidas sólo a ella. Y ella, dueña de su destino, fue.

El viernes mientras mi hermano( no podía ser otra persona) me daba la noticia sentí que una estrella se apagaba en nuestro cielo, la estrella Saramago que seguirá brillando en las páginas nacidas de su propia mano, esa que le puso nombre a la que yo he hecho parte de mi propia historia personal firmando como la protagonista de "Memorial del convento".
De otra manera, desde que comencé a leerlo, yo también me sentí llamada por el universo Saramago, no como Pilar, a la que me gustaría abrazar y transmitirle un poco de consuelo, sino reconociendo al corazón cercano, al hombre sensible, al maestro.

Para Pilar del Río.

viernes, 18 de junio de 2010

La triste Nefele

Detrás del mostrador de su tienda la puedes encontrar. Ataviada con singular elegancia. Siempre a la última moda, suele llevar ropa cara, a la que no le falta el llamativo detalle de un collar de fantasía a juego con los pendientes y con el color de la blusa o de la rebeca. Acude a la peluquería cada semana, el corte que se lleva, el tinte al día, las cejas bien depiladas, el carmín apropiado a la tonalidad de los motivos estampados en su vestido o en su falda. Sabe realzar sus encantos maquillándose sin excesos, el toque justo para avivar el tono de sus ojos pero sin perturbar la armonía de un rostro tan agraciado como inconsciente de su belleza.
Allí la tienes, tan atractiva y sin embargo, en el momento en el que escuchas la inflexión de su voz, ya sabes que algo tremendo guarda en su pecho, junto al collar de fantasía. Tan exquisitamente vestida y desauciada por completo de cualquier vestigio de ilusión, de alegría. La miras y ves el contraste hiriente, tener dinero más que de sobra y habitar al mismo tiempo en el espacio infinito de un circulo reconcentrado de dolor insondable.
Es la triste Nefele y con su mirada extraviada reina en las nubes de su condena. Es una reina de lo inconsolable que parece haber perdido la capacidad de sonreir como esos relojes antigüos que malogran una piececilla y ya no vuelven a funcionar nunca más.

jueves, 17 de junio de 2010

Bombones rellenos de crema

"(...)Desde que vio por primera vez a Álvaro cada vez que escuchaba el "Soave si al vento" de Cosi Fantute de Mozart, no podía remediar invertir esos cuatro minutos en paladear como si chupara una piruleta la intimidad imaginaria de él. Lo hacía ensimismada con la certeza de que no podía pensarse en otra cosa mejor escuchando esa música. Llegó a alcanzar tal perfección en sus delirios que aprendió a saborear bombones rellenos en esos momentos, de tal manera que al final de la pieza y coincidiendo con el clímax que habría alcanzado él, ella hacía reventar en su boca el jugo cremoso del bombón."

Fragmento de "Llámame Blanca"

martes, 15 de junio de 2010

Amor me sabe a poco

Mientras mi librero habitual le pasa el lector del código de barras al ejemplar que voy a comprarle, mientras lo mete en una bolsita nueva e impecable junto a un punto de lectura, mientras me cobra y me da el ticket con el cambio, él ignora la desazón que a mí me desordena por dentro, las ansías por abrir ese libro y ponerme a leer en ese mismo momento.
Lo guardo en mi mochila como se guarda algo asombroso que acabara de ser creado, no como si fuera un conjunto de hojas de papel impresas sino un corazón humano que palpita entre mis manos.
Como conozco de la felicidad que encierran algunos libros( esa alegría íntima que a páginas llenas tantas veces me han regalado) siempre albergo la esperanza de que el nuevo ejemplar no sea menos en su potencia a los que ya tengo leidos, así que no veo el momento de abrirlo y percibir ese latido.
Hoy quería hacerlo cuanto antes, aunque fuera en plena calle nada más salir de la librería pero, dándole la mano a mi hijo pequeño y cargando varias bolsas no era muy posible, de modo que he tenido que retener el misterio hasta poder desvelarlo en la sala de traumatología, en tanto esperabamos nuestra revisión de rutina.
Allí, al abrirlo por la primera página, el lomo de pastas vírgenes ha cedido ofreciéndome una resistencia de preludio exquisita. Lo primero, la dedicatoria, que bien que decía Borges que es un instante sublime : "A Miguel e Isabel..." Sabiendo que nos podrían nombrar en cualquier momento, consciente de que no tenía mucho tiempo, lo he hojeado y el azar, con la sabiduría de su mano, me ha llevado hasta "Amor me sabe a poco" y con tan solo los primeros versos ya he intuido que ese alma en papel impresa iba a latir para mí y que iba a regalarme minutos impagables de
felicidad.
Luego en casa lo he forrado con escrúpulo( lo hago siempre para salvaguardar las pastas del manoseo, el polvo y las manchas). Esta vez, además, he dibujado unos sencillos pajarillos que atraviesan la portada, "por amor a lo qué vuela" y porque no podía ser de otra manera titulándose "A merced de los pájaros" del poeta malagueño Jesús Cotta lobato.

lunes, 14 de junio de 2010

Cierra los ojos

Anoche, cuando te tumbaste a mi lado, sentí que la mano que me acariciaba pronto estaría a miles de kilómetros de mi cuerpo. Sentí que la próxima vez que volvieras a tumbarte en una cama sería en una cama vacía como lo será la nuestra ésta noche para mí. Y te sentí muy cerca pero echándote de menos ya. Eso sucede cada vez que te vas, es la angustia anticipada de cada despedida.
No sé cuando leerás esto, imagino que en Munich. Sólo quería poder acariciarte allí aunque mi cuerpo se quede en nuestra casa con nuestros hijos.
Y esta noche, cuando extienda la mano y perciba la textura de las sábanas tan frías sin tí, sentiré que al escribirte esto y al tú leerlo en aquel lugar habrá sido como llegar a tocarte desde dónde yo me encuentro.
Que se haga el prodigio de las palabras pues y que tu piel reciba las mil formas de acariciar que encierra una carta clandestina escondida en una maleta, como las que te escondía cuando casí eramos adolescentes.
Y ahora, cierra los ojos, voy a decirte una cosa al oído.

domingo, 13 de junio de 2010

Antoñita: Una flor de música.

El día que te conocí no sabía que eras tú. ¿Recuerdas que lo primero que me dijiste estaba relacionado con tu afición a leer sin reparar en el nombre del escritor? A mí me pareció tan raro, yo que guardo un celo especial por nombrar al autor de cada pensamiento( debe de ser un residuo profesional, algo que me marcó cuando estudiaba en la facultad). Luego fueron tus comentarios( en el club de lectura) y pronto adiviné que, efectivamente, tus ojos incisivos se correspondían con esa cualidad del alma que penetra en las cosas y no las deja escapar sin haber desmenuzado antes parte de su misterio vital.
Admiro tu don de palabra( ese que yo no tengo) como se nota que llevas una letrada dentro que te respalda, la que coge su maletín y va a defender a su hermana. A esa legisladora no quisiera encontrármela yo en ningún juzgado siendo el abogado defensor de la parte contraria. Ya sabes cuánto me gustaría que la sacaras, se llevaría bien con mi Blimunda, que anda un poco despistada.
Tú me animas si me preparo las oposiciones o si las dejo colgadas, si organizo el club de lectura o si digo que no sigo llevándolo. Si escondo mis poemas me regañas y si mis correos se espacian, porque ando volada con el blog, tú lo entiendes y me sigues respondiendo íntima y palpitando en cada palabra.
De igual manera es admirable tu gusto para el color, para peinarte, tus manos con los detalles y en tu jardín(¿quién supera esa belleza?), el amor que te rebosa cuidando a tu padre, la madre amiga que revive su adolescencia en las dudas de una
hija confidente, el arte de con muy poco hacer una obra de arte. Del mercadillo compras un retal y al pasar por tus tijeras y tus manos de Serezade se transforma en objeto de un mundo fascinante.
Eres toda nervio, insomne, incansable y a la vez exquisita en tu sensibilidad para captar emociones y discernir silencios, para penetrar en los sentidos de los argumentos, para ver con los ojos del alma, los mismos que desde mi alma te vieron.
En tantas cosas me siento tu hermana...¿Qué más puedo decir? Entre el ruido, que tantas veces me rodea, tú eres, para mí, una flor de música. Toñi, Tournesol, Antoñita... un regalo de la vida, mi amiga.

jueves, 10 de junio de 2010

Carta para Antonio Muñoz Molina III

...Lo qué escribo un día no me parece aceptable a la mañana siguiente, tacho sin piedad deshilando como Penélope y, a veces, no se salvan más que un par de párrafos o alguna frase peregrina. Esto unido al poco tiempo del que dispongo para trabajar hacen de mis relatos lentas maquinarias, que avanzan con la parsimonia milimétrica de un caracol narrativo extenuado por sus propias exigencias. Siendo así, en este panorama la lectura para mí es algo vital. No entiendo la vida sin leer lo mismo que no entiendo la vida sin crecimiento, o el árbol sin raíces o la mariposa sin su vuelo.
La lectura, también hay que decirlo, en numerosas ocasiones me lo ha vuelto todo mucho más complicado, como ocurre con mi manera de entrelazar los hilos argumentales o los puntos de vista(¡Oh dios mio los puntos de vista! El punto de vista puede llegar a anularme durante semanas aunque tenga una historia de la que conozco incluso el final).
En este marco, con cada uno de sus libros intento determinar en qué consiste su escalpelo estético a la hora de diseccionar la realidad y de adjetivar con tan singular maestría(por ejemplo). Con Usted le he perdido el miedo a las subordinadas y a hablar de mí misma, de justificar lo qué me hiere, de describir el mar que me habita ondeando, con tanta frecuencia, bandera roja en mis playas interiores.
De cualquier forma, escribir y amar son los movimientos más puros que hay en mí y Antonio, Usted me ayuda a continuar haciéndolo, me ayuda a perseverar y a ser yo( madre y esposa, licenciada en filosofía, ama de casa que escribe, después de pasar la mopa, cada mañana mientrás sus hijos están en el colegio).
Y por qué tendría que guardar mi Gratitud exclamativa sin que Usted lo sepa nunca. No quiero que eso ocurra, aunque pueda parecerle un atropello, o un atrevimiento o una indiscreción o un desatino. Es el riesgo que corro, con frecuencia la vida me agita locamente. Perdóneme si le he incomodado. Perdóneme.
Sólo decirle que al escribirle esta carta me quedo mñas tranquila(creo que me comprenderá). De modo que si la vida, alguna vez, lo coloca en mi camino no tendré miedo a no decirle lo qué Usted significa para mí.
Y así podré quedarme callada en paz, con la Gratitud en la mirada siempre, siempre.

Si me lo permite le abrazo con todo mi corazón.
MarisaTGracia.

miércoles, 9 de junio de 2010

Carta para Antonio Muñoz Molina II

...En particular con sus libros yo experimento la magia de esa fortuna de espejos en los que te ves reflejado desde la intimidad. Ese reflejo me ayuda a vivir, a crecer y a percibir que no estoy sola. Hay parcelas de nuestras almas que podemos compartir con muy pocas personas, algunas con nadie. A ese tipo de regiones subterráneas me refiero, a un mundo que creía sólo mio. Que equivocada estaba y me di cuenta de ello cuando comencé a leer sus libros.
Supongo que leo porque me busco, las endorfinas que invaden mi torrente sanguineo, al verme en lo qué otra persona ha escrito, son casí tan embriagadoras como las que me sacan en volandas de alegría por mi ventana cuando atino a expresar con palabras mis ideas, mis emociones. Una vez un amigo me preguntó que por qué leía, yo le dije que algunas veces me veía reflejada. ¡Ah! Te identificas con los personajes, comentó. Y no es eso, al menos no lo es del todo. Se trata más bien de captar un modo de sentir semejante al tuyo, una manera de pensar que creías solo tuya. Se trata de la felicidad redonda de ver impresas las descripciones que tú jamás hubieras soñado realizar o leer la maravilla de ese radiante final en el que el protagonista se consagra a Dog, Soid, Brausen, Elohim...con una originalidad tal que tú nunca hubieras soñado concebir.
Y no sé si es porque leo, por lo que también escribo. Al enviar alguno de mis trabajos en un sobre acolchado a un concurso literario y ver el modo impersonal con el que el funcionario de correos pesa el paquete y le pega los sellos, siento como si lanzara lo qué escribo a las aguas de un océano incierto del que no recibo respuesta. De manera que no me queda otra, que escribir sin esperar. Me basta con el mero hecho de hacerlo, es cómo gestar, parir y educar historias que van a extraviarse a ese océano sin que nadie las lea. Pero la necesidad más acuciante es la de seguir gestando a fuerza de tachar, substituir, emborronar y pulir, pulir los textos hasta hacerlos brillar como si ese movimiento fuera el mismo gesto que orienta al hibisco hacia la luz de su floración, como si solo así pudiera descansar, como si la necesidad de escribir fuera una hoguera que reclamara estar siempre viva, a la que hay que echar leños y leños de horas, de lápices, de páginas, páginas de esquemas, páginas a sucio, páginas corregidas y páginas mecanografiadas, limpias, definitivas.
Sin embargo el reclamo de la hoguera quema más apagada. Si no escribo soy un ser intratable, irascible y hostil. No escribir es lo mismo que sumergirse en la anoxia del aplazamiento constante. Yo sigo escribiendo mejor o peor, continuo retroalimentando el fuego de mi autocombustión porque, para mí, escribir y arder es lo mismo.
(Continuará)

martes, 8 de junio de 2010

Carta para Antonio Muñoz Molina

Creo que si alguna vez en mi vida Usted estuviera delante de mí esperando que le hiciera una pregunta, yo sería absolutamente incapaz de abrir la boca. Me daría miedo decir cualquier incongruencia y, sobre todo, no acertar, con cuatro comentarios superficiales, a transmitir los matices de los que está hecha mi admiración por su obra, por sus valores, por su forma de sentir la escritura... Y eso sería una pena porque Usted tiene que saber todo esto, o al menos, yo siento la necesidad de que así sea guiada por la energía del agradecimiento que experimento al leer algo suyo.
Cuando estoy leyendo un libro que Usted ha escrito: hago anotaciones en los margenes de los párrafos, les leo páginas enteras en voz alta a mi marido y a mis hijos, subrayo las frases que ya estaban en mi mente y en mi corazón y que en sus textos hallo con tanta frecuencia(como si operara una suerte de misterio a mi favor porque todo lo qué no sé concretar con palabras lo encuentro de su mano allí, limpio y sencillo una vez ha pasado por el tamiz de su verbo), tomo notas de cómo configura sus argumentos, de cómo cifra la información, de cuándo aparecen y desaparecen sus personajes de la escena... Admiro su capacidad metafórica, esa maestría fulminante para adjetivar, la forma tan singular como propia de atrapar los comportamientos, las actitudes, los sentimientos, los paisajes, con el bisturí certero de su dominio del lenguaje, preciso hasta el milímetro, hasta agotar todas las distancias posibles entre significado y significante.
Como Miguel Hernández escribía acerca de Pablo Neruda, a mí también me dan ganas de "echarme puñados de arena a los ojos, de cogerme los dedos con las puertas, de trepar hasta la copa del pino más alto y dificultoso" para expresar la fascinación que despierta en mí.
Una vez leí que Usted hablaba con Francisco Ayala de la felicidad de leer a Proust(que comparto). Pues bien, yo siento la felicidad de leer a Antonio Muñoz Molina. Me sumerjo en su universo narrativo y me dejo llevar por la gratificación de sus propuestas intelectuales, de sus recorridos emocionales que tantas veces me zarandean, o me revolucionan, o me regalan un pedazo de cielo.
(Continuará)

lunes, 7 de junio de 2010

Mi hermana Katherine Mansfield

Unos días antes de morir, con treinta y cuatro años, Katherine Mansfield escribió en su diario:
<< Quiero la tierra y sus maravillas: el mar, el sol. Quiero penetrar en él, ser parte de él, vivir en él, aprender de él, perder todo lo que es superficial y adquirido en mí, volverme un ser humano consciente y sincero. Al comprenderme a mí misma quiero comprender a los demás. Quiero realizar todo lo que soy capaz de hacer...trabajar con mis manos, con mi corazón, con mi cerebro. Quiero tener un jardín, una casita, hierba, animales, libros, cuadros, música. Y sacar de todo esto lo qué quiero escribir; expresar todas estas cosas... Quiero vivir la vida cálida, anhelante, viva, tener raíces en la vida, aprender, desear, saber, sentir, pensar, actuar, eso es lo que quiero, a dónde debo tratar de llegar>>
Y siempre que leo sus palabras tengo la ilusión de que he sido yo la que lo ha escrito, de tantos ecos como resuenan en sus frases, de tanta alma espejada en su misma alma que abrazo y retengo como se abraza a una hermana, inesperada, que nos sorprende con su magia.

viernes, 4 de junio de 2010

En las negras aguas de su ausencia

Durante todo el año mantengo algún tallo fresco, que echa raíces en el agua cristalina del florero, junto a su fotografía. Algo vivo que se esfuerza por perseverar en su ser y que se agarra a la substancia nutritiva del líquido que le ofrezco.
Esa forma de enraizar se parece a mi empeño por no olvidarla. Yo también soy una de esas plantas que crecen al lado de su imagen echando raíces, pero de otra manera.
Ahora en primavera no le falta una flor, gazanias, rosas, lobelias pasan por su lado sin que ella pueda verlas. Aún así, para mí mantener ese rincón de la casa límpio y con un ser vegetal, que yo misma he cultivado, es como sostener su recuerdo por medio del color. Y todavía sigo escuchándola( y eso que dicen que la voz es lo primero que se nos escapa), la veo nitida ante mí queriéndome con la mirada.
Pero ella no está, son mis raíces que se multiplican y proliferan y se me enredan en la angustía de que ya no la tengo. Son mis raíces creciendo como locas en las negras aguas de su ausencia.

jueves, 3 de junio de 2010

Océano interior

Quizás no pueda contenerse
un océano
en un vaso pequeño,
algo ha salido mal
pues eso han hecho
con mi cuerpo.

miércoles, 2 de junio de 2010

Amigos y antagónicos: un misterio llamado Felipe y Almudena.

Cuando Andrés discute de política con Felipe y Almudena yo me suelo mantener al margen. Él no se siente atemorizado por la munición ofensiva que Felipe le dispara con precisión y puntería, si lo derrota se levanta y se saca una nueva observación de la manga sobre la que Almudena se lanza hasta que la revienta con maestría dialéctica, fulminante como es ella, provista de su arsenal argumentativo, el mismo que te tumba y que te machaca.
Felipe vive sus planteamientos, los expone con precisión matemática. Yo veo el armazón silogístico planeando sobre nuestras cabezas, sus ojos de oliva y almendras adquieren un tono si cabe más enérgico, el brillo y la intensidad de su mirada se unen a la potencia de lo que expone con orden minucioso, con precisión y con tanto respeto. La entonación de la voz le acompaña, ese metal templado cuya inflexión se va expandiendo conforme acelera su discurso pero que siempre vuelve al punto de partida, tranquilo y tan seguro de lo qué dice.
Luego, Andrés intenta sacar conclusiones y, aún mucho tiempo después, sigue dando vueltas en su cabeza la maquinaria liberal que Felipe y Almudena nos han enseñado. Aunque tienen posturas enfrentadas al comentarle que he quedado con Almudena, él me dice: si está Felipe me voy contigo. Y siempre vuelve la política y yo que me repliego porque, los observo ma-ra-vi-lla-da, pero he de confesar que no comprendo absolutamente nada.

martes, 1 de junio de 2010

Irena Sendler o dos mil quinientas estrellas en un tarro de cristal.

Desde que comenzó a trabajar en el getho de Varsovia la joven Irena Sendler solía regresar a su casa con las manos manchadas de tierra. Allí llegó a desempeñar numerosas ocupaciones, desde enfermera a desatascadora de tuberías. Entraba conduciendo un carromato, su perro ladraba con obstinación a los guardias que les abrían las puertas. Llevaba sacos de arpillera en los que transportaba materiales para sus ocupaciones y una gran caja de herramientas con doble fondo.
Imagino la adrenalina trepidando en su sangre antes de salir del getho con una criatura escondida en el fondo de esa caja. También los sacaba en cestos de basura, en ataúdes, en bolsas de patatas, en ambulancias como víctimas del tifus.
Imagino el terror de esos chiquillos allí metidos, separados de sus padres, temblorosos, masticando el peligro con la boca seca, meándose encima, perdidos en los interminables minutos que durara el trayecto. Mientras, los ladridos pertinaces intimidaban a los guardias y conseguian amortiguar los sollozos de los niños y el ruido sordo del miedo.
Imagino que es mi hijo pequeño el que se mete en esa caja o en un ataúd y mi hijo mayor el que va entre los desperdicios nauseabundos de un cesto de basura.
Imagino la perspectiva ciega de aquellos padres, que confiaron en Irena sin saber verdaderamente qué era lo mejor, el pánico( materializándolo todo) de una madre, que acurruca a su bebé en el interior de una fría caja de herramientas, y que quiere morirse porque no sabe si no lo estará enviando a una muerte segura en el caso de que Irena sea descubierta.
Terminaron por hacerlo. Fue detenida y torturada en la infernal prisión de Pawiak pero ella, un corazón latiendo con la sangre de miles de corazones, no delató a nadie.
En tan sólo año y medio Irena Sendler logró salvar a dos mil quinientos niños. Guardaba sus nombres en un tarro de cristal que escondía, junto a las raíces de un manzano, en el jardín vecino.
Murió el 12 de mayo de 2008 habiéndo cultivado miles de estrellas entre las raíces de un árbol.

domingo, 30 de mayo de 2010

Amen

Ayer Juan me preguntó: Mamá ¿Qué forma tendrán nuestras almas? ¿Cómo nos reconoceremos en el cielo? Yo me quedé muy parada pero no tenía más remedio que enfrentar su cara de ojos nuevos y espectantes. Haciendo malabares entre la angustía de mi agnosticismo y la luz del buen cielo en el que él se imagina a sus abuelos, le contesté que hay cosas que no entendemos muy bien cómo las sabemos hacer pero que las hacemos, como cuando tú o tu hermano estabais en mi barriga y antes de que os moviérais yo ya sabía que íbais a hacerlo y papá, que tenía la mano sobre mi piel,abría mucho los ojos sin poder comprender cómo yo lo había averiguado. No fallaba nunca. Le decía, pon aquí la mano, papá se esperaba, debajo la barriga como una sandía, tú dentro buceando,¡ahora! y te movías. Cariño,yo creo que debe de ser algo así. Entonces la que pasó a estar espectante fui yo, redoble de tambores y mientras él movía de forma afirmativa la cabeza dijo: Ya, ya...será mamá que yo te reconoceré porque al llegar dónde tú estés sentiré lo mismo que siento cuando me abrazas y me das besos ¿verdad?
Respiré hondo(muy hondo) y me sorprendí a mí misma dejándome llevar por las consoladoras aguas de esa imagen.
Que así sea.

viernes, 28 de mayo de 2010

La felicidad

La primera vez que entró la muerte en mi casa yo aún no había cumplido los tres años. Esa mañana es uno de mis primeros recuerdos y el más incisivo, el más descarnado.
Mi recuerdo es una niebla de la que surge el dolor incontrolado de mi madre como un rio que se la llevaba, un agujero abierto en su pecho que la iba devorando. Extraviada, ante lo incontenible de ese mar interior de lagrimas que le brotaba con más profusión y vehemencia de la que ella era capaz de ir sufriendo, allí estaba sobre el regazo de la cama derrumbada. La niña de casi tres años no le vio la cara, para estremecerse le bastó con escuchar aquel clamor, un alarido bronco y profundo entrecortado por sollozos audibles y sollozos mudos que, a falta de sonido, la movían con la mano invisible de la fatalidad. Mi madre no notó el cuerpecillo menudo que se encajaba a sus espaldas entre la pared y la mesilla de noche.
Nadie me sacó de allí, así que toda esa angustía me horadó el corazón y se alojó hiriente en mi recien estrenada memoria infantil. La que lloraba de esa manera era mi madre, como si el llanto fuera un fuego y ella de madera. La que yacía sin vida era mi hermana, tenía siete años.
Mucho tiempo después, habiendo ingresado yo misma en las turbulencias de la maternidad, un buen día leí un proverbio chino y sólo entonces comprendí por completo a mi madre: "La felicidad es no ver morir a ninguno de tus hijos".

jueves, 27 de mayo de 2010

Ulises en Hacienda

Me gusta mucho leer en voz alta, no lo puedo remediar(ni quiero),al contrario, aprovecho la ocasión siempre que puedo como hace unos días en la sala de espera del Ministerio de Hacienda.
Trás pasar el detector de metales recogimos nuestro número y a esperar. Dado que en esa misma sala hemos llegado a estar horas aguardando nuestro turno, yo iba preparada con el libro de Jesús Cotta "Ulises y las sirenas. El dilema de la infidelidad". Pues nos sentamos y saco de mi mochila el citado ejemplar. Voy a leer, le digo a mi marido que se queda muerto(más que si le hubieran dicho que le salía a pagar una cuantiosa cantidad, que por cierto no tenemos). ¿Aquí? Esa pregunta quería decir: Marisa, por favor, estás muy mal, cómo vas a leer en voz alta ese libro que habla sin pelos en las palabras de... de lo que habla vamos. Yo entendí su mirada de espanto, que por algo llevo viviendo con él más de veinte años. Y él entendió, que no solo pensaba sino, que estaba decidida a leerlo pese a que estuvieramos rodeados de gente.
Como había vocerío de fondo, entre el ruido del tráfico que provenía del exterior y ese ambiente sonoro cargante de algunos lugares públicos, el tono de mi voz se fue diluyendo por los derroteros del amante socrático* y era a penas imperceptible para los que estaban más cerca de nosotros. Pero hubo un instante en el que levanto la vista y me encuentro con unos ojos acusadores, jubilado con cara de cenar más de la cuenta y de no haber leído nunca a Neruda. Un infiel por pereza*, pensé. Entonces pongo más vertical aún el volumen(para que se viera mejor el titulo y el autor)y en un segundo surge un brillo en esas pupilas que no llegué a descifrar porque apareció nuestro número en la pantalla. Hacienda tan inoportuna y desconsiderada como de costumbre,aunque tenga al mismísimo Ulises en su sala de espera.

*Véase "Ulises y las sirenas. El dilema de la infidelidad" de Jesús Cotta Lobato.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Te doy mi alma desnuda

A menudo me dices "léeme algo" y, si están los niños rondando o no dejan de pelearse, si no paran de enseñarnos sus dibujos y de contarnos sus andanzas, si te reclaman para que eches con ellos unas canastas, si estoy cansada o tengo mucho sueño, termino por no hacerlo.
Hoy releyendo a Juana de Ibarbourou he encontrado reflejos de mi mundo en su pasión y en la felicidad pulida de sus versos. Espejada así he llegado a "Te doy mi alma desnuda" y estoy deseando de que llegue la noche para leértelo, como a ti te gusta.

martes, 25 de mayo de 2010

Banda sonora

Cada mañana, cuando dejo a mi hijo pequeño en el colegio y regreso a casa,voy escuchando música por el camino. Radio clásica suele sorprenderme y es ella la que le pone banda sonora a los transeúntes(animales rutinarios)con los que coincido a diario y que me cruzo por el camino, a las calles repetidas, a la lluvia o al sol nuevo del día.
Esa música es también la banda sonora de mi paisaje interior, con gran alegría descubro, en numerosas ocasiones, que las melodías y mi estado de ánimo coinciden.Entonces prefiero que los semáforos se me vayan poniendo en rojo. No tengo prisa. Es el momento más limpio del día. La perspectiva de las horas a sólas, el trabajo gustoso en la casa vacía y, hasta que llego allí,el ritmo que me cuenta cosas de mí que ni yo misma conocía.

domingo, 23 de mayo de 2010

Un mundo lento

Cuando despierto una mañana de domingo oigo como juegan mis hijos en mitad del silencio. Son minutos pausados hechos de un material tranquilo, inusual, que sólo habita en los días festivos. Los sonidos de sus voces llegan hasta mi cama como si procedieran de un mundo lento y calmo. El pequeño tragina con sus monstruos y con sus piezas, sube y baja por las escaleras haciendo ruiditos,chisss,plof,tatatataaaa,sumergido en una dimensión intemporal con su escafandra de viajero imaginario. En esos momentos no suelen pelearse,hablan de sus cosas y colaboran,a su manera,haciéndose el desayuno o cogiendo de la estantería juegos que casí habían olvidado que existían. Y a la hora de los dibujos animados y con ese sonido de fondo ,que nos garantiza una tregua, tú entras en nuestra habitación, en la que yo me demoro con pereza, y echas el pestillo de la puerta.

viernes, 21 de mayo de 2010

Antes que mi cuerpo

Antes que mi cuerpo
toma mis tristezas,
las tengo de todos los tamaños
y como las de nuestro poeta
son mariposas negras

jueves, 20 de mayo de 2010

Sobre mi piel

Todavía llevo
tu sangre blanca
sobre mi piel
como un ala
que el amor me huntara
con tus manos
de amante
colmado ayer,
como el agua viva
rebosada de tu jarra
y para ese manantial
solo mi sed.

Todavía llevo
tu sangre blanca
sobre mi piel
como una caricia en germen
que no dejara de crecer.


Nota:La expresión "sangre blanca" no es una lechuga que haya crecido en mi huerto, la emplea Marguerite Yourcenar en Opus Nigrum y en concreto ella dice"La sangre blanca del amor" que a mí me parece un acople excelente y magistral entre imagen y realidad, por lo que me he permitido la libertad de utilizarla.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Mentores

La trilogía personal constituida por una amiga, mi compañero y la voz de un poeta apadrinan éstas aguas.
La idea de éste espacio la sugirió mi amiga Almudena y fue entonces que comenzó a crecer, dentro de mí, como una semilla que hubiera encontrado un trozo de buena tierra. Mientras que a mí me comían las dudas, ella ya lo veía todo claro con esa inteligencia suya vertiginosa, arrollándome con su vehemencia de hacedora de mundos. Ella que me intuye y me ve venir y me despierta, siempre, como despierta el bulbo de su reposo biológico.
Junto a la energía arrolladora de Almudena ha ido el entusiasmo y el apoyo de mi compañero. Andrés, que se desvive por verme contenta, cuando vio aletear en mí la posibilidad de este cuaderno, no dudó un segundo en trabajarse todo el proceso informático para hacer mis alas más ligeras.
La prosa poética de Cernuda(homónima de este blog)fue el toque final. Y como con todo lo que escribo, ya sea poema, relato o diario, aquí también tengo la sensación de que lo escribo en el agua.
 
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