viernes, 28 de mayo de 2010

La felicidad

La primera vez que entró la muerte en mi casa yo aún no había cumplido los tres años. Esa mañana es uno de mis primeros recuerdos y el más incisivo, el más descarnado.
Mi recuerdo es una niebla de la que surge el dolor incontrolado de mi madre como un rio que se la llevaba, un agujero abierto en su pecho que la iba devorando. Extraviada, ante lo incontenible de ese mar interior de lagrimas que le brotaba con más profusión y vehemencia de la que ella era capaz de ir sufriendo, allí estaba sobre el regazo de la cama derrumbada. La niña de casi tres años no le vio la cara, para estremecerse le bastó con escuchar aquel clamor, un alarido bronco y profundo entrecortado por sollozos audibles y sollozos mudos que, a falta de sonido, la movían con la mano invisible de la fatalidad. Mi madre no notó el cuerpecillo menudo que se encajaba a sus espaldas entre la pared y la mesilla de noche.
Nadie me sacó de allí, así que toda esa angustía me horadó el corazón y se alojó hiriente en mi recien estrenada memoria infantil. La que lloraba de esa manera era mi madre, como si el llanto fuera un fuego y ella de madera. La que yacía sin vida era mi hermana, tenía siete años.
Mucho tiempo después, habiendo ingresado yo misma en las turbulencias de la maternidad, un buen día leí un proverbio chino y sólo entonces comprendí por completo a mi madre: "La felicidad es no ver morir a ninguno de tus hijos".

8 comentarios:

Clochard dijo...

Como una losa. Como la contundencia del golpe de una roca aplastando una cabeza. Como una amante que juega sucio y no sabe perder. Como una mirada de cinismo desde un tren que nos deja en tierra. Así puede que sea la muerte. Y parte de la felicidad se debe basar en aprender a morir y tener la suerte de llegar a conseguirlo.

felicidades, Blimunda.

Blimunda dijo...

Clochard: Creo que está bastante claro por qué insisto tanto en que abras tu propio blog. La que te tiene que felicitar soy yo y con tu permiso, quiero decirle al respetable que el que escribe así es MI HERMANO!!!!!!
Besos y mucho Antonio Muñoz Molina!

tournesol dijo...

Aunque nuestra amistad es corta en el tiempo,cada día cuando hablamos te siento tan cercana que creo que te conozco mejor que a muchas de mis amigas de la infancia.Nos hemos contado tantas cosas en tan poco tiempo que hoy, al leer tu entrada, me he sentido muy impactada. No creo que los niños a esa edad comprendan muy bien lo que supone la muerte, pero estoy segura de que el dolor desgarrador que percibiste en tu madre fue suficiente para que entendieras todo.

Clochard: comparto tu reflexión sobre la felicidad y tambien la de Blimunda pero...¿qué os parece si nos acercamos a ella pasando una estupenda tarde de barbacoa?

Un beso muy fuerte y si alguna vez necesitas a alguien que sea lo más perecido a una hermana pues.....

Blimunda dijo...

Tournesol: Después de leerte me he quedado muy quieta y no podía escribir en el teclado, eran tus palabras y tu ofrecimiento que me estaban creciendo en el corazón como una flor y me han dejado sin aliento.
Aquel llanto desgarrador es una de mis mariposas negras. No sabes cómo me alegra que personas como tú recojan ese vuelo.
No sé cómo despedirme hoy de ti. Te quiero mucho.

Anónimo dijo...

Es curioso cómo hemos estado juntos y no hemos llegado nunca a hablar de estas cosas. Y por medio de un teclado, fluyan las ganas de compartir con almas afines, un trozo de nosotros mismos.
Para mí la muerte da sentido a la vida, y cuando estoy abrumado pienso que todavía puedo seguir viviendo.

Siete Soles

Blimunda dijo...

Siete Soles: Si tú me dices que nunca hemos llegado a hablar de estas cosas no debes de ser el Siete soles que yo conozco ¿Quién eres entonces?
Pero sea como sea, te recordaré que para mí esta vida es la única que tenemos y que por eso por las noches antes de dormir ,cuando me das la mano, me siento un poco a salvo del vértigo de haber agotado otro día más.

Anna Jorba Ricart dijo...

Conmovedor texto y precioso...
Es antinatural para una madre vivir la ausencia de un hijo...lo más dificil seguir viviendo con ese recuerdo y esa pena...

Blimunda dijo...

Gracias Ana por tus palabras.

Sí que lo es, totalmente anti natural, mi madre continuó pensando y queriendo a mi hermana todos los días de su vida, jamás la olvidó. Aprender a vivir con esa herida fue terrible para ella.

Un fuerte abrazo!!!

 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License