miércoles, 2 de junio de 2010

Amigos y antagónicos: un misterio llamado Felipe y Almudena.

Cuando Andrés discute de política con Felipe y Almudena yo me suelo mantener al margen. Él no se siente atemorizado por la munición ofensiva que Felipe le dispara con precisión y puntería, si lo derrota se levanta y se saca una nueva observación de la manga sobre la que Almudena se lanza hasta que la revienta con maestría dialéctica, fulminante como es ella, provista de su arsenal argumentativo, el mismo que te tumba y que te machaca.
Felipe vive sus planteamientos, los expone con precisión matemática. Yo veo el armazón silogístico planeando sobre nuestras cabezas, sus ojos de oliva y almendras adquieren un tono si cabe más enérgico, el brillo y la intensidad de su mirada se unen a la potencia de lo que expone con orden minucioso, con precisión y con tanto respeto. La entonación de la voz le acompaña, ese metal templado cuya inflexión se va expandiendo conforme acelera su discurso pero que siempre vuelve al punto de partida, tranquilo y tan seguro de lo qué dice.
Luego, Andrés intenta sacar conclusiones y, aún mucho tiempo después, sigue dando vueltas en su cabeza la maquinaria liberal que Felipe y Almudena nos han enseñado. Aunque tienen posturas enfrentadas al comentarle que he quedado con Almudena, él me dice: si está Felipe me voy contigo. Y siempre vuelve la política y yo que me repliego porque, los observo ma-ra-vi-lla-da, pero he de confesar que no comprendo absolutamente nada.

5 comentarios:

Clochard dijo...

Me recuerda a la tertulia de algunos de los personajes de Paz en La Guerra; obra en la que Unamuno además de describir una etapa de la historía de España nos muestra la sencillez y el absurdo de cada postura; esas gentes que hablan y discuten cosas de las que no se pueden llegar a imaginar lo poco que se aproximan a lo que en realidad pasa por la cabeza de los que se encargan de tomar decisiones. Resultan el calco de las marionetas necesarias para echarle leña al fuego, los troncos que necesita la fogata de la eterna controversia; el caso es no estar nunca de acuerdo. Los eternos insatisfechos nunca llegan a nada.

Se derrochan demasiadas energías en favor de las aves carroñeras, sea cual sea la estirpe política a la que pertenezcan. Estoy de acuerdo con Saramago; la manera más justa de ir a las urnas es votando todos en blanco, vease Ensayo Sobre La Lucidez, diciéndoles que no queremos a ninguno.

Por cierto, lo acontecido en los últimos días entre el partido del gobierno y el de la no oposición en España deja bien claro el grado de cualificación política de los hombres en manos de los que se encuentra el timón del barco del que, aunque parezca mentira, solo conocen los camarotes de oficiales.


BESOS, PROSAS Y VERSOS.

Blimunda dijo...

Clochard: No es esa mi impresión cuando los veo discutir. Yo siento que es un LUJO tener amigos así, que piensan de modo totalmente opuesto a cómo piensas tú pero que TE RESPETAN!!!! Y de politica yo no entiendo pero pienso que me lo pierdo, porque parece muy, muy interesante. Un beso y un abrazo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Ah, qué bien los has retratado. A mí me pasa exactamente igual que a tu marido. Saco argumentos y argumentos de la manga y luego se me quedan en la cabeza los suyos, no los míos. A mí me encanta encontrar con ellos temas de controversia, porque son de las pocas personas con las que se puede discutir sin enfadarse y sin insultarse. Me alegro de tener contigo estos amigos comunes. Besos.

Blimunda dijo...

Jesús: Es verdad, son de las pocas personas con las que te enfrascas pero bien y no pasa nada. Con ellos se trata del placer de la discusion por la disparidad pura que se enfrenta, pero eso no es ofensivo para nadie sino un estímulo intelectual. Tengo que repetir que son un jujazo.
La alegría es recíproca. Besos y versos!!!

Blimunda dijo...

Quería decir lujazo y he puesto "jujazo"

 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License