domingo, 13 de junio de 2010

Antoñita: Una flor de música.

El día que te conocí no sabía que eras tú. ¿Recuerdas que lo primero que me dijiste estaba relacionado con tu afición a leer sin reparar en el nombre del escritor? A mí me pareció tan raro, yo que guardo un celo especial por nombrar al autor de cada pensamiento( debe de ser un residuo profesional, algo que me marcó cuando estudiaba en la facultad). Luego fueron tus comentarios( en el club de lectura) y pronto adiviné que, efectivamente, tus ojos incisivos se correspondían con esa cualidad del alma que penetra en las cosas y no las deja escapar sin haber desmenuzado antes parte de su misterio vital.
Admiro tu don de palabra( ese que yo no tengo) como se nota que llevas una letrada dentro que te respalda, la que coge su maletín y va a defender a su hermana. A esa legisladora no quisiera encontrármela yo en ningún juzgado siendo el abogado defensor de la parte contraria. Ya sabes cuánto me gustaría que la sacaras, se llevaría bien con mi Blimunda, que anda un poco despistada.
Tú me animas si me preparo las oposiciones o si las dejo colgadas, si organizo el club de lectura o si digo que no sigo llevándolo. Si escondo mis poemas me regañas y si mis correos se espacian, porque ando volada con el blog, tú lo entiendes y me sigues respondiendo íntima y palpitando en cada palabra.
De igual manera es admirable tu gusto para el color, para peinarte, tus manos con los detalles y en tu jardín(¿quién supera esa belleza?), el amor que te rebosa cuidando a tu padre, la madre amiga que revive su adolescencia en las dudas de una
hija confidente, el arte de con muy poco hacer una obra de arte. Del mercadillo compras un retal y al pasar por tus tijeras y tus manos de Serezade se transforma en objeto de un mundo fascinante.
Eres toda nervio, insomne, incansable y a la vez exquisita en tu sensibilidad para captar emociones y discernir silencios, para penetrar en los sentidos de los argumentos, para ver con los ojos del alma, los mismos que desde mi alma te vieron.
En tantas cosas me siento tu hermana...¿Qué más puedo decir? Entre el ruido, que tantas veces me rodea, tú eres, para mí, una flor de música. Toñi, Tournesol, Antoñita... un regalo de la vida, mi amiga.

4 comentarios:

Clochard dijo...

Quien tiene un amigo tiene un tesoro, un codo con codo en muchos de los esfuerzos , una empresa en común en algunos de los sueños, un alma cercana con la que son cómodos los silencios.

Quien tiene un amigo encuentra en él el refugio para apaciguar el chaparrón del mal tiempo, para comprobar que uno no está loco, para tirar para adelante sin pegarse un tiro en la tapa de los sesos, para venderle el alma al diablo y que no se enteren otros.

Quien tiene un amigo tiene un rayo de luz, un bastón en el que apoyarse, una carta boca arriba, una partida de pocker sin faroles, un vaso de agua limpia.

Blimunda se Tournesolea lapiz en mano, Tournesol se Blimundece regadadera en pos del verde que crece, entre ambas se establece un jardín repleto de panes y de peces, de libros intercambiados, de lenguajes de signos en un mismo punto encontrados.

Gracias por la generosidad humana con la que conseguis el aroma de vuestros alrededores.

Blimunda y Tournesol: Besos, prosas y versos

Blimunda dijo...

Clochard: gracias a ti por tu prosa tan cercana, que viene a darnos un abrazo como si de ti en persona se tratara.
Sí, tener verdaderos amigos es un solaz para el alma... Y Antoñita es uno de esos tesoros en mi corazón.
Cuídate. Muchos besos.

Anónimo dijo...

Admiro la forma en que expresa el carácter de su amiga. Hasta el más mínimo rasgo, aunque sea una nimiedad, parece una cualidad maravillosa descrita de esa manera. Creo que la persona a quien se dirige debe de estar muy orgullosa de lo que le ha dedicado usted. Lo único que debo decirle en contra, si se me permite la insolencia, es que la tal Antoñita no parece tener ningún defecto. Me gustaría que conviviese con ella un par de meses... Por todo lo demás, gracias, es usted encantadora.

Blimunda dijo...

Anónimo: No es una insolencia y se lo permito, claro que sí.
Imagino que mi Antoñita tiene que tener algún defecto, lo que pasa es que yo he escrito desde el material del que se componen la complicidad, la amistad, el cariño, la cercanía, la afinidad, la inmensa dicha de saberse teniendo un amigo, y esa materia sabe solventar bastante bien los aspectos negativos que todos tenemos.
Gracias por su amabilidad.
Un abrazo.

 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License