miércoles, 9 de junio de 2010

Carta para Antonio Muñoz Molina II

...En particular con sus libros yo experimento la magia de esa fortuna de espejos en los que te ves reflejado desde la intimidad. Ese reflejo me ayuda a vivir, a crecer y a percibir que no estoy sola. Hay parcelas de nuestras almas que podemos compartir con muy pocas personas, algunas con nadie. A ese tipo de regiones subterráneas me refiero, a un mundo que creía sólo mio. Que equivocada estaba y me di cuenta de ello cuando comencé a leer sus libros.
Supongo que leo porque me busco, las endorfinas que invaden mi torrente sanguineo, al verme en lo qué otra persona ha escrito, son casí tan embriagadoras como las que me sacan en volandas de alegría por mi ventana cuando atino a expresar con palabras mis ideas, mis emociones. Una vez un amigo me preguntó que por qué leía, yo le dije que algunas veces me veía reflejada. ¡Ah! Te identificas con los personajes, comentó. Y no es eso, al menos no lo es del todo. Se trata más bien de captar un modo de sentir semejante al tuyo, una manera de pensar que creías solo tuya. Se trata de la felicidad redonda de ver impresas las descripciones que tú jamás hubieras soñado realizar o leer la maravilla de ese radiante final en el que el protagonista se consagra a Dog, Soid, Brausen, Elohim...con una originalidad tal que tú nunca hubieras soñado concebir.
Y no sé si es porque leo, por lo que también escribo. Al enviar alguno de mis trabajos en un sobre acolchado a un concurso literario y ver el modo impersonal con el que el funcionario de correos pesa el paquete y le pega los sellos, siento como si lanzara lo qué escribo a las aguas de un océano incierto del que no recibo respuesta. De manera que no me queda otra, que escribir sin esperar. Me basta con el mero hecho de hacerlo, es cómo gestar, parir y educar historias que van a extraviarse a ese océano sin que nadie las lea. Pero la necesidad más acuciante es la de seguir gestando a fuerza de tachar, substituir, emborronar y pulir, pulir los textos hasta hacerlos brillar como si ese movimiento fuera el mismo gesto que orienta al hibisco hacia la luz de su floración, como si solo así pudiera descansar, como si la necesidad de escribir fuera una hoguera que reclamara estar siempre viva, a la que hay que echar leños y leños de horas, de lápices, de páginas, páginas de esquemas, páginas a sucio, páginas corregidas y páginas mecanografiadas, limpias, definitivas.
Sin embargo el reclamo de la hoguera quema más apagada. Si no escribo soy un ser intratable, irascible y hostil. No escribir es lo mismo que sumergirse en la anoxia del aplazamiento constante. Yo sigo escribiendo mejor o peor, continuo retroalimentando el fuego de mi autocombustión porque, para mí, escribir y arder es lo mismo.
(Continuará)

6 comentarios:

Tournesol. dijo...

Querida Blimunda:
No te entiendo cuando etiquetas esta entrada en (cartas imposibles). Yo creo y mucho en la posiblidad de tu carta que debería ser leida por Antonio Muñoz Molina; es una pena que no disfrute de la sinceridad, la belleza y la admiración que expresas en ella.

Para mi ha sido una alegría y un placer poder leerla, si la de ayer me llenó de gozo, la de hoy me ha dejado sin palabras; sigue así, tu sabes que me siemto orgullosa y me haces un poco más feliz.

Ah.. Y envia esa carta, estoy segura que le encantara.

Besos prosa y versos.

Blimunda dijo...

Tournesol amiga: Es tanta la ansiedad que me mueve a escribirle a Antonio Muñoz Molina que pienso que, solo desde la imposibilidad de que él lea esta carta puede ser posible. Y porque le tengo muy endiosado, muy cercano en sus palabras pero inalcanzable como persona que lea algo mio.
Mañana la termino. Celebro que te haya gustado a ti. Y si te hago feliz con eso ya me has hecho feliz tú a mí hoy, y bastante.
Un beso florecilla.

Clochard dijo...

Cartas imposibles, posibles, presumibles, bellas, encantadoras, generosas, orgullosas, enamoradas, enganchadas a la dosis de literatura diaria que necesita Blimunda para seguir siendo la voz escrita de ese ser que lleva dentro; la otra, la complice, la íntima amiga del borrador y la cuartilla, de la afilada punta de carbón y la de té blanco taza con la que se estimulan la una a la otra antes de emprender la divina tarea de la creación.

Gracias Blimunda.

Besos, prosas y versos.

Blimunda dijo...

Clochard: Gracias por tu generosidad y por tu derroche de poesía imaginaria, vagabunda, ilimitada, encantadora, certera y tan cercana para con tu hermana. Besos y besos.

Mª Ángeles dijo...

Desnudas tu alma en cada palabra y cada párrafo. Sentimientos de gratitud hacia quien escribe, no sólo de este gran escritor, sino de aquellos que despiertan en tí esos sentimientos tan fuertes.
Tus escritos no se quedan en el océano, vagando. Creo que nadan y nadan, y quienes los leemos sentimos lo mismo que describes en tus cartas.
Palabras que quisiéramos decir y no sabemos cómo; sentimientos que intentamos describir, y no encontramos las palabras apropiadas; experiencias que queremos transmitir y no nos salen...
Igual nos sucede a quienes te leemos.
Sigue mandando tus escritos al viento, al océano, a este mar inmenso que es internet, que vuelan, que llegan, que entran...
Gracias por compartir.

Blimunda dijo...

Mari Ángeles, perdóname por no contestar antes pero acabo de ver tu comentario.
Te agradezco tus palabras y ,al tú expresarlo así, me quitas un poco esta sensación de qué escribo en el agua.
Celebro que este océano de internet haya llevado un rastro de mis emociones hasta tí y me alegra mucho poder compartirlas.
Bienvenida, pasa cuando quieras, aqui tienes un trocito de playa. Un abrazo.

 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License