martes, 20 de julio de 2010

Almagro cocido a fuego lento.

Para Felipe y Almudena que nos hicieron estos regalos.

Hacía mucho tiempo que no íbamos al teatro pero cuando se apagaron las luces comprendimos que no habíamos olvidado esa sensación de formar parte de su aforo. El aforo de un teatro bulle con el silencio imperfecto de una humanidad que calla y respira como un animal constituido por decenas de personas con una energía palpitante. Ese vigor contenido se acentúa aún más cuando la iluminación desciende.
Imagino que los actores buscan y necesitan ese latido como yo busco y necesito un lápiz y que al aparecer en escena, pese al mutismo generalizado, ellos perciben esa masa espectante que es el público; una multitud en suspenso, un terrible carnívoro con hambre.
La inconfundible gravedad del tono de Juan Luis Galiardo, su anchura en el escenario, su cuerpo todo voz interpretante desplegó sus poderes junto a un elenco bien escogido de intérpretes. Y consiguieron que de allí saliéramos satisfechos pese a que nos sentíamos como garbanzos esponjados por el sudor, cocinados a fuego lento en un puchero ferviente.
Hasta la madrugada no descansaron los abanicos pero poco nos importaba porque estábamos con Felipe y Almudena que, sin ellos saberlo, tienen el don de coronar nuestras discusiones con la atención maravillada puesta en la mirada.
Después de estar en su compañía nos queda una sensación ancha en el alma y Moliere y sin niños que se quejaran y la incomodidad de los asientos y "alguien" dando una cabezada tan magistral como bien disimulada y en la plaza de Almagro sobre nosotros la noche estrellada.

8 comentarios:

Tournesol dijo...

Teatro...
En el corral de comédias de Almágro.
En buena compañía.

¡Qué suerte!


Me alegro mucho de que disfrutarais.

¿El vestido? estarías estupensa, seguro, Besos.

Blimunda dijo...

Tournesol: fue una noche estupenda, tanto que casi no nos molestaba el calor gratinador...
Ya te contaré los detalles. Te debo un supercorreo, no te creas que no me olvido.
Un beso guapa.

Juanma dijo...

Qué envidia. Y qué me gusta el teatro. He ido muy poco, por cierto. Pero he tenido la oportunidad de ver a Nuria Espert, Marsillach (¿se escribe así? ay, ahora no sé...bueno, don Adolfo), Juan Diego, José Sacristán...en fin, que me emociona ver la representación de una obra.
Y esas voces...la de Galiardo tiene que sobrecoger, ¿no?

Besos.

Blimunda dijo...

Juanma, sí que sobrecoje escuchar a Juan Luis Galiardo, es ,como digo, todo voz, algo que se adueña de la escena con contundencia como si su tono se materializara en el aire. Un privilegio. Es algo tan vivo...
A José Sacristán no he tenido el gusto, pero creo se gasta una presencia muy similar a la de Galiardo.
Besos y Mar.

Alejandro dijo...

Acabas de recordarme cuánto tiempo llevo sin ir al teatro. Trataré de remediarlo en septimepbre... para sentirme de nuevo el privilegio de "casi ser" parte de la escena.

Un abrazo.

Blimunda dijo...

Alejandro me alegra habértelo recordado. Yo también llevaba mucho tiempo sin ir, quizás por eso me quedé sobrecogida cuando se apagaron las luces y surgió la extraordinaria presencia de JL Galiardo.
En la entrada anterior está tu WOLFE.

Un abrazo de vuelta.

Anónimo dijo...

me alegro todo OK nosotros tan rebien BSTOS

Blimunda dijo...

Anónimo, besos y abrazos.

 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License