martes, 6 de julio de 2010

Cuando las líneas se cruzan

Para Alejandro Múñoz, tocado por una irrealidad tan real como la mia.



Pensé "No puede ser", pero estaba bastante claro, en el letrero de la puerta de rehabilitación podía leerse con total claridad: "Consulta de la Dra Haro".
¿Era que el universo se había confabulado con su cadena de coincidencias irremediables para hacerme continuar mi relato? ¿Era sólo una casualidad que, de entre las miles de posibilidades existentes coincidiera el nombre de aquella profesional con el nombre de mi personaje? ¿Una señal? ¿El destino? No sé qué podría haber sucedido pero yo me senté justo delante de una puerta en la que figuraba el mismo apellido con el que bauticé, hacía meses, a una de mis protagonistas, a mi Silvia Haro, habitante de un relato inconcluso cuya energía ,no sólo me bulle por dentro con su potencial de autodestrucción, sino que se las había ingeniado para llegar hasta la consulta del hospital y plantarme ese apellido, inusual y nada común, delante de mis narices, dejándome sin armas.
Quizás no existía esa tal Doctora, quizás fue Silvia la que trastocó el cartel antes de que nosotros llegáramos. Burló la vigilancia, o puede que hasta se hiciera pasar por una de las nuevas enfermeras y en un descuido dio el cambiazo, consciente de que yo estaba fuera aparcando y no tardaría en llegar. Ella, que sobrevive en un borrador atrapada entre tachaduras, anotaciones laterales, signos de exclamación, párrafos subrayados y párrafos omitidos con una contundente línea trasversal, todo embarruntado con una caligrafía desigual... La misma Silvia Haro que escuchando el "soave si al vento" de Mozart saborea bombones rellenos de crema, debe de estar hastiada de esta situación y reclama ya, de una vez, páginas limpias y definitivas en las que poder desenvolverse por completo hasta la interpretación de un lector que le otorgue la plenitud de su vida.
Sí, fue ella, de eso ya no me cabía duda y cuando leí el letrero y logré salir de mi perplejidad, comprendí su dolor.
La comprendí tanto que he vuelto a ese temible borrador. Y he sabido que el padecimiento en el que habita un personaje dentro de una historia sin terminar es una línea difusa que , a veces, se cruza con mi propio miedo a la hora de ponerme a escribir.

9 comentarios:

Corso dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Corso dijo...

En el fondo pienso -me gusta pensarlo- que la vida es una amalgama de situaciones, cada una de las cuales va ofreciendo una serie de pistas o puntos de referencia que, si son percibidos e interpretados -a menudo a cuál más dificil- correctamente, suponen un paso más en el descubrimiento de lo que nos rodea, en la progresión de la propia vida entendida como aventura, más que como rutina esquematizada por unas necesidades y unas obligaciones.

Pocos placeres hay para mi como coger la bolsa de lona con un libro dentro y algo de dinero, lo justo para un café y poco más, un sábado o un domingo más o menos temprano, y con ello perderme por cualquier parte durante horas, dentro de una ciudad propia o ajena, pararme en la escalinata de un edificio antiguo y leer con el son de las campanas cerca, caminar sin rumbo entre callejones que resultarían quizá peligrosos pocas horas antes, andar por una calle comercial o entrar en un mercado de abastos y sentir el revoloteo de la gente alrededor, percibir con fatalidad la fragilidad de todo lo que nos rodea y que creemos tan asentado e inquebrantable, sentarme en la terraza de una cafetería y observar a la gente a través del vaho del café abandonándome aleatoriamente a ese otro mundo probablemente tan dispar que constituya el libro que en ese mismo esté leyendo.

Para concluir -que me voy por las ramas-, decirte que ese relato, no tanto por el contenido en sí que muestras como por la viveza con la que expresas una idea que hierve dentro de tu cabeza, seguro que llega a buen puerto. Un servidor -y seguro que otros muchos de los que seguimos este blog- estará encantado de leerlo una vez le hayas dado forma como merece.

Un abrazo y buenas letras.

Blimunda dijo...

Corso a mí también me gusta pensarlo,pero no lo tengo claro, es un misterio, al menos para mí.

Respecto al relato yo pienso que la mejor forma de que llegue a buen puerto está en su contenido, en lo qué el relato muestre por sí mismo con total independencia de su autora.

Gracias por tus deseos de buenas letras, que tú también las tengas. Salud!!!!!

Juanma dijo...

En una ocasión conocí a Irina. Esto es real. Y el caso es que Irina, previamente, fue el nombre de un personaje de un relato que jamás concluí y que nadie ha leído. Aquella Irina jamás me decepcionó. Yo procuré lo mismo.

A veces, pensar estremece.

Besos.

Blimunda dijo...

Juanma, tu Irina parece calmada,sin embargo mi Silvia Haro es tremenda. Ha llegado un momento en el que no me deja vivir, su vida se come mi vida por dentro. Tengo que sacarla como sea.

Estremece pero es un ejercicio vital(Ay, nos sale nuestra licenciatura...)
Besos y ánimo siempre!!!

Tournesol dijo...

Estoy deseando conocer más a fondo a Silvia Haro. Este suceso que has narrado puede ser la llave para que la liberes de tu borrador con valentia y entusiasmo.

Sácala a la luz pues la estamos esperando.

Mariposas blancas.

Alejandro dijo...

Muchas gracias por tu dedicatoria, querida Blimunda. Ya veo que no soy el único que se topa en la realidad con sus personajes ficticios.

Respecto a la Doctora Haro, creo que no nos la has presentado (salvo lo que mencionas en la entrada). ¿Para cuándo su debut?

Por cierto, el próximo paso será toparnos en la realidad con personajes reales de los que hemos hablado sólo en la realidad del blog. Yo espero no encontrarme de frente con cierto vecino.

Un abrazo, Blimunda.

Blimunda dijo...

Tournesol: falta me hace que esto sea la llave.
Ya sabes que serás una de las primeras personas en darle vida con tu lectura.
Besos y besos.

Blimunda dijo...

Alejandro,cuando leí tus entradas recordé esta situación que hacía poco que había sucedido.
La Doctora Haro es real pero el letrero estaba mal escrito o yo , tan ciega como estaba, no lo leí bien, porque es un Doctor, el Doctor Haro. Por cierto un excelente profesional que trató a mi hijo(que se rompió el codo hace cuatro meses)con mucho cariño.
Silvia Haro si ha debutado aquí con una entrada que se titula "Bombones rellenos de crema", cosa que quizás no debí de hacer, pues tengo la costumbre de no enseñar nada de lo que está en mimbres y no es aún definitivo.
El vecino que me enlazas no me lo quisiera yo encontrar tampoco, me da yuyu.
Así que, después de que tú me recordaras aquel día que me quedé alelada mirando ese letrero, no se me ocurría mejor manera de agradecértelo que esta dedicatoria de un mundo ficticio compartido.
Besos y versos, Alejandro.

 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License