viernes, 16 de julio de 2010

Diez años sin el consuelo de su presencia

Hoy quiero traerte un poema de Jesús Cotta Lobato porque expresa, mucho mejor de lo qué yo podría hacerlo, la grandeza de una persona que nos dejó, hoy hace diez años, huerfanos de su abrazo, del consuelo de su presencia, de su humanidad multiplicada, ésa forma de llevar dentro el imperio de su integridad moral con la sencillez de su camisa limpia y su pantalón de pana.
Asistir a su muerte fue como tener que aceptar que nos quedábamos mancos y que tendríamos que aprender a vivir orientándonos entre esa extraña ceguera que comenzó a ser para nosotros su ausencia.
Cuando leí por primera vez éste poema fue tanta la emoción que cerré el libro, no podía seguir, era (como bien vislumbra WOLFE) el arpón, el dardo, el puñal de la poesía que me había alcanzado de lleno y en el corazón mismo se me retorcía.
Jesús Cotta lo escribió en honor a su abuelo, yo ya sabes que pensé en mi madre, hoy te lo dejo aquí para recordar al hombre admirable que fue tu padre.

¡Que duro lecho la tierra
para quien tenía un fuego
solar en las manos recias
y en la sonrisa un destello,
besó la frente materna
y dejó en ella un lucero
y llevó niños al hombro
y aves en el pensamiento
y por manos de mujer
flores de almendro en el pecho!

"A merced de los pájaros" Jesús Cotta Lobato.

Para Juan Ojeda García que me miraba con la misma admiración íntima con la que sólo se mira a los hijos. In memorian.

7 comentarios:

Tournesol dijo...

Recuerdo a ese hombre alto, muy moreno de semblante sencillo y honrado (que junto con mi padre y otros muchos) luchaba por unos ideales sin esperar nada para él y todo para los demas.

El poema de Cotta, de los más entrañables del libro.

Besos para ti y para Siete Soles que padeceis su ausencia.

Blimunda dijo...

Tournesol: gracias por el cariño de tu comentario en un aniversario tan triste.
A Siete Soles le ha llegado el poema tal y como apunta Wolfe.

Besos mariposa.

Juanma dijo...

Un beso, de los grandes.

Blimunda dijo...

Gracias Juanma, eres un sol.

Siete Soles dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Siete Soles dijo...

La última vez que me hablo mí padre, antes de morir, me enseño algo muy importante. Me enseño a decir a las personas que amamos: " Te quiero". Solo eso me dijo y para mí fue la enseñanza más grande que nunca he recibido. Al morir mi abuelo, vi a mi padre llorando, diciendo que no pudo decirle adiós. Cuando el llego a su lecho de muerte, mi abuelo ya había muerto. Creo que le falto decirle lo mucho que le quería.

Blimunda Te quiero

Blimunda dijo...

Siete Soles, vivir siguiendo su ejemplo me parece la mejor forma de crecer.
Se fue como le correspondía a su grandeza: amando. Y nosotros sentimos que tú sigues sus pasos cada día.
Tengo ganas de abrazarte.

 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License