domingo, 30 de mayo de 2010

Amen

Ayer Juan me preguntó: Mamá ¿Qué forma tendrán nuestras almas? ¿Cómo nos reconoceremos en el cielo? Yo me quedé muy parada pero no tenía más remedio que enfrentar su cara de ojos nuevos y espectantes. Haciendo malabares entre la angustía de mi agnosticismo y la luz del buen cielo en el que él se imagina a sus abuelos, le contesté que hay cosas que no entendemos muy bien cómo las sabemos hacer pero que las hacemos, como cuando tú o tu hermano estabais en mi barriga y antes de que os moviérais yo ya sabía que íbais a hacerlo y papá, que tenía la mano sobre mi piel,abría mucho los ojos sin poder comprender cómo yo lo había averiguado. No fallaba nunca. Le decía, pon aquí la mano, papá se esperaba, debajo la barriga como una sandía, tú dentro buceando,¡ahora! y te movías. Cariño,yo creo que debe de ser algo así. Entonces la que pasó a estar espectante fui yo, redoble de tambores y mientras él movía de forma afirmativa la cabeza dijo: Ya, ya...será mamá que yo te reconoceré porque al llegar dónde tú estés sentiré lo mismo que siento cuando me abrazas y me das besos ¿verdad?
Respiré hondo(muy hondo) y me sorprendí a mí misma dejándome llevar por las consoladoras aguas de esa imagen.
Que así sea.

viernes, 28 de mayo de 2010

La felicidad

La primera vez que entró la muerte en mi casa yo aún no había cumplido los tres años. Esa mañana es uno de mis primeros recuerdos y el más incisivo, el más descarnado.
Mi recuerdo es una niebla de la que surge el dolor incontrolado de mi madre como un rio que se la llevaba, un agujero abierto en su pecho que la iba devorando. Extraviada, ante lo incontenible de ese mar interior de lagrimas que le brotaba con más profusión y vehemencia de la que ella era capaz de ir sufriendo, allí estaba sobre el regazo de la cama derrumbada. La niña de casi tres años no le vio la cara, para estremecerse le bastó con escuchar aquel clamor, un alarido bronco y profundo entrecortado por sollozos audibles y sollozos mudos que, a falta de sonido, la movían con la mano invisible de la fatalidad. Mi madre no notó el cuerpecillo menudo que se encajaba a sus espaldas entre la pared y la mesilla de noche.
Nadie me sacó de allí, así que toda esa angustía me horadó el corazón y se alojó hiriente en mi recien estrenada memoria infantil. La que lloraba de esa manera era mi madre, como si el llanto fuera un fuego y ella de madera. La que yacía sin vida era mi hermana, tenía siete años.
Mucho tiempo después, habiendo ingresado yo misma en las turbulencias de la maternidad, un buen día leí un proverbio chino y sólo entonces comprendí por completo a mi madre: "La felicidad es no ver morir a ninguno de tus hijos".

jueves, 27 de mayo de 2010

Ulises en Hacienda

Me gusta mucho leer en voz alta, no lo puedo remediar(ni quiero),al contrario, aprovecho la ocasión siempre que puedo como hace unos días en la sala de espera del Ministerio de Hacienda.
Trás pasar el detector de metales recogimos nuestro número y a esperar. Dado que en esa misma sala hemos llegado a estar horas aguardando nuestro turno, yo iba preparada con el libro de Jesús Cotta "Ulises y las sirenas. El dilema de la infidelidad". Pues nos sentamos y saco de mi mochila el citado ejemplar. Voy a leer, le digo a mi marido que se queda muerto(más que si le hubieran dicho que le salía a pagar una cuantiosa cantidad, que por cierto no tenemos). ¿Aquí? Esa pregunta quería decir: Marisa, por favor, estás muy mal, cómo vas a leer en voz alta ese libro que habla sin pelos en las palabras de... de lo que habla vamos. Yo entendí su mirada de espanto, que por algo llevo viviendo con él más de veinte años. Y él entendió, que no solo pensaba sino, que estaba decidida a leerlo pese a que estuvieramos rodeados de gente.
Como había vocerío de fondo, entre el ruido del tráfico que provenía del exterior y ese ambiente sonoro cargante de algunos lugares públicos, el tono de mi voz se fue diluyendo por los derroteros del amante socrático* y era a penas imperceptible para los que estaban más cerca de nosotros. Pero hubo un instante en el que levanto la vista y me encuentro con unos ojos acusadores, jubilado con cara de cenar más de la cuenta y de no haber leído nunca a Neruda. Un infiel por pereza*, pensé. Entonces pongo más vertical aún el volumen(para que se viera mejor el titulo y el autor)y en un segundo surge un brillo en esas pupilas que no llegué a descifrar porque apareció nuestro número en la pantalla. Hacienda tan inoportuna y desconsiderada como de costumbre,aunque tenga al mismísimo Ulises en su sala de espera.

*Véase "Ulises y las sirenas. El dilema de la infidelidad" de Jesús Cotta Lobato.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Te doy mi alma desnuda

A menudo me dices "léeme algo" y, si están los niños rondando o no dejan de pelearse, si no paran de enseñarnos sus dibujos y de contarnos sus andanzas, si te reclaman para que eches con ellos unas canastas, si estoy cansada o tengo mucho sueño, termino por no hacerlo.
Hoy releyendo a Juana de Ibarbourou he encontrado reflejos de mi mundo en su pasión y en la felicidad pulida de sus versos. Espejada así he llegado a "Te doy mi alma desnuda" y estoy deseando de que llegue la noche para leértelo, como a ti te gusta.

martes, 25 de mayo de 2010

Banda sonora

Cada mañana, cuando dejo a mi hijo pequeño en el colegio y regreso a casa,voy escuchando música por el camino. Radio clásica suele sorprenderme y es ella la que le pone banda sonora a los transeúntes(animales rutinarios)con los que coincido a diario y que me cruzo por el camino, a las calles repetidas, a la lluvia o al sol nuevo del día.
Esa música es también la banda sonora de mi paisaje interior, con gran alegría descubro, en numerosas ocasiones, que las melodías y mi estado de ánimo coinciden.Entonces prefiero que los semáforos se me vayan poniendo en rojo. No tengo prisa. Es el momento más limpio del día. La perspectiva de las horas a sólas, el trabajo gustoso en la casa vacía y, hasta que llego allí,el ritmo que me cuenta cosas de mí que ni yo misma conocía.

domingo, 23 de mayo de 2010

Un mundo lento

Cuando despierto una mañana de domingo oigo como juegan mis hijos en mitad del silencio. Son minutos pausados hechos de un material tranquilo, inusual, que sólo habita en los días festivos. Los sonidos de sus voces llegan hasta mi cama como si procedieran de un mundo lento y calmo. El pequeño tragina con sus monstruos y con sus piezas, sube y baja por las escaleras haciendo ruiditos,chisss,plof,tatatataaaa,sumergido en una dimensión intemporal con su escafandra de viajero imaginario. En esos momentos no suelen pelearse,hablan de sus cosas y colaboran,a su manera,haciéndose el desayuno o cogiendo de la estantería juegos que casí habían olvidado que existían. Y a la hora de los dibujos animados y con ese sonido de fondo ,que nos garantiza una tregua, tú entras en nuestra habitación, en la que yo me demoro con pereza, y echas el pestillo de la puerta.

viernes, 21 de mayo de 2010

Antes que mi cuerpo

Antes que mi cuerpo
toma mis tristezas,
las tengo de todos los tamaños
y como las de nuestro poeta
son mariposas negras

jueves, 20 de mayo de 2010

Sobre mi piel

Todavía llevo
tu sangre blanca
sobre mi piel
como un ala
que el amor me huntara
con tus manos
de amante
colmado ayer,
como el agua viva
rebosada de tu jarra
y para ese manantial
solo mi sed.

Todavía llevo
tu sangre blanca
sobre mi piel
como una caricia en germen
que no dejara de crecer.


Nota:La expresión "sangre blanca" no es una lechuga que haya crecido en mi huerto, la emplea Marguerite Yourcenar en Opus Nigrum y en concreto ella dice"La sangre blanca del amor" que a mí me parece un acople excelente y magistral entre imagen y realidad, por lo que me he permitido la libertad de utilizarla.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Mentores

La trilogía personal constituida por una amiga, mi compañero y la voz de un poeta apadrinan éstas aguas.
La idea de éste espacio la sugirió mi amiga Almudena y fue entonces que comenzó a crecer, dentro de mí, como una semilla que hubiera encontrado un trozo de buena tierra. Mientras que a mí me comían las dudas, ella ya lo veía todo claro con esa inteligencia suya vertiginosa, arrollándome con su vehemencia de hacedora de mundos. Ella que me intuye y me ve venir y me despierta, siempre, como despierta el bulbo de su reposo biológico.
Junto a la energía arrolladora de Almudena ha ido el entusiasmo y el apoyo de mi compañero. Andrés, que se desvive por verme contenta, cuando vio aletear en mí la posibilidad de este cuaderno, no dudó un segundo en trabajarse todo el proceso informático para hacer mis alas más ligeras.
La prosa poética de Cernuda(homónima de este blog)fue el toque final. Y como con todo lo que escribo, ya sea poema, relato o diario, aquí también tengo la sensación de que lo escribo en el agua.
 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License