martes, 29 de junio de 2010

Tus manos

En mi sueño
sólo sentía tus manos
y yo era
enteramente de barro.

lunes, 28 de junio de 2010

La esperanza maternal encoje en los armarios.

Cuando acaba una temporada doblamos y recogemos la ropa que ya no se va a utilizar. Guardamos las prendas que a nuestros hijos les quedan grandes, para la próxima estación les estarán bien. Desechamos lo que queda ya visiblemente pequeño, rabicortos los pantalones, alarmantes esas mangas que antes metian siempre en la sopa y ya no les llegan ni a la altura de las muñecas. También conservamos lo qué les queda justo, a sabiendas de que no les va a estar bien dentro de unos meses.
Sin que nosotras lo sepamos, la esperanza de que nuestros niños dejen de crecer es la que decide, ella incluye esas prendas junto al resto y cierra el armario. Esa esperanza no duda en echarle un pulso a la vida, se empeña en batallar ante una batalla a priori perdida, porque esa ilusión es la parte nuestra que aún no comprende el misterio de que nuestros hijos crezcan, de que se transformen y se nos escurran de entre las manos como si sus cuerpos estuvieran hechos de un tiempo líquido, ahora los acunas sin esfuerzo son bebes y en un instante incomprensible algo ha pasado, ya no puedes con ellos cuando te piden que los cojas en brazos.
Ellos crecen de la misma manera que nuestra esperanza encoje en los armarios al lado de la ropa que les queda justa y que ya no se volverán a poner, aunque nosotras la hubieramos guardado.

viernes, 25 de junio de 2010

Toda la piel humana

La frente, las sienes, los párpados rendidos al deseo, el lóbulo carnoso de la oreja y su laberinto interno, el surco mentolabial... los labios.
La textura sutilísima del cuello que desciende hasta los hombros, la exclamación de las clavículas, el hueco supraesternal concebido para acoger el regocijo de la punta de la lengua al verse guarecida en tan sinuoso acople.
Las elevaciones de los pectorales tan dignos de ser mordidos, las cerezas de los pezones, el secreto del ombligo y la promesa que desde allí ha de contemplarse poderosa, colmada como una jarra llena para ser bebida.
Las manos, las yemas exploratorias en el recuento milimétrico de otras orografías, el dedo corazón: único portador del transporte de la vibración.
El vértigo de la espalda, los glúteos que se ofrecen al estilo chino dejando a la vista de él la cerradura del sexo abierta mil veces por su llave, la bolsa de la vida que gusta de ser lamida, el puente del periné que enciende al occidental, el musculo anular que ciñe al hombre como nada en este mundo y se cierra con los prejuicios y se abre maravillosamente si se ahonda, hasta el abandono, en las raíces de la líbido.
La carne adorable de los muslos firmes y el interior de la piel de estos cuya suavidad contrasta con el bosque espeso del pubis, la recepción extrema de las sensaciones del arco plantar, los dedos de los pies... los labios, los labios.

miércoles, 23 de junio de 2010

Mariposas blancas

Las ideas suelen rondarme en cualquier momento, en cualquier lugar, conduciendo, haciendo las camas, fregando los platos, regando las plantas, al escuchar música...pero, sobre todo, cuando paseo por las mañanas.
Tengo cuadernos de notas por toda la casa y hojitas sueltas dentro de los cuadernos, entre los libros, en carpetas, en los cajones, en mi bolso, en mi cabeza.
La eterna lucha pendiente( más que limpiar a fondo la cocina o actualizar la ropa de la plancha) es para mí ordenar mis notas sueltas, que crecen cada día y entre ellas se reproducen con fertilidad incontrolada.
Por las mañanas muy temprano cuando paseo y el día se ofrece como nuevo y yo me siento tan limpia, mientras pongo la mirada en todo lo qué me encuentro, las ideas, los adjetivos más acertados, los títulos, los finales cerrados, torbellino de silbos sin concierto vienen a mí atropellándose en mi pensamiento. Unas veces me detengo, busco en mi mochila, saco uno de esos cuadernos que siempre llevo y anoto deprisa con caligrafía deformada, que luego casi no entiendo. Es el miedo a perder el detalle, el fogonazo, el hilo quebradizo del que después poder tirar para seguir tejiendo.
Otras, sin embargo, las siento aletear en mi cerebro, enjauladas sin espacio, y en lugar de atraparlas no las escribo, sigo caminando y las dejo escapar. Dejo que emprendan el vuelo como mariposas blancas fuera de mi cuerpo.

lunes, 21 de junio de 2010

La llamada de Saramago

Cuando Pilar del Río leyó "Memorial del convento" no sólo pensó que debía de conocer al autor de esa novela, sino que viajó hasta Lisboa para entrevistarlo.
Poco después se enamoraron y José Saramago con sesenta y dos años le dijo, que lo qué no podía ofrecerle era tiempo. Aún así, y pese a la diferencia de edad, han vivido juntos veinticinco años. Él continuó escribiendo en el piso de abajo, ella se convirtió en su traductora oficial al castellano en el piso de arriba. Desde entoncés comenzaron a proliferar las dedicatorias a Pilar. El escritor portugués confesó no haber sabido lo qué era el amor hasta que Pilar no llegara a su vida.
La joven periodista sevillana había captado a miles de kilómetros la llamada que Blimunda le hace a Baltasar Sietesoles cuando en "Memorial del convento" incita a su alma a que vaya hasta ella. Pilar ,yendo más allá del argumento y el escenario novelado, interceptó la intención del autor como si las palabras de Blimunda al decirle a Sietesoles "Ven" le fueran dirigidas sólo a ella. Y ella, dueña de su destino, fue.

El viernes mientras mi hermano( no podía ser otra persona) me daba la noticia sentí que una estrella se apagaba en nuestro cielo, la estrella Saramago que seguirá brillando en las páginas nacidas de su propia mano, esa que le puso nombre a la que yo he hecho parte de mi propia historia personal firmando como la protagonista de "Memorial del convento".
De otra manera, desde que comencé a leerlo, yo también me sentí llamada por el universo Saramago, no como Pilar, a la que me gustaría abrazar y transmitirle un poco de consuelo, sino reconociendo al corazón cercano, al hombre sensible, al maestro.

Para Pilar del Río.

viernes, 18 de junio de 2010

La triste Nefele

Detrás del mostrador de su tienda la puedes encontrar. Ataviada con singular elegancia. Siempre a la última moda, suele llevar ropa cara, a la que no le falta el llamativo detalle de un collar de fantasía a juego con los pendientes y con el color de la blusa o de la rebeca. Acude a la peluquería cada semana, el corte que se lleva, el tinte al día, las cejas bien depiladas, el carmín apropiado a la tonalidad de los motivos estampados en su vestido o en su falda. Sabe realzar sus encantos maquillándose sin excesos, el toque justo para avivar el tono de sus ojos pero sin perturbar la armonía de un rostro tan agraciado como inconsciente de su belleza.
Allí la tienes, tan atractiva y sin embargo, en el momento en el que escuchas la inflexión de su voz, ya sabes que algo tremendo guarda en su pecho, junto al collar de fantasía. Tan exquisitamente vestida y desauciada por completo de cualquier vestigio de ilusión, de alegría. La miras y ves el contraste hiriente, tener dinero más que de sobra y habitar al mismo tiempo en el espacio infinito de un circulo reconcentrado de dolor insondable.
Es la triste Nefele y con su mirada extraviada reina en las nubes de su condena. Es una reina de lo inconsolable que parece haber perdido la capacidad de sonreir como esos relojes antigüos que malogran una piececilla y ya no vuelven a funcionar nunca más.

jueves, 17 de junio de 2010

Bombones rellenos de crema

"(...)Desde que vio por primera vez a Álvaro cada vez que escuchaba el "Soave si al vento" de Cosi Fantute de Mozart, no podía remediar invertir esos cuatro minutos en paladear como si chupara una piruleta la intimidad imaginaria de él. Lo hacía ensimismada con la certeza de que no podía pensarse en otra cosa mejor escuchando esa música. Llegó a alcanzar tal perfección en sus delirios que aprendió a saborear bombones rellenos en esos momentos, de tal manera que al final de la pieza y coincidiendo con el clímax que habría alcanzado él, ella hacía reventar en su boca el jugo cremoso del bombón."

Fragmento de "Llámame Blanca"

martes, 15 de junio de 2010

Amor me sabe a poco

Mientras mi librero habitual le pasa el lector del código de barras al ejemplar que voy a comprarle, mientras lo mete en una bolsita nueva e impecable junto a un punto de lectura, mientras me cobra y me da el ticket con el cambio, él ignora la desazón que a mí me desordena por dentro, las ansías por abrir ese libro y ponerme a leer en ese mismo momento.
Lo guardo en mi mochila como se guarda algo asombroso que acabara de ser creado, no como si fuera un conjunto de hojas de papel impresas sino un corazón humano que palpita entre mis manos.
Como conozco de la felicidad que encierran algunos libros( esa alegría íntima que a páginas llenas tantas veces me han regalado) siempre albergo la esperanza de que el nuevo ejemplar no sea menos en su potencia a los que ya tengo leidos, así que no veo el momento de abrirlo y percibir ese latido.
Hoy quería hacerlo cuanto antes, aunque fuera en plena calle nada más salir de la librería pero, dándole la mano a mi hijo pequeño y cargando varias bolsas no era muy posible, de modo que he tenido que retener el misterio hasta poder desvelarlo en la sala de traumatología, en tanto esperabamos nuestra revisión de rutina.
Allí, al abrirlo por la primera página, el lomo de pastas vírgenes ha cedido ofreciéndome una resistencia de preludio exquisita. Lo primero, la dedicatoria, que bien que decía Borges que es un instante sublime : "A Miguel e Isabel..." Sabiendo que nos podrían nombrar en cualquier momento, consciente de que no tenía mucho tiempo, lo he hojeado y el azar, con la sabiduría de su mano, me ha llevado hasta "Amor me sabe a poco" y con tan solo los primeros versos ya he intuido que ese alma en papel impresa iba a latir para mí y que iba a regalarme minutos impagables de
felicidad.
Luego en casa lo he forrado con escrúpulo( lo hago siempre para salvaguardar las pastas del manoseo, el polvo y las manchas). Esta vez, además, he dibujado unos sencillos pajarillos que atraviesan la portada, "por amor a lo qué vuela" y porque no podía ser de otra manera titulándose "A merced de los pájaros" del poeta malagueño Jesús Cotta lobato.

lunes, 14 de junio de 2010

Cierra los ojos

Anoche, cuando te tumbaste a mi lado, sentí que la mano que me acariciaba pronto estaría a miles de kilómetros de mi cuerpo. Sentí que la próxima vez que volvieras a tumbarte en una cama sería en una cama vacía como lo será la nuestra ésta noche para mí. Y te sentí muy cerca pero echándote de menos ya. Eso sucede cada vez que te vas, es la angustia anticipada de cada despedida.
No sé cuando leerás esto, imagino que en Munich. Sólo quería poder acariciarte allí aunque mi cuerpo se quede en nuestra casa con nuestros hijos.
Y esta noche, cuando extienda la mano y perciba la textura de las sábanas tan frías sin tí, sentiré que al escribirte esto y al tú leerlo en aquel lugar habrá sido como llegar a tocarte desde dónde yo me encuentro.
Que se haga el prodigio de las palabras pues y que tu piel reciba las mil formas de acariciar que encierra una carta clandestina escondida en una maleta, como las que te escondía cuando casí eramos adolescentes.
Y ahora, cierra los ojos, voy a decirte una cosa al oído.

domingo, 13 de junio de 2010

Antoñita: Una flor de música.

El día que te conocí no sabía que eras tú. ¿Recuerdas que lo primero que me dijiste estaba relacionado con tu afición a leer sin reparar en el nombre del escritor? A mí me pareció tan raro, yo que guardo un celo especial por nombrar al autor de cada pensamiento( debe de ser un residuo profesional, algo que me marcó cuando estudiaba en la facultad). Luego fueron tus comentarios( en el club de lectura) y pronto adiviné que, efectivamente, tus ojos incisivos se correspondían con esa cualidad del alma que penetra en las cosas y no las deja escapar sin haber desmenuzado antes parte de su misterio vital.
Admiro tu don de palabra( ese que yo no tengo) como se nota que llevas una letrada dentro que te respalda, la que coge su maletín y va a defender a su hermana. A esa legisladora no quisiera encontrármela yo en ningún juzgado siendo el abogado defensor de la parte contraria. Ya sabes cuánto me gustaría que la sacaras, se llevaría bien con mi Blimunda, que anda un poco despistada.
Tú me animas si me preparo las oposiciones o si las dejo colgadas, si organizo el club de lectura o si digo que no sigo llevándolo. Si escondo mis poemas me regañas y si mis correos se espacian, porque ando volada con el blog, tú lo entiendes y me sigues respondiendo íntima y palpitando en cada palabra.
De igual manera es admirable tu gusto para el color, para peinarte, tus manos con los detalles y en tu jardín(¿quién supera esa belleza?), el amor que te rebosa cuidando a tu padre, la madre amiga que revive su adolescencia en las dudas de una
hija confidente, el arte de con muy poco hacer una obra de arte. Del mercadillo compras un retal y al pasar por tus tijeras y tus manos de Serezade se transforma en objeto de un mundo fascinante.
Eres toda nervio, insomne, incansable y a la vez exquisita en tu sensibilidad para captar emociones y discernir silencios, para penetrar en los sentidos de los argumentos, para ver con los ojos del alma, los mismos que desde mi alma te vieron.
En tantas cosas me siento tu hermana...¿Qué más puedo decir? Entre el ruido, que tantas veces me rodea, tú eres, para mí, una flor de música. Toñi, Tournesol, Antoñita... un regalo de la vida, mi amiga.

jueves, 10 de junio de 2010

Carta para Antonio Muñoz Molina III

...Lo qué escribo un día no me parece aceptable a la mañana siguiente, tacho sin piedad deshilando como Penélope y, a veces, no se salvan más que un par de párrafos o alguna frase peregrina. Esto unido al poco tiempo del que dispongo para trabajar hacen de mis relatos lentas maquinarias, que avanzan con la parsimonia milimétrica de un caracol narrativo extenuado por sus propias exigencias. Siendo así, en este panorama la lectura para mí es algo vital. No entiendo la vida sin leer lo mismo que no entiendo la vida sin crecimiento, o el árbol sin raíces o la mariposa sin su vuelo.
La lectura, también hay que decirlo, en numerosas ocasiones me lo ha vuelto todo mucho más complicado, como ocurre con mi manera de entrelazar los hilos argumentales o los puntos de vista(¡Oh dios mio los puntos de vista! El punto de vista puede llegar a anularme durante semanas aunque tenga una historia de la que conozco incluso el final).
En este marco, con cada uno de sus libros intento determinar en qué consiste su escalpelo estético a la hora de diseccionar la realidad y de adjetivar con tan singular maestría(por ejemplo). Con Usted le he perdido el miedo a las subordinadas y a hablar de mí misma, de justificar lo qué me hiere, de describir el mar que me habita ondeando, con tanta frecuencia, bandera roja en mis playas interiores.
De cualquier forma, escribir y amar son los movimientos más puros que hay en mí y Antonio, Usted me ayuda a continuar haciéndolo, me ayuda a perseverar y a ser yo( madre y esposa, licenciada en filosofía, ama de casa que escribe, después de pasar la mopa, cada mañana mientrás sus hijos están en el colegio).
Y por qué tendría que guardar mi Gratitud exclamativa sin que Usted lo sepa nunca. No quiero que eso ocurra, aunque pueda parecerle un atropello, o un atrevimiento o una indiscreción o un desatino. Es el riesgo que corro, con frecuencia la vida me agita locamente. Perdóneme si le he incomodado. Perdóneme.
Sólo decirle que al escribirle esta carta me quedo mñas tranquila(creo que me comprenderá). De modo que si la vida, alguna vez, lo coloca en mi camino no tendré miedo a no decirle lo qué Usted significa para mí.
Y así podré quedarme callada en paz, con la Gratitud en la mirada siempre, siempre.

Si me lo permite le abrazo con todo mi corazón.
MarisaTGracia.

miércoles, 9 de junio de 2010

Carta para Antonio Muñoz Molina II

...En particular con sus libros yo experimento la magia de esa fortuna de espejos en los que te ves reflejado desde la intimidad. Ese reflejo me ayuda a vivir, a crecer y a percibir que no estoy sola. Hay parcelas de nuestras almas que podemos compartir con muy pocas personas, algunas con nadie. A ese tipo de regiones subterráneas me refiero, a un mundo que creía sólo mio. Que equivocada estaba y me di cuenta de ello cuando comencé a leer sus libros.
Supongo que leo porque me busco, las endorfinas que invaden mi torrente sanguineo, al verme en lo qué otra persona ha escrito, son casí tan embriagadoras como las que me sacan en volandas de alegría por mi ventana cuando atino a expresar con palabras mis ideas, mis emociones. Una vez un amigo me preguntó que por qué leía, yo le dije que algunas veces me veía reflejada. ¡Ah! Te identificas con los personajes, comentó. Y no es eso, al menos no lo es del todo. Se trata más bien de captar un modo de sentir semejante al tuyo, una manera de pensar que creías solo tuya. Se trata de la felicidad redonda de ver impresas las descripciones que tú jamás hubieras soñado realizar o leer la maravilla de ese radiante final en el que el protagonista se consagra a Dog, Soid, Brausen, Elohim...con una originalidad tal que tú nunca hubieras soñado concebir.
Y no sé si es porque leo, por lo que también escribo. Al enviar alguno de mis trabajos en un sobre acolchado a un concurso literario y ver el modo impersonal con el que el funcionario de correos pesa el paquete y le pega los sellos, siento como si lanzara lo qué escribo a las aguas de un océano incierto del que no recibo respuesta. De manera que no me queda otra, que escribir sin esperar. Me basta con el mero hecho de hacerlo, es cómo gestar, parir y educar historias que van a extraviarse a ese océano sin que nadie las lea. Pero la necesidad más acuciante es la de seguir gestando a fuerza de tachar, substituir, emborronar y pulir, pulir los textos hasta hacerlos brillar como si ese movimiento fuera el mismo gesto que orienta al hibisco hacia la luz de su floración, como si solo así pudiera descansar, como si la necesidad de escribir fuera una hoguera que reclamara estar siempre viva, a la que hay que echar leños y leños de horas, de lápices, de páginas, páginas de esquemas, páginas a sucio, páginas corregidas y páginas mecanografiadas, limpias, definitivas.
Sin embargo el reclamo de la hoguera quema más apagada. Si no escribo soy un ser intratable, irascible y hostil. No escribir es lo mismo que sumergirse en la anoxia del aplazamiento constante. Yo sigo escribiendo mejor o peor, continuo retroalimentando el fuego de mi autocombustión porque, para mí, escribir y arder es lo mismo.
(Continuará)

martes, 8 de junio de 2010

Carta para Antonio Muñoz Molina

Creo que si alguna vez en mi vida Usted estuviera delante de mí esperando que le hiciera una pregunta, yo sería absolutamente incapaz de abrir la boca. Me daría miedo decir cualquier incongruencia y, sobre todo, no acertar, con cuatro comentarios superficiales, a transmitir los matices de los que está hecha mi admiración por su obra, por sus valores, por su forma de sentir la escritura... Y eso sería una pena porque Usted tiene que saber todo esto, o al menos, yo siento la necesidad de que así sea guiada por la energía del agradecimiento que experimento al leer algo suyo.
Cuando estoy leyendo un libro que Usted ha escrito: hago anotaciones en los margenes de los párrafos, les leo páginas enteras en voz alta a mi marido y a mis hijos, subrayo las frases que ya estaban en mi mente y en mi corazón y que en sus textos hallo con tanta frecuencia(como si operara una suerte de misterio a mi favor porque todo lo qué no sé concretar con palabras lo encuentro de su mano allí, limpio y sencillo una vez ha pasado por el tamiz de su verbo), tomo notas de cómo configura sus argumentos, de cómo cifra la información, de cuándo aparecen y desaparecen sus personajes de la escena... Admiro su capacidad metafórica, esa maestría fulminante para adjetivar, la forma tan singular como propia de atrapar los comportamientos, las actitudes, los sentimientos, los paisajes, con el bisturí certero de su dominio del lenguaje, preciso hasta el milímetro, hasta agotar todas las distancias posibles entre significado y significante.
Como Miguel Hernández escribía acerca de Pablo Neruda, a mí también me dan ganas de "echarme puñados de arena a los ojos, de cogerme los dedos con las puertas, de trepar hasta la copa del pino más alto y dificultoso" para expresar la fascinación que despierta en mí.
Una vez leí que Usted hablaba con Francisco Ayala de la felicidad de leer a Proust(que comparto). Pues bien, yo siento la felicidad de leer a Antonio Muñoz Molina. Me sumerjo en su universo narrativo y me dejo llevar por la gratificación de sus propuestas intelectuales, de sus recorridos emocionales que tantas veces me zarandean, o me revolucionan, o me regalan un pedazo de cielo.
(Continuará)

lunes, 7 de junio de 2010

Mi hermana Katherine Mansfield

Unos días antes de morir, con treinta y cuatro años, Katherine Mansfield escribió en su diario:
<< Quiero la tierra y sus maravillas: el mar, el sol. Quiero penetrar en él, ser parte de él, vivir en él, aprender de él, perder todo lo que es superficial y adquirido en mí, volverme un ser humano consciente y sincero. Al comprenderme a mí misma quiero comprender a los demás. Quiero realizar todo lo que soy capaz de hacer...trabajar con mis manos, con mi corazón, con mi cerebro. Quiero tener un jardín, una casita, hierba, animales, libros, cuadros, música. Y sacar de todo esto lo qué quiero escribir; expresar todas estas cosas... Quiero vivir la vida cálida, anhelante, viva, tener raíces en la vida, aprender, desear, saber, sentir, pensar, actuar, eso es lo que quiero, a dónde debo tratar de llegar>>
Y siempre que leo sus palabras tengo la ilusión de que he sido yo la que lo ha escrito, de tantos ecos como resuenan en sus frases, de tanta alma espejada en su misma alma que abrazo y retengo como se abraza a una hermana, inesperada, que nos sorprende con su magia.

viernes, 4 de junio de 2010

En las negras aguas de su ausencia

Durante todo el año mantengo algún tallo fresco, que echa raíces en el agua cristalina del florero, junto a su fotografía. Algo vivo que se esfuerza por perseverar en su ser y que se agarra a la substancia nutritiva del líquido que le ofrezco.
Esa forma de enraizar se parece a mi empeño por no olvidarla. Yo también soy una de esas plantas que crecen al lado de su imagen echando raíces, pero de otra manera.
Ahora en primavera no le falta una flor, gazanias, rosas, lobelias pasan por su lado sin que ella pueda verlas. Aún así, para mí mantener ese rincón de la casa límpio y con un ser vegetal, que yo misma he cultivado, es como sostener su recuerdo por medio del color. Y todavía sigo escuchándola( y eso que dicen que la voz es lo primero que se nos escapa), la veo nitida ante mí queriéndome con la mirada.
Pero ella no está, son mis raíces que se multiplican y proliferan y se me enredan en la angustía de que ya no la tengo. Son mis raíces creciendo como locas en las negras aguas de su ausencia.

jueves, 3 de junio de 2010

Océano interior

Quizás no pueda contenerse
un océano
en un vaso pequeño,
algo ha salido mal
pues eso han hecho
con mi cuerpo.

miércoles, 2 de junio de 2010

Amigos y antagónicos: un misterio llamado Felipe y Almudena.

Cuando Andrés discute de política con Felipe y Almudena yo me suelo mantener al margen. Él no se siente atemorizado por la munición ofensiva que Felipe le dispara con precisión y puntería, si lo derrota se levanta y se saca una nueva observación de la manga sobre la que Almudena se lanza hasta que la revienta con maestría dialéctica, fulminante como es ella, provista de su arsenal argumentativo, el mismo que te tumba y que te machaca.
Felipe vive sus planteamientos, los expone con precisión matemática. Yo veo el armazón silogístico planeando sobre nuestras cabezas, sus ojos de oliva y almendras adquieren un tono si cabe más enérgico, el brillo y la intensidad de su mirada se unen a la potencia de lo que expone con orden minucioso, con precisión y con tanto respeto. La entonación de la voz le acompaña, ese metal templado cuya inflexión se va expandiendo conforme acelera su discurso pero que siempre vuelve al punto de partida, tranquilo y tan seguro de lo qué dice.
Luego, Andrés intenta sacar conclusiones y, aún mucho tiempo después, sigue dando vueltas en su cabeza la maquinaria liberal que Felipe y Almudena nos han enseñado. Aunque tienen posturas enfrentadas al comentarle que he quedado con Almudena, él me dice: si está Felipe me voy contigo. Y siempre vuelve la política y yo que me repliego porque, los observo ma-ra-vi-lla-da, pero he de confesar que no comprendo absolutamente nada.

martes, 1 de junio de 2010

Irena Sendler o dos mil quinientas estrellas en un tarro de cristal.

Desde que comenzó a trabajar en el getho de Varsovia la joven Irena Sendler solía regresar a su casa con las manos manchadas de tierra. Allí llegó a desempeñar numerosas ocupaciones, desde enfermera a desatascadora de tuberías. Entraba conduciendo un carromato, su perro ladraba con obstinación a los guardias que les abrían las puertas. Llevaba sacos de arpillera en los que transportaba materiales para sus ocupaciones y una gran caja de herramientas con doble fondo.
Imagino la adrenalina trepidando en su sangre antes de salir del getho con una criatura escondida en el fondo de esa caja. También los sacaba en cestos de basura, en ataúdes, en bolsas de patatas, en ambulancias como víctimas del tifus.
Imagino el terror de esos chiquillos allí metidos, separados de sus padres, temblorosos, masticando el peligro con la boca seca, meándose encima, perdidos en los interminables minutos que durara el trayecto. Mientras, los ladridos pertinaces intimidaban a los guardias y conseguian amortiguar los sollozos de los niños y el ruido sordo del miedo.
Imagino que es mi hijo pequeño el que se mete en esa caja o en un ataúd y mi hijo mayor el que va entre los desperdicios nauseabundos de un cesto de basura.
Imagino la perspectiva ciega de aquellos padres, que confiaron en Irena sin saber verdaderamente qué era lo mejor, el pánico( materializándolo todo) de una madre, que acurruca a su bebé en el interior de una fría caja de herramientas, y que quiere morirse porque no sabe si no lo estará enviando a una muerte segura en el caso de que Irena sea descubierta.
Terminaron por hacerlo. Fue detenida y torturada en la infernal prisión de Pawiak pero ella, un corazón latiendo con la sangre de miles de corazones, no delató a nadie.
En tan sólo año y medio Irena Sendler logró salvar a dos mil quinientos niños. Guardaba sus nombres en un tarro de cristal que escondía, junto a las raíces de un manzano, en el jardín vecino.
Murió el 12 de mayo de 2008 habiéndo cultivado miles de estrellas entre las raíces de un árbol.
 
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