sábado, 31 de julio de 2010

Como besos de lluvia

Para Andrés que me sube al cielo.
Y sin olvidar a Juanma, gracias a cuya imagen alada han sido posibles estos versos.

Como besos de lluvia
son tus labios
en mi espalda,
como perlas suspendidas
una a una
en el hilo de una promesa
en tu cintura
de flores blancas.
Y me llueves en la boca
y me llueves con las manos
vienes con sabor a peces
porqué entre mis muslos
te has embriagado.
Me miras como si mi piel
fuera de oro,
otra, que nunca antes
hubieras tocado.
Llevas el ritmo en tus caderas
ese baile animal
salvaje, acompasado...
y dejamos de ser por unos segundos
un hombre y una mujer
para convertirnos
en una estrella fugaz
de amor incontrolado.

Como besos de lluvia
cuando se resquebraja
ya mi carne
llegas a mí
sin que te llame.

jueves, 29 de julio de 2010

Soy de tierra

En la tierra crecen las malas hierbas pero también los esquejes y los árboles. Se reseca cuando no se riega, se cuartea y se convierte en una substancia poco habitable aunque siga albergando las posibilidades del universo múltiple y vaya más allá de lo imaginable. La lluvia lo sabe y la convierte en madre preñada de seres, ya sean plantas, hijos, poemas o borradores que llegan a ver la página limpia, a duras penas.
Mi lluvia es el tiempo que tú, llevándote a los niños, me regalas, es un cuaderno, es tu boca y son tus manos, es un libro o un amigo, los abrazos de mis hijos que me traspasan.
Porqué soy de tierra adivino que estoy repleta de túneles interiores y me siento llamada a escribir escarbándome por dentro.
Porque soy de tierra cuando me muera quiero que me pongáis un ramo de flores entre las manos y el pecho, echarán raíces en mi piel y llegarán hasta el centro dónde aún estará mi corazón, caliente como el hielo.

lunes, 26 de julio de 2010

Soy de aire

Todo es calma cuando paseo por las mañanas. El silencio está habitado por una revolución de hojas movidas por el aire. La mimosa no duda en bailar hacia dónde el viento se la quiera llevar como si este fuera la melodía con la que ella siempre ha soñado. Los tilos, los madroños, los olivos, las jaras... El joven sauce parece que se ilusiona con el grácil vuelo de sus hojas lanceoladas. Los pinos, el cytisus, las higueras...Escucho: es un mar verde que se mece entre los árboles. Es un mar verde de aire.
En este mar de mis mañanas no hay olas, hay miles de hojas acariciadas por el afán visionario de la corriente. A veces, el rumor de mis pasos sobre la grava distorsiona ese soplo, así que me detengo y cierro los ojos para dejarme llevar por el aire como se deja la hoja liviana y leve, insignificante.

viernes, 23 de julio de 2010

La horfandad de tu cuerpo.

Hoy me he despertado sin conciencia de tu cuerpo, como si hubiera dormido sóla, como si estuvieras lejos, otra vez.
Anoche te estuve esperando, no quería dormirme sin antes hablar contigo pero ya era muy tarde y debí de caer en el sueño como cae una piedra en el fondo de un estanque.
Entrarías en nuestra habitación sigiloso para no despertarme y quizás te tomaste unos minutos para mirar a placer como se acerca el jardinero y contempla su flor más rara, o puede que incluso me acariciaras, no lo sé.
Me hubiera gustado notar que te metías en la cama, que te pegabas a mí por la espalda y sentir entre sueños tus manos que me buscaban, o encontrarlas dormidas en mi cintura como palomas inesperadas.
Hubiera preferido que me desvelaras a esta horfandad de tu cuerpo con la que me he despertado esta mañana.

martes, 20 de julio de 2010

Almagro cocido a fuego lento.

Para Felipe y Almudena que nos hicieron estos regalos.

Hacía mucho tiempo que no íbamos al teatro pero cuando se apagaron las luces comprendimos que no habíamos olvidado esa sensación de formar parte de su aforo. El aforo de un teatro bulle con el silencio imperfecto de una humanidad que calla y respira como un animal constituido por decenas de personas con una energía palpitante. Ese vigor contenido se acentúa aún más cuando la iluminación desciende.
Imagino que los actores buscan y necesitan ese latido como yo busco y necesito un lápiz y que al aparecer en escena, pese al mutismo generalizado, ellos perciben esa masa espectante que es el público; una multitud en suspenso, un terrible carnívoro con hambre.
La inconfundible gravedad del tono de Juan Luis Galiardo, su anchura en el escenario, su cuerpo todo voz interpretante desplegó sus poderes junto a un elenco bien escogido de intérpretes. Y consiguieron que de allí saliéramos satisfechos pese a que nos sentíamos como garbanzos esponjados por el sudor, cocinados a fuego lento en un puchero ferviente.
Hasta la madrugada no descansaron los abanicos pero poco nos importaba porque estábamos con Felipe y Almudena que, sin ellos saberlo, tienen el don de coronar nuestras discusiones con la atención maravillada puesta en la mirada.
Después de estar en su compañía nos queda una sensación ancha en el alma y Moliere y sin niños que se quejaran y la incomodidad de los asientos y "alguien" dando una cabezada tan magistral como bien disimulada y en la plaza de Almagro sobre nosotros la noche estrellada.

viernes, 16 de julio de 2010

Diez años sin el consuelo de su presencia

Hoy quiero traerte un poema de Jesús Cotta Lobato porque expresa, mucho mejor de lo qué yo podría hacerlo, la grandeza de una persona que nos dejó, hoy hace diez años, huerfanos de su abrazo, del consuelo de su presencia, de su humanidad multiplicada, ésa forma de llevar dentro el imperio de su integridad moral con la sencillez de su camisa limpia y su pantalón de pana.
Asistir a su muerte fue como tener que aceptar que nos quedábamos mancos y que tendríamos que aprender a vivir orientándonos entre esa extraña ceguera que comenzó a ser para nosotros su ausencia.
Cuando leí por primera vez éste poema fue tanta la emoción que cerré el libro, no podía seguir, era (como bien vislumbra WOLFE) el arpón, el dardo, el puñal de la poesía que me había alcanzado de lleno y en el corazón mismo se me retorcía.
Jesús Cotta lo escribió en honor a su abuelo, yo ya sabes que pensé en mi madre, hoy te lo dejo aquí para recordar al hombre admirable que fue tu padre.

¡Que duro lecho la tierra
para quien tenía un fuego
solar en las manos recias
y en la sonrisa un destello,
besó la frente materna
y dejó en ella un lucero
y llevó niños al hombro
y aves en el pensamiento
y por manos de mujer
flores de almendro en el pecho!

"A merced de los pájaros" Jesús Cotta Lobato.

Para Juan Ojeda García que me miraba con la misma admiración íntima con la que sólo se mira a los hijos. In memorian.

miércoles, 14 de julio de 2010

Gaviota de tierra vuela en el agua

Para Antoñita y Pepé, que compartieron con nosotros el azul del cielo,
Para María que fue generosa,
Y para Andrés que lleva trocitos de luna en los mechones de su pelo.


Amanece y la ilusión nos conduce gustosa.
Carretera, dos horas de autovía hasta la playa. Baja la ventanilla ¡Mira cómo huele! La sombrilla, las neveras, extendemos las toallas, mamá ponme ya la crema, toma tus gafas de bucear, desplegamos las hamacas, los niños ríen y chapotean en la orilla, nos sentamos y ahí está: rebosado y rebosante corazón ininteligible que se derrama a nuestros pies, todo alma líquida, toda la energía de su animalidad incomprensible diluida en el añil de un sueño tremendo: es el MAR y yo allí para no comprenderlo.
Ingenua, siempre ante él intento abarcarlo con un cuerpo tan escaso, me descubro a mí misma con la sed de bebérmelo por completo... Él me acoge en su seno de Dios en la tierra para mecerme en sus aguas y enseñarme la relatividad de todo lo que tengo. Me sumerjo y, con el suave va y ven de las olas cuando nado, creo que vuelo. Es todo lo azul que me deshace y me ofrece las líneas del horizonte, la perspectiva, la libertad para unos ojos ciegos.

Luego, al caer la tarde, estrellitas líquidas salpican la superficie y es la hora de dar marcha atrás y regresar tierra adentro con la añoranza del mar, esa herida que me irá creciendo.

lunes, 12 de julio de 2010

Dani Jarque siempre con nosotros.

De todos los jugadores, que salieron ayer al campo de Johannesburgo, hubo uno (quizás más) que se consagró en silencio a un único deseo: ser él el que marcara, al menos, un gol que hiciera posible la consecución de su ofrenda.
Y quisieron los Dioses, pese a la infernal estrategia holandesa, que el que había escrito el nombre del amigo desaparecido en su camiseta interior pudiera mostrarlo segundos antes de que el resto de sus compañeros lo sepultaran bajo los abrazos.
Todos excepto Iker Casillas, que lloraba lejos de aquella masa de celebración cuyo epicentro era Iniesta. Y sus lágrimas que no encontraban pañuelo, ni regazo, ni otro cuerpo, se limitaron a ir empapando sus guantes, los mismos que habían abortado decenas de tantos en ese momento supieron acoger el llanto de un verdadero triunfador.
Cuanta humanidad en ese llanto... en esa camiseta ( imagino a los padres de Dani Jarque )...en aquel campo...El balón llegó a convertirse en nuestro corazón por el cesped rodando y cuando entró en las redes fue la maravilla de un mundo unido por el mismo canto.
Ayer descubrí que me gusta el fútbol y mucho. Así, sí.

viernes, 9 de julio de 2010

Raíces aéreas

Algunas de las plantas del interior de mi casa tienen raíces aéreas. Al principio surgen como tímidos brotecillos que, poco a poco, van alargándose. Paracen buscar asidero, trepan por las paredes y se meten entre nuestra ropa (la que colgamos de la percha de la entrada). Cuelgan por el hueco de la escalera como estilizadas formas de una ceguera que no se cansara de indagar.
Podría cortar aquí y allá para no tener que desliárlas cada vez que cojo algo de la percha, pero no lo hago porque las miro y me veo en ellas, yo también busco las substancias que puedan nutrirme y me estiro y me alargo y, a veces, me doy cuenta de que en realidad camino, como ellas, a ciegas.
No puedo cortarlas, no, tengo que aprender de su obstinación, de esa perseverancia que las guía y aunque no encuentren lo qué buscan, no se retraen ni se hacen pequeñas, porfían en lo qué quieren, en lo qué les da la vida y siguen desarrollándose, creciendo en el aire en busca del sueño de su tierra. Verlas así me lo recuerda y para no olvidar mi propia naturaleza, las dejo que crezcan.

martes, 6 de julio de 2010

Cuando las líneas se cruzan

Para Alejandro Múñoz, tocado por una irrealidad tan real como la mia.



Pensé "No puede ser", pero estaba bastante claro, en el letrero de la puerta de rehabilitación podía leerse con total claridad: "Consulta de la Dra Haro".
¿Era que el universo se había confabulado con su cadena de coincidencias irremediables para hacerme continuar mi relato? ¿Era sólo una casualidad que, de entre las miles de posibilidades existentes coincidiera el nombre de aquella profesional con el nombre de mi personaje? ¿Una señal? ¿El destino? No sé qué podría haber sucedido pero yo me senté justo delante de una puerta en la que figuraba el mismo apellido con el que bauticé, hacía meses, a una de mis protagonistas, a mi Silvia Haro, habitante de un relato inconcluso cuya energía ,no sólo me bulle por dentro con su potencial de autodestrucción, sino que se las había ingeniado para llegar hasta la consulta del hospital y plantarme ese apellido, inusual y nada común, delante de mis narices, dejándome sin armas.
Quizás no existía esa tal Doctora, quizás fue Silvia la que trastocó el cartel antes de que nosotros llegáramos. Burló la vigilancia, o puede que hasta se hiciera pasar por una de las nuevas enfermeras y en un descuido dio el cambiazo, consciente de que yo estaba fuera aparcando y no tardaría en llegar. Ella, que sobrevive en un borrador atrapada entre tachaduras, anotaciones laterales, signos de exclamación, párrafos subrayados y párrafos omitidos con una contundente línea trasversal, todo embarruntado con una caligrafía desigual... La misma Silvia Haro que escuchando el "soave si al vento" de Mozart saborea bombones rellenos de crema, debe de estar hastiada de esta situación y reclama ya, de una vez, páginas limpias y definitivas en las que poder desenvolverse por completo hasta la interpretación de un lector que le otorgue la plenitud de su vida.
Sí, fue ella, de eso ya no me cabía duda y cuando leí el letrero y logré salir de mi perplejidad, comprendí su dolor.
La comprendí tanto que he vuelto a ese temible borrador. Y he sabido que el padecimiento en el que habita un personaje dentro de una historia sin terminar es una línea difusa que , a veces, se cruza con mi propio miedo a la hora de ponerme a escribir.

sábado, 3 de julio de 2010

De un corazón humano sin su sueño

A primera vista lo más impresionante , en aquella sala del museo, era el corazón de la ballena azul que rondaba la tonelada de peso. Lucía inmenso y monumental contrastando con el resto de los corazones mucho más pequeños, que parecían disminuidos satélites gravitando a su alrededor, cada uno en su vidriera. Los había de reptiles, de aves y de otros mamíferos como el corazón humano.
Una niña pegó su nariz contra el cristal que contenía el inmenso órgano del cetáceo. ¿Es de verdad o es de plástico? Le preguntó a su acompañante. Horrorizada yo contesté al mismo tiempo que aquella señora "Es de verdad" y desvié la mirada hacia el corazón humano. Me fijé en las arterias seccionadas, algunas del diámetro de un dedo, en los flecos de tejido finísimo adheridos a las aurículas y flotando en el formol como restos espantados de un pasado. Era un corazón como el mio, como el de mi marido, como el de mis hijos. Era un corazón que habría latido más deprisa al sentir el temblor de la adrenalina de un beso, de las primeras caricias, la taquicardia al ver de improviso a la persona de la que se está enamorado, el desorden de su ritmo a manos del desenfreno, la cuna del descanso, el reposo y el agotamiento. Un corazón de alguien que tuvo un cuerpo y una vida, que amó y lloró, quizás gestó criaturas y moldeó sueños, ese corazón flotando en la solución acuosa de una vitrina que lo mantiene a salvo de nuestra incredulidad, la que no se detiene a pensar que llevamos uno igual dentro de nuestro pecho.

jueves, 1 de julio de 2010

Oración por Gabriel García Márquez

El padre de Florentino Ariza, que lo crió y lo cuidó entre las páginas de "El amor en los tiempos del cólera" hasta que se hizo un muchacho, se entregó a la pasión de arder por el aire de la presencia de Fermina Daza y llegó a comprender como el amor es un fin en sí mismo y supo ahondar en la gratificación espiritual de esa agitación durante más de medio siglo, el autor de la saga de los Buendía condenados a vivir en soledad como todos lo estamos, el escritor que esperó treinta años a que muriera la madre de su amigo antes de contar su historia en "Crónica de una muerte anunciada", porque narraba en ella la escalofriante sucesión de circunstancias que llevaron a la muerte hasta la casa de esa mujer, que le cerró la puerta a su propio hijo creyendo que así lo protegía, el infinito universo poblado de estrellas que ha iluminado con sus libros nuestra oscura naturaleza, el gigante Gabriel García Márquez está agonizando.
Antes de retirarse de la vida pública se ha dirigido a sus amigos con una carta de despedida en la que, moribundo, ensalza la vida como esos pájaros que ,con hermosos y turbadores trinos, cantan justo antes de morir. En ella habla como si sus palabras fueran flores blancas que pudieran anidar en nuestros corazones.
Si Dios puede escucharme(precisamente a mí)le pediría que no deje que sufra en su último vuelo nuestro querido maestro. Así que, cierro los ojos y yo que no sé hacerlo, si es preciso aprenderé a rezar para que se escuche mi ruego.
 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License