jueves, 28 de octubre de 2010

Las semillas de un gesto

Hay gestos que llegan a nuestras vidas como esas gotas que caen sobre el agua dibujando hondas que se propagan, agitan la superficie y, aunque segundos después todo vuelva a la calma, algo ha pasado, algo cambia.
En La sabiduría de Sancho han tenido conmigo uno de esos gestos y con él han conseguido que esa sensación tan mía de que lo que escribo se diluye en el agua ( que no tiene en realidad un referente, que no llegará nunca a nada) torne su signo y anide en mí como una semilla con la que no contaba.
Esta semilla ha comenzado a echar raíces, son las raíces de la certidumbre, de que las palabras tienen una vida propia cuando salen de mí y son capaces de viajar muy lejos y verse reflejadas en otros espejos.

Qué privilegio poder dar las gracias por lo que se ha recibido cuando además, como es mi caso, se recibe lo inesperado. Así ha sido de la mano de: Anna, Maria Jesús, Dilaida y Aro, entre otros muchos a los que quisiera mostrar mi agradecimiento por el gesto repleto de semillas que en mí han sembrado.

lunes, 25 de octubre de 2010

La alegría de los árboles

Yo quiero para vivir la alegría de los árboles, que el viento me dé la voz al correr entre las ramas cargadas de verdes imágenes.
Dejar caer mis hojas, sin pena y sin lastres.
Pasar del esmeralda al ocre y agotar todas las tonalidades, en un espectáculo reventado por el color de madurar a base de saber matizarse. Después de un anaranjado un ocre hipnotizante, la generosidad de tanta belleza amarilla, por los suelos y en las calles.
Yo quiero para vivir la alegría de los árboles y cuando llegue el hacha, que ha de talarme, ofrecerle sin miedo la calidad de mi carne para que se transforme en mueble, en silla donde poder sentarse, para que se transforme en papel en el que escribir pueda alguien o el niño con sus lápices dibuje paisajes, una casa, montañas y muchos árboles.

jueves, 21 de octubre de 2010

Soledad dispersa

A veces, en el cielo de mi ventana surgen inesperadas bandadas de pájaros. Vuelan muy juntos dibujando hondas de puntitos oscuros y de pronto, se dispersan y con ese giro de sus cuerpecillos desordenan mi soledad. Es entonces cuando yo también echo a volar y los persigo por el aire.

jueves, 14 de octubre de 2010

Mientras cosía

Si alguna melodía quedó grabada en la memoria auditiva de Amelía esa fue la sintonía del consultorio sentimental de Elena Francis. Al dar las cinco de la tarde su madre conectaba la radio. Organizaba las tareas para no tener nada que hacer durante esos minutos a excepción de repasar un botón o meter un dobladillo. Con los embriagadores acordes de la cabecera del programa sentía cómo su ánimo se iba aflojando y era ya un algo liviano, sin dueño, sin voluntad, conducido por esa melancolía a la deriva de sus tormentosas historias. Amelía hacía caligrafía o dibujaba. Le gustaba estar al lado de su madre mientras cosía porque de esa manera de doblar el tejido y apoyarlo sobre la rodilla para hilvanar dando puntadas largas, muy concentrada en lo qué hacía, en silencio, rezumaba una paz intensa. Sólo se oía el ritmo de los metales, el cuerpecillo de la aguja contra los hoyuelos del dedal. A menudo presenciaba cómo su madre tiraba de la aguja con lentitud, el hilo iba creciendo con el prodigio de la mano arácnida que se detenía, dejando en suspenso la aguja, el dedal, el hilo tenso, todos espectantes a la narración radiofónica. Entonces, fijaba la mirada en un punto cualquiera, sin ver, los ojos se le aguaban, la hebra comenzaba a temblar hasta que volvía a su recorrido entre la tela. Amelía sabía que segundos más tarde su madre se pinchaba, así que permanecía atenta para salir corriendo y chuparle la sangre del dedo aprovechando para abrazarla.

lunes, 11 de octubre de 2010

Miradas

Para Clochard que gusta de mirar como forma de vivir el mundo. Muchas Felicidades.

"Las alas del deseo no se despliegan sobre nuestros hombros sino en nuestras pupilas" Antonio Múñoz Molina.


Hay miradas elocuentes como párrafos extensos o vacías de color, de emoción y de entendimiento.
Miradas complices cifradas en códigos que sólo dos conocen, duran décimas de segundo pero son más que suficientes para desatar los lazos con los que se anuda, en el reposo, el deseo.
Miradas que se abren como ventanas a mundos interiores profundos, tumultuosos o remansados como aguas tranquilas de comprensión y empatia compuestos.
Hay miradas agradecidas que son incapaces de articular verbalmente su sentimiento, sólo te miran y guardan silencio.
Miradas sin alma y a no ser porque ves como ese cuerpo se mueve jurarías que no hay nadie dentro.
Miradas condenadas en la perspectiva limitada de los prejuicios.
Miradas de rencor estancado acompañadas por un tono de voz tan aspero como despectivo.
Hay miradas detenidas en el último instante, nadie te avisa pero al contemplarlas sientes que tu alma está hecha de carne, un trozo te arrancan y se lo llevan para siempre esos mismos ojos que ya no podrán volver a mirarte.
Miradas con caricia, miradas que gusto mantener, entran en ti, te mecen y te arropan como sólo acogen las alas de los ángeles en el cielo.
Miradas tentaculares que atraviesan salas abarrotadas de gente.
Miradas tensadas por la pasión, se les giran los ojos con el placer extremo y se quedan en blanco para mayor disfrute del que puede verlo.
Hay miradas limpias, nuevas, es de ellas de las que más se aprende y suelen poseerlas los niños que aún son niños.
Miradas con las semillas del odio y otras que van sembrando todo lo contrario.
Hay miradas que te llenan como si tú fueras una jarra y ellas agua fresca.
Miradas generosas que renglón a renglón leen lo qué tú antes ,atendiendo a una vocación ciega, has mirado.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Sin remedio

Sobre la misma tarta se van sumando las velas y vamos creciendo sin entenderlo. Hace muy poco estaba en un pupitre del colegio y ahora me siento en el patio y no comprendo cómo es que creció tanto el limonero. El tiempo es un vértigo, sin remedio. Me veo ya mismo muy vieja y arrugada echando de menos todo lo que hoy me parece nuevo.

lunes, 4 de octubre de 2010

Feel

Recuerdas cuando elevaste el volumen de ésta canción sabiendo que yo no me resistiría a la llamada del baile, ese embrujo que me recorre la sangre y me lleva y me arrastra... Aquel día te colocaste detrás de mí y mientrás bailabamos juntos me fuiste traduciendo la letra al oído tan bajito que tenías que acercarte mucho a mi cuello, mucho.
Estoy deseando de que llegues a casa y abras los regalos, de que pruebes la tarta y me la vuelvas a traducir al oído
 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License