viernes, 31 de diciembre de 2010

Alzaré mi copa

Comenzar un año, como escribir en la primera página de un diario, es un vértigo para mí. Las hojas están aún blancas de futuro y no sé con qué impresiones las iré completando. Eso mismo ocurre con los días plegados en el calendario, ahora intacto y pronto tan deshojado.
En estos días, leyendo a PRIMO LEVI, mis deseos se han convertido en algo que se da la vuelta y en lugar de propagarse hacía lo qué no se tiene, a lo qué se aspira o se añora, se han quedado en el aprecio de lo que me rodea y solo pido seguir así durante el año que se nos avecina.

De cualquier forma esta noche alzaré mi copa por cada uno de vosotros porqué os habéis convertido en una parte muy importante de mi vida.
Alzaré mi copa por un 2011 de amapolas y flores blancas.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pozos a mi alrededor.

Pozos a mi alrededor escavan tus palabras y no van despacio, les basta un solo segundo para dejarme arrinconada con esa energía asfixiante, espesa, malsana.
Y tu mirada... tu mirada aún los hace más profundos, como si fueran tus propios ojos los que escavaran, tenaces y con saña, los abismos que nos separan.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Religiosa

Aunque yo viva de forma contradictoria la Navidad me siento contagiada por la alegría con la que los niños adornan el árbol y ensayan con la flauta los villancicos de clase, por ejemplo. Hay otros aspectos que no me gustan nada, quizás algún día hable de ello.
He estado buscando algo bonito que ofreceros aquí pero la mayoría de las animaciones navideñas no se ajustan a eso, a mis contradicciones. Así que, he terminado eligiendo una melodía de Jesús Guridi cuyo colorido a mí me traspasa, me llega y me emociona siempre. Es un poeta de la música y con él os quiero desear una muy feliz y alegre Navidad

jueves, 23 de diciembre de 2010

23 de Diciembre de 1997

No sabes cuánto nos has enseñado desde el primer momento, desde que te vimos por primera vez, tan chico... y sigues cada día haciéndolo, sobre todo cuando discutimos y gritamos, aunque poco después tú siempre nos llamas para que antes de dormir te demos un beso y un abrazo. Creo que esos gestos nos mantienen unidos, a veces tan sólo por un hilo muy fino que casi se rompe pero que vuelve a fortalecerse con ese abrazo que tú, mejor que nadie, sabes que todos necesitamos.
Estamos deseando que veas los regalos. El paquete blandito ha sido idea de papá, él lo ha perseguido hasta encontrarlo y cuando ya lo teníamos dijo:" Bien!!!!"y cerró los puños con fuerza como si hubiera metido una canasta de esas fantásticas (¿Aliú le llamáis?). Y tu hermano ha guardado el secreto hasta cuando tú anoche estabas tan seguro de saberlo todo. El paquete rígido es de tu autor favorito, qué ganas tengo de que lo veas...

Hoy es un día muy especial cariño, haré tarta de queso.

Feliz, feliz, feliz cumpleaños chiqui.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Asfixia visual

La poda: desolación del cielo y de los árboles, desolación de mis ojos sin sus ramas...
Asfixia visual, como si se hubieran llevado con las hojas, todo el aire.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Certificada

Cuando mañana escribas la carta, cuando la metamos en el sobre y le pongamos los sellos, cuando vayamos a correos y te asegures de que ha entrado bien en el buzón... será como si con ella enviaras toda tu inocencia porque sé que ésta es la última carta que le escribes a los Reyes Magos.
Me has hecho tantas preguntas sobre ellos que a mi coherencia le cuesta mantenerse medianamente a flote. Tú ya sabes que los Reyes que visitan el colegio en Navidad son los ayudantes de los Reyes auténticos, sin embargo nunca has comprendido que, sacando las notas que sacas y comportándote como te comportas, a tus amigos les traigan la play3 y a ti y a tu hermano no hayan podido regalaros cosas que ni siquiera cuestan la mitad. ¿Cómo es que no pueden, si son magos mamá? Algo pasa. Hace unos días en el hipermercado mirabas los carros y no me decías nada , yo te veía muy serio observando como la gente los cargaba, legos, peluches, barbies, gormities, castillos, piezas, videojuegos...hasta que me miraste desde la mágia de tus nueve años, desde sus murallas asediadas por tanta incongruencia y me preguntaste por qué la gente compraba tantos juguetes.
Aún así tú sigues pensando que tienes que escribirla y lo harás esforzándote con la letra, para que entiendan bien qué es lo que quieres y vean cuánto has progresado. Tienes pensado incluso darles las gracias por lo que hicieron el año pasado cuando les pedías que nevara y nevó, con un día de retraso, pero nevó.
Mañana después de desayunar nos sentaremos a la mesa de la cocina para escribirla. Estaré contigo cariño y aunque me duela te ayudaré a escribir tu inocencia, a doblarla y a meterla en un sobre. Creo que ,esta vez, deberíamos certificarla para que no se pierda.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Una presencia, el abuelo y la caja roja

Tres son los recuerdos que más color tienen en mi memoria: una presencia, el abuelo y la caja roja.
Mi infancia es el recuerdo de una presencia en la casa, de esa voz que siempre me respondía si la llamaba, la mano que cosía con tanta calma, el poder balsámico que sólo su aroma personal generaba, ese olor indescriptible que anidaba en su pecho, en su cuello y en su cara y al darme un beso, cada noche después de arroparme, resbalaba junto al tintineo de su medalla por el camino de la cadena que Ella nunca se quitaba.
Recuerdo con nitidez el enfado de mi abuelo cuando le dije que el maestro no se creía que yo hubiera hecho aquel dibujo. El profesor miró despectivo mi cuaderno y sentenció: No puede ser, lo has calcado. El abuelo se enfureció pero continuó a mi lado cada tarde, mientras yo me afanaba con los lapices alpino, a los que a penas les sacaba punta para que no se gastaran. Él me observaba en silencio , si nuestros ojos se encontraban me sonreía desde un aprecio muy elocuente aunque no estuviera hecho de palabras. Me llevaba al campo con mis hermanos y un día nos enseñó el prodigio jugoso y reventado de color que encierra una granada madura. Al mismo tiempo que crujía en sus manos, la sangre del fruto se grababa en mi memoria de modo tan incisivo que aún puedo verla. El abuelo olía a piel madura, loción de afeitar y caramelos de menta y cuando él me ofrecía su mano para dar un paseo yo me sentía como bendecida por su gracia.
Mi infancia es una caja roja de lata, tenía dibujos de chinitas vestidas con quimonos y ataviadas con peinados exóticos que cruzaban puentes de madera. En la base exterior había una ilustración de una señora guapísima que sostenía algo. Unos niños muy bien vestidos y mejor peinados querían coger aquello que ella llevaba en las manos. En algún lugar ponía cola-cao. Mi madre utilizaba esa lata como costurero. Yo miraba y miraba hasta el hartazgo a esas chinas en las tardes interminables de aburrimiento materializado que poblaron mis primeros años. En ese sopor me preguntaba en qué mundo existirían madres tan simpáticas y niños con las rodillas tan limpias y sin las pupas que yo con mercromina siempre llevaba.
 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License