domingo, 12 de junio de 2011

La papelería de Pepito

Aunque ya haya desaparecido, me basta un solo gesto para evocar aquel lugar y rescatarlo de los limos de la memoria, para sentirme dentro, otra vez, de la papelería de Pepito. Empujo la puerta acristalada, pesa muy poco como si en lugar de madera estuviera hecha de hojas secas. Sus goznes cansinos avisan de mi presencia. Bajo los escalones y me sumerjo en el ambiente saturado por el aroma apetecido que despliegan los cuadernos nuevos. El gusto por ese olor lo he asociado siempre a escribir en la primera página de cualquiera de ellos, cuando tenía (y sigo teniendo) la sensación de aproximarme a su misterio con mi propia caligrafía.
Detrás del mostrador desgastado por el uso pulula Pepito, encorvado, escrutando el mundo acercándoselo todo hasta la nariz, junto a sus lentes gruesas que le agigantan los ojos como si los llevara dentro de dos peceras. Viste camisa gris, asolapada y sin forma. Paladea eses al hablar y, aún, sin decir ninguna palabra. Me resulta distante y antipático porque cuando le pido una goma abre alguno de aquellos espléndidos cajones y lo cierra demasiado rápido para lo que quisiera mi hedonismo infantil. Yo lo que en realidad quiero es saltar el mostrador, curiosear entre las estanterías atiborradas de libretas, acariciar el lomo ofrecido de los libros, probar todos los sacapuntas hasta dar con uno que saque punta realmente bien, oler muy despacio el compartimento de los borradores... Pero cuando ya he abierto una caja de lápices Alpino de treinta y seis tonalidades, una de esas cajas que no tengo y que tanto deseo, cuando ya me dispongo a observar a placer la gradación del color, los ojos nadadores de Pepito me descubren y me siguen mirando a través de los años, agigantados ,esta vez, por el enfoque nítido de la memoria.

10 comentarios:

Dyhego dijo...

BLIMUNDA:
Dicen que las mujeres soléis tener más memoria visual y olfativa. Lo demuestras, vaya.
Salu2.

Blimunda dijo...

Dyhego, si tú hubieras entrado en esa papelería con siete años a comprar una goma de Milan, de las de nata que aún eran más olorosas...seguro que lo recordarías igual.
Un abrazo
¿Te dije que la buganvilla brotó y está preciosa?

Tournesol dijo...

Ay!!! Mi querida Marisa, cuando paso por la calle Jardines siempre miro de reojillo el local solitario y ruinoso en el que un día estaba la papelería de Pepito. Qué bien la has descrito!!! con sus dos escalones para bajar al local, ese olor mezcla de papel y libros nuevos con madera carcomida de las estanterías y humedad de las paredes ¡parece que lo estoy oliendo! Y los cuentos de La ratita presumida, Caperucita o El sastrecillo valiente, que colgaba con alfileres de la ropa en una cuerda que tensaba de extremo a extremo del mostrador.
Estoy de acuerdo en lo que dices del “Papelero”, era un poquito huraño y antipático con los niños, estaba deseando de despacharnos, nunca mejor dicho, pues parecía que le molestaba nuestra presencia.
Un beso mi querida niña y que pases un feliz día.

lolo dijo...

Es verdad, las gomas estaban en un cajón que al abrirse nunca se dejaban ver del todo. Y también las cartulinas de colores, los sacapuntas... cien cajones alargados y finitos para guardar lo que durante años soñé en atesorar.
...
Qué maravilla de paseo hasta aquellla calle ancha y el empleado con bata azul que se llamaba... lo voy a intentar recuperar.

Gracias, Blimunda.

Blimunda dijo...

Ay Tournesol!!!!!!De los cuentos así colgados no me acordaba pero con lo que has dicho he recuperado esa imagen.
Estaba siempre deseando de que nos fueramos, sí, pero aquello era especial.
Besos y gracias por la caricia de tu comentario y por la ratita presumida así colgada.

Blimunda dijo...

Lolo,esa es la palabra "atesorar", sí,sí!!!! ese mismo era mi sueño al entrar allí...
Me gusta mucho reconocerme en una emoción infantil tuya.

Gracias a ti corazón.

Siete Soles dijo...

Por un momento me he sentido niño otra vez. Leer tu entrada me ha hecho recordar cómo me sentía dentro de esa papelería.

Gracias.

Blimunda dijo...

¿Te imaginas Siete Soles que hayamos coincidido de niños en La papelería de Pepito sin saber que serie de coincidencias futuras nos tenía guardadas la Vida?

Clochard dijo...

Querida Blimunda:

Ese rincón del mundo de nuestro pueblo en aquella época significa el paisaje en el que duerme la condena al olvido del divino aroma de los borradores, de los lápices de dos puntas, una azul y otra roja, y de los bolígrafos con los que estrenabamos la impecable primera hoja de un cuaderno.

Recuerdo a Pepito enfadado porque al Real Madrid, segun él, le habian robado el partido, y mirándonos por encima de sus gafas trataba de impartirnos doctrina merengue a los chavales, al tiempo que sellaba las quinielas con la ayuda de una esponja humedecida con el agua que tenia en una garrafa guardada bajoel mostrador.

Pepito sigue siendo grande gracias al recuerdo de los que fuimos los niños sin maldad que supimos ver en él a un mayor que nos parecia buena persona. Espero que ahora se encuentre en la gloria.

Besos, prosas y versos.

Blimunda dijo...

Clochard, vuelen tus palabras en este blog a falta de propio. Un día voy a publicar un comentario tuyo pero en la entrada, a lo Max Aub como a ti te gusta.

Aunque a mí Pepito no me molaba, mucho.El detalle de la esponjilla me ha gustado.
Besos corazón.

 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License