viernes, 8 de julio de 2011

Mi nombre

El destino de mi nombre es que alguien, que no me conoce, lo grabe sobre el mármol... Que el musgo después se lo coma. Hasta entonces, que vuele de tu boca como nube de alas extrañas cuando me abrazas por la espalda y lo pronuncias con un susurro para que solo en mi cuello se haga palabra, porque al nombrarme dejas tu voz sobre mi piel como una enredadera a la que le surgieran vertiginosas las hojas buscando como loca la savia del amor, esa estrella interna que solo dos cuerpos desatan.

2 comentarios:

Clochard dijo...

Querida Blimunda:

El destino de nuestros nombres se lo llevará el viento de boca en boca de mano del recuerdo, de hoja en hoja del brazo de los versos escritos y perpetuos que se reciten cuando ya no estemos para verlo, y allá donde reina la paz lo escucharemos todo bajo el silencio de la tranquilidad merecida y el sosiego que como recompensa nos tenía guardado el futuro del otro mundo después del trabajo bien hecho.

Mientras tanto, nuestros nombres son de fuego, de brisa viviente y fragancias que atesoran latidos de imaginación, de idas y vueltas, de las maravillosas tretas que damos para resistirnos a que nos gane el pulso la muerte.

Besos, prosas y versos.

Blimunda dijo...

Clochard, creo que te inspiro.
Me ha gustado mucho lo de que nuestros nombres sean de fuego.
Seguiré escribiendo, aunque solo sea para ver qué comentas tú.
Besos y mar.

 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License