miércoles, 21 de septiembre de 2011

La primera fascinación

...yo amo los mundos sutiles
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.

Antonio Machado


Sentí la primera fascinación estética a los dos o tres años. Recuerdo que mi madre trajinaba en el patio lavando la ropa. Las faldillas de la mesa recogidas sobre el tablero desnudaban sus patas chatas y el hueco redondo para el brasero. Entraba el sol en el comedor como un incendio blanco. Dentro y fuera de los cubos las sábanas arrollaban el agua. A ella se le ponían muy rojas las manos, pero no paraba hasta la saturación de los tendederos. Desde la ventana del comedor yo la veía haciendo en la pila y con las pinzas en el laberinto interminable de las camisas, los pantalones, las gasas, los baberos, calcetines, toallas... Escuchaba los chapoteos del aclarado y al mismo tiempo sentía una especie de paz ancha y clara porque ella estaba allí. Creo que esa calma propició que me ensimismara con adoración un día, cuando observé como en los chorros de la luz intensa danzaban minúsculas cosillas que caían o se elevaban lenta, muy lentamente.
Aún es para mí un deleite la sutilidad con la que simples motas de polvo van y vienen por el aire brillando al trasluz. Y en ese brillo, en esa fascinación vuelvo a sentirla cerca.

16 comentarios:

Eastriver dijo...

Hay cosas que dependen de la sensibilidad. No es necesario ser mayor para percibirla. Y ver a un niño descubriendo esa sensibilidad es fantástico. Quiere decir que ese crío va a ser amable para la vida, y la vida le será amable a él.

Dyhego dijo...

BLIMUNDA:
Nunca me hubiera imaginado que el polvillo en suspensión que se ve al trasluz fuese tan poético. La próxima vez que vea este fenómeno lo veré con otros ojos.
Salu2.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Ha sido siempre una de mis obsesiones, mirar a contraluz los rayos del sol traspasando el polvo.
Lo que nunca me haía imaginado que se pudiera describir tan bonito.
Felicidades, besos.

Blimunda dijo...

Creo Eastriver que la sensibilidad se moldea, se nutre, se va elaborando con el tiempo. En mi caso la paz que yo sentía al tener a mi madre siempre en casa me daba tanta seguridad que fue una especie de cimiento para seguir construyendo después.
La vida no me ha tratado mal, tengo algunas heridas pero muchas alegrías también.
Gracias por tu amabilidad.
Un abrazo.

Blimunda dijo...

Mira bien Dyhego, y a ser posible cuando estés muy tranquilo, sin alborotos, en el silencio de la casa vacía.
Y luego me cuentas.

Besos, flautista.

Blimunda dijo...

Miarma ¿A qué sí? ¿A que es chulo?. Yo me quedo atontada, maravillada y suelo volver a aquel comedor dónde lo ví por primera vez.

Gracias por tu generosidad.
Un beso para ti.

Clochard dijo...

Querida Blimunda:

Hace poco, leyendo a Rosa Montero, me acechó el recuerdo de aquel patio de nuestra infancia y se me ocurrió que la próxima vez que pase por el pueblo, que será el próximo mes de Enero, me gustaría visitar aquella casa. Rodar por sus habitaciones e invitar a sus nuevos dueños a que tomen una copa de vino con nosotros. La proposición les va a resultar un tanto extraña. Esperemos que se despierte en ellos la bondad que todos llevamos dentro y nos digan que si. ¿Qué te parece la idea?. Parece que hemos pensado en lo mismo.

Esas motas de polvo eran parte del entretenimiento de mi observación. Has dado en el clavo una vez más con la belleza. GRACIAS.

Besos, prosas y versos.

Blimunda dijo...

Clochard, a menudo paso por la puerta del número sesenta de nuestra calle, cerca vive mi amiga Almudena. A veces casi detengo el coche justo delante y siempre les digo a los niños que ahí vivía yo de pequeña. Mi habitación estaba empapelada de flores anaranjadas muy grandes y el colchón era de lana antigua. El patio era nuestro reino del verano cuando veíamos la tele a través de la ventana y jugágamos partidas interminables de parchis y de cartas con el abuelo Enrique. Pero no estoy segura de querer entrar ahora. Me gusta volver a ella tal y cómo era, quizás ver en lo que se ha convertido no me gustaría mucho.
Pero lo voy a pensar.

Cuídate mucho, mucho.
Besos y versos.

Tournesol dijo...

No recuerdo si mi primera fascinación tuvo o no que ver con esas pequeñas motitas. Lo que si se ha desperatado de mis rercuerdos, ha sido esa Paz que tu denominas como ancha y clara, ese sentimiento de seguridad por estar junto a mi madre.
Una vez más me he emocionado con esa escena del patio y esta vez si que he sentido fascinación.
Muchos besos, se que te encuentras bien pero cuidate mucho.

Blimunda dijo...

Tournesol, sabía que tú también venías de esa anchura y de esa claridad y que eso mismo es lo que has querido darles a tus hijos. Y me alegra compartirlo contigo.
Gracias por tu lectura, tan emotiva y cercana.
Estoy bien, mañana me paso a las nueve y seguimos.
Besos.

ARO dijo...

Una hermosa manera de recordar a la madre y una maravillosa forma de contarlo.

Siete Soles dijo...

Es impresiónate como tus palabras traen a mi mente las imágenes de esos momentos.

Gracias por estos regalos.

Blimunda dijo...

Gracias Aro, muchas gracias.
Hay presencias que no agotan su energía nunca en nuestros interiores, mi madre es así para mí.
Un saludo.

Blimunda dijo...

Siete Soles, si una palabra mía es un regalo para ti soy yo la que recibe un verdadero regalo.

lolo dijo...

No puedo dejarte comentarios, no sé qué pasa...

Blimunda dijo...

lolo, yo tampoco sé qué puede ser lo qué pasa.
A veces ocurren estas cosas, esperemos que se solucione pronto.
Besos.

 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License