viernes, 27 de mayo de 2011

Amapolas en los labios

Amapolas táctiles acuden
cuando me pinto los labios
y como hace con las semillas el viento
yo por tu cuello las esparzo,
por tu cuello y por tu torso:
alto, fiero, amurallado.
Mientras, tú calibras el deseo
con los dedos, muy despacio
y por un momento cierras los ojos
para contener todas las hojas del árbol,
cuando el viento soy yo misma
y en mi pelo hundes las manos,
cuando ya todo tu cuerpo
es ancho como el campo
salpicado de las amapolas
que sobre tu piel
van sembrando mis labios.

lunes, 23 de mayo de 2011

Manos de hombre y corazón de árbol

Cuando hoy he despertado he sentido la luz como algo duro y denso, algo muy pesado. He sentido la mañana como una losa que se repetirá a lo largo de los próximos cuatro años.
Sé que para ti este túnel será más largo. Tú que tienes manos de hombre y corazón de árbol.
Pero tu empresa no es la del escarabajo, siendo como eres todo olmo, un extraordinario álamo. Así te han visto tus hijos durante estos últimos meses, trabajando.
Así te he visto yo: alto y centenario.
No nos quitarán la alegría porque para el sueño de tus raíces yo seré tu tierra, tu sustrato abonado. El sol ya te sobra por dentro y sabemos esperar como solo esperan el libro y el árbol.

jueves, 19 de mayo de 2011

Vosotros

Antes tenía la sensación de que lo que escribía estaba hecho de una especie de materia soluble que nada más llegar al papel se diluía, se evaporaba, desaparecía. Desde esa emoción dí nombre a mi blog escogiendo el título de una de las prosas poéticas de Cernuda.
Pero con la experiencia de este año, que hoy se cumple, el agua ha dejado de ser una substancia desleída. Ahora, más bien, es un elemento transportador. Mi actitud ha cambiado, en este cuaderno las palabras no se disuelven como lo hacían en mi cajón, porque en el blog os he encontrado a vosotros: muchas veces ángeles y siempre lectores.
Hoy soplo mi primera vela, con ilusión infantil y con todo mi agradecimiento.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Qué gusto

Qué gusto fregar los platos por la mañana mientras la luz del sol se mezcla con el agua y me detengo a mirar, como si leyera, la floración incipiente de los cactus de la ventana.
Qué gusto la casa vacía y un pedazo de tiempo para mi lápiz, el café en el porche, los cantos alborotados y gozosos de los pajarillos invitados al banquete de la luz y de las ramas de los árboles. El cielo entonces presta su azul a mis ensoñaciones, el tañido de las campanas en barcas sonoras me las trae el aire.
Qué gusto la piel aterciopelada de las rosas y beber de su aroma como de una fuente pura, bendita, impagable.
Qué gusto sentirse vivo en lo mínimo y traerlo al cuaderno como si las palabras tuvieran la cualidad de las manos, que eligen y se demoran sobre lo que merece la pena ser tocado.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Qué difícil elegir un color.

Qué difícil elegir un color cuando se prefieren los colores. Cuando se adora el sosiego que trae el cielo, sugerente como una tela recién tratada para pintar o escribir en el aire. Cuando en la contemplación de los geranios hay una paz encendida, el rojo reventón, el fucsia, el rosa apaciguado; todos cantándole a la mirada, todos celebrando la vida.
Pero si eligiera el celeste o el carmesí, qué haría con la llama del magenta, del anaranjado, de mi inclinación natural hacia el violeta. Qué haría con el amarillo y sus grititos de alegría, los que duermen en el corazón de la amiga. Cómo prescindir del nido de un abrazo, ese color tan blanco, del caleidoscopio de una boca que en los besos engendra todos los matices imaginados.
Y cuando se cierra alguna puerta, se abren de par en par las puertas del campo. Es el reino de lo verde, y en lo verde el misterio de lo vivo, del pájaro, del árbol.

domingo, 1 de mayo de 2011

Quizás, madre.

Dejar un ramo de flores sobre la piel helada del mármol no se parece en nada a darte un abrazo. Las he puesto con cuidado y te has quedado tan callada...
Nunca me duele más tu ausencia que este día. Hoy que te llevo flores, que no verás.
Sé que tampoco puedes olerlas, ni siquiera este ramo hecho con rosas envueltas en melodías de aroma. Pero las palabras, desde dónde yo las siento, quizás también las sientas.
Quizás, madre, y por eso lo escribo como todo lo que me atormenta.
 
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