miércoles, 20 de julio de 2011

En el alambique

Sentirme sola a tu lado es de todas las soledades la única que contiene veneno, destilado. Se transforma ésta casa en un recipiente, raro. Nuestra cama un serpentín tan eficaz que como dos anclas pesadas siento tus brazos. No pueden traer peor puñal tus manos, si envenenada de tu ausencia vivo, a tu lado.

lunes, 18 de julio de 2011

Al otro lado del puente

Supe que pronto dejarías de dormir con tu osito cuando, hace unos días, te negaste a darme la mano por la calle. Parece que hubieras estado encajando las piezas de tu infancia. Primero fue el ratoncito Pérez que destronó, por la inercia de la semejanza, a los Reyes Magos. Luego llegaron los besos fugaces a la puerta del colegio y tu negativa a que me aproximara a la verja de la entrada. Pasaste también a hacer gestos, algo así como poses, ante el espejo del baño. Comienzas a interesarte por tu ropa... Es el puente de los nueve años que te ha llevado de poner con nerviosismo un diente debajo de la almohada a preguntarme (planteándolo en forma de dilema como todo lo que te importa) que qué hacías con tu osito si lo quieres mucho pero ya te vas haciendo mayor. Te tranquilizó mi idea de darle un tiempo, de que continuaras durmiendo con él algunos días más hasta que decidas dejarlo sobre la mesilla de noche, por ejemplo. Cerraste los ojos y apretaste los labios afirmando con la cabeza. También te dije que no te preocuparas, que el osito lo comprendería.
Estoy segura de que él sabrá quedarse al otro lado del puente. Papá y yo seguiremos aún contigo un rato.

jueves, 14 de julio de 2011

Las olas

A veces, llevo dentro tantas estrellas que tengo que abrirles la puerta. Sé que muchas no brillan aunque me devoren con su fuerza. Me ocurre delante del mar y con las cosas pequeñas, cuando bailo, cuando el cuerpo no me basta para contener las olas detrás del picaporte, presas.

viernes, 8 de julio de 2011

Mi nombre

El destino de mi nombre es que alguien, que no me conoce, lo grabe sobre el mármol... Que el musgo después se lo coma. Hasta entonces, que vuele de tu boca como nube de alas extrañas cuando me abrazas por la espalda y lo pronuncias con un susurro para que solo en mi cuello se haga palabra, porque al nombrarme dejas tu voz sobre mi piel como una enredadera a la que le surgieran vertiginosas las hojas buscando como loca la savia del amor, esa estrella interna que solo dos cuerpos desatan.

viernes, 1 de julio de 2011

Me duele dentro

Me duele dentro del pecho este Amor porque no puedo dártelo. Se me rebulle entre las costillas como una gaviota que hubieran enjaulado. Este Amor que solo vuela en el azul de tu piel cuando es tu mirada la que dibuja sobre mí la línea libre del horizonte, sin el cerrojo de los reproches, sin candados, sin barrotes.
 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License