miércoles, 31 de agosto de 2011

En lo azul


Como una jarra vacía con la mirada arrimo mi boca.
La anemia visual ,que tierra adentro padecen mis ojos, en la serenidad de tu línea horizontal encuentra reposo, se nutre, se calma.
Y ya solo quiero mirar: es la voluntad en las pupilas...y con hambre de color me entrego, corazón líquido latiendo en lo azul y con lo azul de todo lo profundo, a contemplarte.

viernes, 19 de agosto de 2011

Dos mares

Dos mares frente a frente.
El uno un mar sin cuerpo,
todo alma azul;
el otro un mar humano,
encerrado en su carne
solitaria y violenta (...)

Manuel Altolaguirre


Ante ti lo entiendo. Entiendo mi condición de caligrafía desleída en una hoja mojada. Mis palabras, como mi existencia, se la llevará el agua y me abismo al contemplarte, furiosas olas rompen en mi costa aunque tu playa muestre un remanso de paz y espumas blancas.


domingo, 14 de agosto de 2011

Del arte de vagar por el mundo o llamarse Clochard

Como el viajero accidental de Anne Tyler viaja solo con lo imprescindible, ha sabido desprenderse del peso inabarcable que ponen en nuestras vidas las cosas. Va por el mundo con los ojos abiertos, la conciencia acariciando el detalle, el matiz, el paisaje, conversando con los licenciados que venden libros en las calles, dejando girones de piel en los rincones de Sevilla, Gerona, Murcia, Santander... Se vuelca en su trabajo con el alma encendida. No hay maitre más literario que Clochard porque es un loco, un poeta, un volado, un vagabundo de mundos que no se contenta con imaginar, que los busca, que los persigue y continua caminando aunque sea sin zapatos, sin un duro en el bolsillo pero con la cabeza bien llena de pájaros que son, al fin y al cabo, los que le dan de comer a ese corazón apaleado, al mismo que palpita y sangra en cada verso, en cada entrada-comentario.
Enséñame, querido Clochard, a ir por el mundo con algunos libros, la ropa justa, un cuaderno, la bolsa de aseo y un par de alas como las tuyas.

viernes, 5 de agosto de 2011

Quotidie morimur

Cada noche después de cerrar el libro y apagar la luz, cuando nos damos el último beso, aún con tu mano en mi mano, me quedo sola porque a tu proximidad, a la dulzura del abandono, a la rendición ante el cansancio se une, siempre y sin faltar a la cita, la angustia abismada de un día más y el horizonte más cercano, la sensación física de tocar por unos segundos lo irremediable. Entonces tu mano se afloja en mi mano: ya duermes. Creo que sentirte así me ayuda a regresar. Todo está oscuro pero yo salgo de mi oscuridad, y sin darme cuenta me quedo dormida y vuelvo a despertar.

lunes, 1 de agosto de 2011

Veintiocho de Julio

Juan, hoy hace diez años que, al levantarme por la mañana muy temprano, supe que habías decidido nacer. Se lo dije a papá y lo preparamos todo para ir al hospital. Teníamos que dejar al hermano con la abuela y poner en marcha el plan que le habíamos estado explicando casi a diario. Pero cuando ya estaba todo listo decidimos esperar porque tú estabas tranquilo todavía dentro de mi barriga, esa sandía gigantesca en la que ya debía de faltarte el espacio.
Yo sabía que ya nunca más volvería a estar embarazada, era mi último día de llevarte dentro y me dio mucha pena porque cada movimiento tuyo para mí era como sentir en mi interior una alegría que se removía. Por otra parte, quería verte la cara y las manos tan chicas. Así que, intenté despedirme de mi sandía, al tumbarme para echar la siesta me abracé a ella, qué barrigota tan grande me pusiste... aunque, a mí me daba igual, me gustaba acariciarla y siempre que lo hacía pensaba que ya te tenía en brazos y así, queriéndote mucho igual que ahora cuando por las noches nos damos besos y no quieres soltarme, cerré los ojos y nos quedamos dormidos los dos. Al despertar tú ya pensabas otra cosa y hubo que poner en practica el famoso plan.
Todo fue muy rápido. Cuando la matrona (esta es la señora que ayuda a las madres a que nazcan sus hijos) te sostuvo en una de sus manos, sentí la realidad de lo que había llevado conmigo, como si de pronto comprendiera algo que me había estado pasando durante nueve meses.
Y ya te tenía fuera de mí para que crecieras y jugaras, para darte besos y abrazos, para quererte toda la vida.
 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License