lunes, 31 de octubre de 2011

Tu fotografía

De todos los lugares a los que podría llevarte flores, voy a elegir el jarrón de tu fotografía.
No termino de entender cómo es que los hombres te han encerrado entre losas de piedra, más bien creo que habitas el espacio de tu retrato, ese en el que sonreías. Es como si en tu imagen se hubiera resguardado tu alma y cuando te miro siento tu mirada, viva.

lunes, 24 de octubre de 2011

Déjame con mis pecados

Después de cruzarme las manos déjame dónde haya un árbol.
Aunque no pueda escucharla a mi cuerpo le llegará la resonancia de los pájaros.
Hasta mis oídos rotos llegará, llegará a mis pecados como pule y suaviza el agua del mar los más bastos guijarros.

sábado, 15 de octubre de 2011

El ave del deseo

A veces ocurre que el ave del deseo, aunque vuele alto, vuelve a dormir en los mismos brazos.
Tiene su nido y un cielo no exento de encantos, pero como el halcón regresa a comer de la misma mano y entre todos los cuerpos solo se contenta con uno de los regazos, con unos ojos, con unos labios, con la tranquilidad geométrica y perfecta de dormir a su lado.
Allí se acurruca, todavía joven como si no lo hubiéramos gastado, pese a contar ya juntos veintidós años.

lunes, 10 de octubre de 2011

A las doce

El lugar en el que vivo todavía mantiene su campanario. Desde que estoy aquí he recuperado de la campanada grave en el aire, su significado. Tocan a misa los domingos y, muy de tarde en tarde, tocan a muerto.
Marcan las horas con la disciplina inagotable del tiempo, inflamando la atmósfera de un encanto rural que casi habíamos olvidado y ya no sabíamos descifrar.
A las doce de la mañana pintan con su majestad el cielo, vibrantes de una en una, alegres de echar a volar con cada tañido como pájaros sonoros que escaparan de las jaulas del silencio.
Es entonces cuando les abro las ventanas del salón para que pasen al corazón de la casa y minutos después de que ellas callen, aún se mantienen entre las cosas sus alas.

sábado, 1 de octubre de 2011

Todas las puertas

No sé si me echas de menos, yo a ti algunas veces sí.
Por desgracia no puedo llegar a ti, ni contarte los dedos de las manos, ni quejarme porque no me dejes dormir.
He dudado mucho si debía escribirte o no, sobre todo porque hay alguien que puede sentir estas ideas como tijeras obstinadas sobre si mismo. Que me perdone él también si con mi herida sangra su pecho.
Te escribo arrimándome a vértices que se me escapan pero en los que convergemos: tú sin tu vida y yo con una cuna vacía y perdida en el tiempo.
Te escribo asintiendo con la cabeza, porque cómo podrías abrir tú una sola de las puertas cuando te las han cerrado con todas las llaves del universo.
Te escribo como se reza, en silencio y sin testigos, frente a frente, a boca de jarro ante el misterio.
Pero con todo, creo que esta carta es solo un triste intento, como un barco de papel que soñara con un timón y un puerto.
No sé si me echas de menos, yo a ti algunas veces sí.
 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License