lunes, 20 de febrero de 2012

Los fuegos del hielo

El frío ha quemado el jardín como si durante las madrugadas el hielo hubiera estado sobre las plantas, ardiendo.
Especies que, con un poco de suerte, hubiesen sobrevivido a los cuchillos del invierno, ahora están muertas.
Les hirió la escarcha su corazón verde.
Y mientras voy cortando tallos lacios y resecos la culpa se ocupa de mí en silencio: un buen jardinero no deja a sus hijos desnudos en mitad de la noche helada y de hierro.

martes, 14 de febrero de 2012

Anónimo

Yo una vez escribí un anónimo. Quiero decir que tenía catorce años y me declaré en un papel escrito a máquina, guardado dentro de un sobre en el que podía leerse "Anónimo".
El destinatario lo leyó en clase. Se sentaba a mi izquierda. De reojo vi como metía la mano en su mochila y sacaba mis palabras ardientes.
He olvidado por completo el contenido de aquella carta pero nunca podré olvidar lo qué descubrí, porque en ese momento, mientras de soslayo veía como él se extrañaba de encontrar un sobre así entre sus cuadernos, mientras lo abría y pasaba sus ojos por mi enamoramiento mal explicitado en letra mecanografiada...descubrí que la sangre puede convertirse en un caballo a galope tendido aunque tú estés muy quieto sentado en un pupitre, o en cualquier otro lugar y temas, con un horror maravilloso, que te va a faltar corazón para tanto...para tanto amor.

viernes, 10 de febrero de 2012

Antes

Para escribir me basta con una ventana, ni siquiera un lápiz o un trozo de papel me harían falta porque antes de que la sintaxis objetive la idea o la caligrafía termine de plasmarla, antes, está la mirada.

martes, 7 de febrero de 2012

Del crochet y su metafisica

Siempre me digo, esta es la última vuelta, pero al llegar al final comienzo la siguiente con la misma idea, estirando un poco más la tregua. Echo hebra, meto aguja y crece la serie entre los dedos del mismo modo que crecen mis pensamientos. Ellos son los que se agrupan en mi mente como lo hace en el filo el punto medio, van encontrando cauce y solución como construye la aguja de entre el hilo, escurridizo e informe, un punto alto doble y otro, y otro más.
Las puntadas ponen orden en mi cabeza como si mis ocurrencias fueran la lana y la aguja entrara y saliera con ella formando sucesiones laboriosas y limpias de cadenetas de una prenda, en la que soy yo la que va enredada y, a veces, se desenreda.
 
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Escrito en el agua by Marisa T. Gracia is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License