martes, 29 de julio de 2014

Dos mil cuatrocientos kilómetros

No te dejé ninguna señal.
No fui dejando un rastro de velas encendidas para que tú me siguieras.
No te avisé ni fui a despedirme donde crece el musgo sobre tu nombre, pero  me has encontrado a dos mil cuatrocientos kilómetros de distancia.
Debe de ser el camino de las almas.
 
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